Paul Auster, el escritor del azar como suele llamárselo, fue uno de los escritores más aclamados de las últimas décadas.
A pesar de ser un prominente intelectual, nunca olvidó su origen humilde, ni dejó de ser un hombre sencillo y cercano.
Cuenta Elena Ramírez, la editora española de Auster, que en una ocasión, durante La Feria del Libro de Guadalajara, Auster estaba charlando con un editor argentino. Cuando este último le dijo que iba a ser padre, Auster le preguntó si estaba casado con su pareja, a lo que el editor respondió que no y que sólo con el amor les era suficiente.
Ante esta respuesta, Auster comenzó a explicarle las ventajas de formalizar la relación con la madre del niño, en especial como una forma de protegerlo. Tanto insistió Auster en su argumento, que llegó a prometerle al editor que si se casaba con su novia, él viajaría desde Nueva York para ser su padrino de bodas.
Pasaron los meses y Auster le consultaba a Elena si tenía novedades del editor argentino.
Cuando ella le confirmó que finalmente habría casamiento, Auster no dudó en viajar a Argentina y ser el padrino del novio, cumpliendo así con su promesa.

(A través de Historias de la Literatura)







