Ventana a YouTube. Phil Collins – In the air tonight (live)

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Podcast. La píldora de Leila Guerriero. «El combustible»

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Álbum de Bibliotecas en construcción. CCLXIV

Biblioteca Nacional, en Santiago de Chile

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La biblioteca en el garaje de Peter Orner.

Lectores, espectadores, pueden hablar de sus propias vidas a través de los libros que les han acompañado, de las películas que han visto. De esto habla el autor Peter Orne en sus distintos ensayos.…

Origen: La biblioteca en el garaje de Peter Orner. Argumentos de vida – Lecturas Sumergidas

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Escribir. Italo Calvino

En teoría me gustaría trabajar todos los días, pero por la mañana invento todas las excusas posibles para no trabajar: tengo que salir, hacer compras, leer el periódico. Por lo general, logro perder el tiempo por la mañana, así que termino sentándome a escribir por la tarde. Soy un escritor diurno, pero como pierdo el tiempo por la mañana, me he convertido en un escritor vespertino (…) En resumen, sólo por la tarde me siento en mi escritorio, que siempre está sumergido en cartas que llevan esperando respuesta no sé ni cuánto tiempo, y ese es otro obstáculo a supera.

«Al final me pongo a escribir y entonces empiezan los verdaderos problemas. Si empiezo algo desde cero, ése es el momento más difícil (…) Soy muy lento para empezar. Si tengo una idea para una novela, busco todos los pretextos posibles para no trabajar en ella. Si estoy escribiendo un libro de cuentos, de textos breves, cada uno tiene su propio tiempo de inicio. Incluso con los artículos siempre tengo la misma dificultad para empezar.

Italo Calvino

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La columna de Leila Guerriero: …»hoy las horas huelen a rastrojo de sombras»…

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Reflexiones. Virginia Woolf

Hay una especie de tristeza que surge cuando se sabe demasiado, cuando se ve el mundo como realmente es.

Es la tristeza de comprender que la vida no es una gran aventura, sino una serie de pequeños e insignificantes momentos, que el amor no es un cuento de hadas, sino una emoción frágil y fugaz, que la felicidad no es un estado permanente, sino un raro y fugaz atisbo de algo a lo que nunca podremos aferrarnos.

Y en esa comprensión hay una profunda soledad.

Virginia Woolf

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Crítica: ¿Quién mató a Bambi?. Monika Fagerholm

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Lectura: «El mundo deslumbrante». Siri Hustvedt

Siri Hustvedt. Foto: Domènec Umbert

He seguido la narrativa de Hustvedt (Northfield, Minn. 1955) desde aquel temprano y lejano Los ojos vendados (1992). Reconozco su calidad literaria pero ninguna de sus seis novelas precedentes había logrado atraparme…..

Origen: El mundo deslumbrante


Textos

Pero será mejor que empiece por el principio y me explique un poco. Escribo esto porque no confió en el tiempo. Yo, Harriet Burden, conocida también como Harry entre mis viejos amigos y entre los nuevos más selectos, tengo sesenta y dos años, no soy vieja, pero ya me encamino al FINAL y me quedan demasiadas cosas por hacer antes de que uno de mis achaques. resulte ser un tumor o una demencia acompañada de pérdida de memoria, o de que un camión fuera de control se suba a la acera, me aplaste contra la pared y deje de respirar para siempre. La vida camina de puntillas sobre un campo minado. Nunca sabemos lo que nos deparará el destino y, si quieren saber lo que pienso, tampoco tenemos claro lo que dejamos atrás. Aunque estoy seguro de que somos muy capaces de armar una historia que lo explique y devanarnos los sesos para lograr que todo encaje.


Harriet, que pronto se convirtió en Harry para mí, era inteligente, talentosa y de una sensibilidad exquisita. Podía ensimismarse durante horas y sumirse en un profundo silencio cuando estábamos juntas y, de pronto, cuando yo ya no podía tolerarlo ni un minuto más, Harriet me abrazaba y me pedía perdón. Aunque nunca lo dije por aquel entonces, sus dibujos y, más adelante, sus pinturas y esculturas parecían hechas por alguien que yo no conocía y que tampoco ella conocía. Harriet necesitaba a la Bestia con Cinco Dedos, ese diablillo creador que se abría paso rompiendo todas las ataduras que a ella la restringían como si fuesen cadenas o sogas.


Urdir una falacia lógica: según el argumentum ad populum, la marca más conocida es la mejor. Este falso argumento guía a los rebaños de la cultura, ya sean grandes o pequeños. El rebaño acude en masa y queda boquiabierto ante el espectáculo de una pasta de dientes blanqueadora. El rebaño corre a ver al último fenómeno que exponen en tal o cual galería. El rebaño piensa al unísono. El rebaño es un mirón colectivo que se moviliza a partir de unas pautas recibidas que le enseñan cómo admirar la belleza, la sofisticación y el ingenio que hay en el objeto brillante, en ese vehículo carente de valor, riqueza o gloria. Pero al rebaño también le encanta la fealdad, las humillaciones, los asesinatos, los suicidios y los cadáveres (no los cadáveres reales, no los que apestan, sino los que aparecen en los medios de comunicación, los que mueren delante de la cámara).


Rodeé la mesa y mi madre me hizo sentar en su regazo y me envolvió con sus largos brazos. Cerré los ojos, hundí el rostro en su cuello y me dejó cobijar por ella. Me abrazó con fuerza. Sin dejar de abrazarme, me meció durante varios minutos, hacia delante y hacia atrás, me acarició el pelo y me susurró en el oído: «Dios, ¡cuánto te quiero!». El nudo que tenía en el estómago desapareció por completo y durante el tiempo que estuve sentado en su regazo me olvidé de que ya era adulta. Incluso me olvidé de que tenía una hija y, sin lugar a dudas, de que tenía un hermano. Mi madre lograba esas cosas. Cuando menos lo esperabas, desplegaba su magia. Seguro que es una magia común y corriente, pero hay mucha gente que no sabe usarla.


Los veraneantes se han ido, el aire de la isla se ha vuelto gelido y los colores se han vuelto terrosos, con parches de rojos encendidos. En esta época el oleaje me asusta y guarda las distancias, manteniéndome en la zona donde la arena se junta con la hierba que se inclina ante el fuerte viento. Hoy el mar rugía de tal forma que me ha hecho pensar en los bramidos de un oscuro animal. Estoy sola. Ahora también perdió a Bruno, lo perdió por culpa de mis confabulaciones, de mi rabia y de mi fracaso. Quería morder el mundo hasta hacerle sangre, pero sólo he logrado morderme a mí misma, crear mi propia y triste tragedia de las cosas.

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Silvina Ocampo: el etcétera de la familia | Letras Libres

Acercarse a Silvina Ocampo es acercarse a Bioy Casares y a Borges, a la revista ‘Sur’ y su órbita, a Victoria Ocampo y al panorama de la literatura argentina de la época.

Origen: Silvina Ocampo: el etcétera de la familia | Letras Libres

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