Escritor

Si hubiera podido escoger, probablemente ahora sería un caballero rural belga, de salud de hierro, solterón, asiduo a burdeles de Bruselas, lector de novelas policiales, y que derrocharíaBolaño 2, con sentido común una riqueza acumulada durante generaciones. (…) Pero soy chileno, de clase media baja y vida bastante nómada, y probablemente lo único que podía hacer era convertirme en escritor, acceder como escritor y sobre todo como lector a una riqueza imaginaria, ingresar como escritor y como lector en una orden de caballería que creía llena de jóvenes, digamos, temerarios, y en la que finalmente, ahora, a los 48 años, me encuentro solo.

Roberto Bolaño

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Escribir poesía

BolañoCasi siempre he creído, y aún sigo creyéndolo, que escribir prosa es de un mal gusto bestial. Y lo digo en serio. (…) En algún sentido creo que escribir prosa es volver a las labores de mi abuelo analfabeto. Es mucho más difícil la poesía. Las escenografías que te proporciona la poesía son de una pureza y de una desolación muy grande. Cuando juntas pureza y desolación el escenario se agranda automáticamente hasta el infinito y lo lógico es que tú desaparezcas en ese escenario y, sin embargo, no desapareces. Te haces infinitamente pequeño pero no desapareces.

Roberto Bolaño

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Su primer maestro

San Agustín dijo que su primer maestro fue también la primera persona en su vida a la que  había visto leer sin mover los labios.

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Ser escritor

Bolaño

La verdad es que no creo demasiado en la escritura. Empezando por la mía. Ser escritor es agradable… No. Agradable no es la palabra: es una actividad que no carece de momentos muy divertidos, pero conozco otras actividades aún más divertidas, divertidas en el sentido en que para mí es divertida la literatura. Ser atracador de bancos, por ejemplo. O director de cine. O gigoló. O ser niño otra vez y jugar en un equipo de fútbol más o menos apocalíptico. Desafortunadamente el niño crece, al atracador lo matan, el director se queda sin dinero y el gigoló enferma y entonces ya no te queda más alternativa que escribir.

Todos los escritores, incluso los más mediocres, los más falsos, los peores del mundo, han sentido la sombra de ese éxtasis de la creación.

Roberto Bolaño

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Abandono

Me abandonó la novela y no supe o no quise ir de nuevo a buscarla. No es el mejor Piglia.

Piglia. El camino de Ida

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Los lectores

Escribir no es normal. Lo normal es leer y lo placentero es leer; incluso lo elegante es leer. Escribir es un ejercicio de masoquismo; leer a veces puede ser un ejercicio de sadismo, pero generalmente es una ocupación interesantísima.

Bolaño

Me conmueven los lectores a secas, los que aún se atreven a leer el “Diccionario filosófico de Voltaire”, que es una de las obras más amenas y modernas que conozco. Me conmueven los jóvenes de hierro que leen a Cortázar y a Parra, tal como los leí yo y como intento seguir leyéndolos. Me conmueven los jóvenes que se duermen con un libro debajo de la cabeza. Un libro es la mejor almohada que existe.

Roberto Bolaño

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El final

García Márquez 2

Lo vi por última vez hace cuatro años en Cartagena de Indias. Mercedes nos invitó a cenar a Juan Cruz, a Almudena y a mí. Los signos de la demencia senil que le iba devorando sus recuerdos eran evidentes. Cuando se acercaba alguien a saludarlo, hacía esfuerzos para que no se notara el olvido. La inteligencia y la elegancia duraban más que la memoria. Poco después me contó Roberto Pombo, el director del periódico El tiempo de Bogotá, que se iba despidiendo poco a poco de los amigos íntimos. Quedemos a cenar esta noche, le dijo un día, porque tal vez mañana no sepa quien eres.

Luis García Montero

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Tres elogios

Trascendencia poética

Es de justicia reconocer hoy la singularidad de García Márquez en nuestro universo literario. Su mérito radica  en haber buscado sin descanso la verdad poética. La prosa es exactitud, pero existen escritores que dotan a su manera de narra de una trascendencia poética capaz de preñar cada palabra de diversos contenidos. No es otra sino esa, la virtud de la poesía y García Márquez trasladó el reto al lenguaje desde que en el complejo proceso de escritura de Cien años de soledad lograra aquella revelación.

Víctor García de la Concha

García Márquez

La literatura

Cuando se abre un libro de García Márquez, se tiene la impresión de tener entre las manos la literatura. Ocurre con Cervantes, o con Shakespeare, ocurre con Faulkner o con Borges.

Luis García Montero

 

La compensación de la fortuna

¿Quién sabe qué mal quiso compensar la fortuna cuando puso, en el siglo nuestro, la vida y los milagros del Gabo García Márquez? ¿Quién sabe de dónde sale el genio? ¿Quién la razón por la cual el destino nos lo acerca? Que las estrellas lo adivinen, a nosotros nos tocó atestiguarlo.

Ver a García Márquez andar en el mundo con sus ojos en vilo y sus palabras en el aire, ha sido uno de los grandes prodigios que nos ha dado la vida.

No se juega con el amor, ni con la historia, ni con los cuentos de la tierra y el río. O se juega para ganarles, como ha hecho el Gabo. De semejante triunfo hemos sido testigos sus lectores, que siempre somos sus amigos.

Ángeles Mastretta

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Macondo

 

Escribe García Márquez al inicio de Cien años de soledad:

Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.

Macondo es trGarcía Márquezasunto de su tierra natal Aracataca. El origen de esta palabra, Macondo, lo relata el escritor en sus memorias, Vivir para contarla:

El tren hizo una parada en una estación  sin pueblo, y poco después pasó frente a la única finca bananera del camino, que tenía en nombre escrito en el portal: Macondo. Esta palabra me había llamado la atención desde los primeros viajes con mi abuelo, pero solo de adulto descubrí que me gustaba su resonancia poética (…) Nunca se lo escuché a nadie ni me pregunté siquiera qué significaba…Lo había usado ya en tres libros, como nombre de un pueblo imaginario, cuando me enteré en una enciclopedia casual, que es un árbol del trópico parecido a la ceiba, que no produce flores ni frutos y cuya madera esponjosa sirve para hacer canoas y esculpir trastos de cocina. Más tarde descubrí en la Enciclopedia Británica que en Tanganica existe la etnia errante de los makondos y pensé que aquel podría ser el origen de la palabra. Pero nunca lo averigüé ni conocí el árbol, pues muchas veces pregunté por él en la zona bananera y nadie supo decírmelo. Tal vez no existió nunca.

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No molesten…

García Márquez

Juan Benet escribió que mientras estaba leyendo Cien años de soledad colgó un cartel en la puerta de su despacho que advertía: «No molesten que estoy en Macondo»

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