Las fotografías se pierden en las mudanzas. Mi madre hizo entre veinte y veinticinco a lo largo de su vida y es en esos traslados donde se perdieron nuestras fotos de familia. Las fotos se caen por…
Trabaja, trabaja, escribe todo lo que puedas, tanto como tu musa te arrastre. Es el mejor corredor, la mejor carroza para avanzar en la vida. El cansancio de la existencia no nos pesa sobre los hombros cuando componemos. Es cierto que los momentos de fatiga y de descanso que vienen después son terribles; pero ¡mala suerte! Más vale dos vasos de vinagre y uno de vino que un vaso de vino aguado (…) ¡qué importan nuestras molestias, nuestros desánimos, nuestra lentitud de ejecución y el consiguiente malestar por la obra si siempre avanzamos! ¡Si subimos, qué más da el fin! ¡Si galopamos, qué más da el albergue! ¿No es este perpetuo sinsabor una garantía de delicadeza, una prueba de Fe? (…) Hay que escribir siempre si se desea. Trabajemos, pues, si nos lo dice el corazón, si sentimos que la vocación nos arrastra; en cuanto al éxito material, grande o pequeño, que podamos obtener, es imposible establecer ninguna predicción. Los más astutos (aquellos que presumen de conocer al público) se equivocan todos los días.
Esperar junto a este mar (en el que nacieron las ideas) sin ninguna idea. (Y así tenerlas todas.) Ser sólo la brisa en la copa del pino grande, el aroma del azahar, la noche de las orquídeas en las calas olvidadas.
Sólo permanecer viendo el ave que pasa y que no regresa; quedar esperando a que el cielo amarillo arda y se limpie con los relámpagos que llegarán saltando de una isla a otra isla. O contemplar la nube blanca que, no siendo nada, parece ser feliz. Quedar flotando y discurriendo de aquí para allá, sobre las olas que pasan, como remo perdido. O seguir, como los delfines, la dirección de un tiempo sentenciado.
Ser como la hora de las barcas en las noches de enero, que se adormecen entre narcisos y faros. Dejadme, no con la luz del conocimiento (que nació y se alzó de este mar), sino simplemente con la luz de este mar. O con sus muchas luces: las de oro encendido y las de frío verdor. O con la luz de todos los azules. Pero, sobre todo, dejadme con la luz blanca, que es la que abrasa y derrota a los hombres heridos, a los días tensos, a las ideas como cuchillos. Ser como olivo o estanque. Que alguien me tenga en su mano como a puñado de sal. O de luz.
Cerrar los ojos en el silencio del aroma para que el corazón –al fin– pueda ver. Cerrar los ojos para que el amor crezca en mí. Dejadme compartiendo el silencio y la soledad de los porches, la hospitalidad de las puertas abiertas; dejadme con el plenilunio de los ruiseñores de junio, que guardan el temblor del agua en las últimas fuentes. Dejadme con la libertad que se pierde en los labios de una mujer.
Lectores, espectadores, pueden hablar de sus propias vidas a través de los libros que les han acompañado, de las películas que han visto. De esto habla el autor Peter Orne en sus distintos ensayos.…
En teoría me gustaría trabajar todos los días, pero por la mañana invento todas las excusas posibles para no trabajar: tengo que salir, hacer compras, leer el periódico. Por lo general, logro perder el tiempo por la mañana, así que termino sentándome a escribir por la tarde. Soy un escritor diurno, pero como pierdo el tiempo por la mañana, me he convertido en un escritor vespertino (…) En resumen, sólo por la tarde me siento en mi escritorio, que siempre está sumergido en cartas que llevan esperando respuesta no sé ni cuánto tiempo, y ese es otro obstáculo a supera.
«Al final me pongo a escribir y entonces empiezan los verdaderos problemas. Si empiezo algo desde cero, ése es el momento más difícil (…) Soy muy lento para empezar. Si tengo una idea para una novela, busco todos los pretextos posibles para no trabajar en ella. Si estoy escribiendo un libro de cuentos, de textos breves, cada uno tiene su propio tiempo de inicio. Incluso con los artículos siempre tengo la misma dificultad para empezar.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)