Tierra o la nada ambiciosa idea de escribir la intrahistoria del mundo – Zenda

La última novela de Alberto Torres Blandina parte de una idea tan sencilla como extraordinaria: contar la historia de la Humanidad desde la Guerra Fría hasta el presente a través del recuerdo de personas dispersas por todo el planeta. El resultado, una delicia.

Alberto Torres Blandina comparte en Zenda el proceso de escritura de su novela ‘Tierra’, publicada por Candaya.

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La traducción. Natalia Ginzburg

Traducir significa pegarse y aferrarse a cada palabra y escrutar su sentido. Seguir paso a paso y fielmente la estructura y las articulaciones de las frases. Ser como insectos sobre una hoja y como hormigas en un sendero. Pero mientras tanto mantener los ojos alzados para contemplar todo el paisaje, como desde la cima de una colina. Moverse muy despacio, pero también muy deprisa, porque en tanta lentitud está y debe estar presente también el impulso de recorrer a gran velocidad el camino. Ser hormiga y caballo a la vez. El riesgo es siempre ser demasiado caballo o demasiado hormiga. Tanto lo uno como lo otro estropean la obra. La lentitud no debe aparecer, solo debe verse la carrera del caballo. Las palabras nacidas tan despacio no deben parecer arrastradas o muertas, sino frescas, vivas e impetuosas. La traducción está hecha por tanto de esta contradicción que parece insalvable. Figurémonos si teniendo que luchar diariamente con tal contradicción, el escritor puede cargar con el peso de su persona, con el embarazo de su estilo. No, conviene que, durante algún tiempo, deje aparte todo esto. Hormiga y caballo, soberano y vasallo al mismo tiempo, el escritor, en el acto de traducir, llega a conocerse a sí mismo con una vestimenta y una condición nueva.

Natalia Ginzburg
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La literatura en el siglo XXI. Letras Libres

El cuestionamiento del canon; la disolución de las fronteras entre géneros; la pujanza de la no ficción y la victoria total de la novela en tanto que género omnívoro son algunas líneas que atraviesan la literatura de lo que va del siglo. Origen: La literatura en el siglo XXI | Letras Libres
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Lectura: ‘La más secreta memoria de los hombres’, de Mohamed Mbougar Sarr

El novelista Mohamed Mbougar Sarr posa tras ser galardonado con el Goncourt por ‘La plus secrete memoire des hommes’BERTRAND GUAY (AFP)

Premio Goncourt: Mohamed Mbougar Sarr, joven senegalés devoto de Roberto Bolaño, gana el Goncourt | Cultura | EL PAÍS

‘La más secreta memoria de los hombres’, la ficción sobre la búsqueda de un escritor legendario y olvidado, se alza con el galardón más prestigioso de las letras francesas

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Textos

De un escritor y de su obra, como mínimo, podemos saber lo siguiente: uno y otra caminan juntos por el laberinto más perfecto imaginable, un largo camino circular donde el destino se confunde con el origen: la soledad.


 Un escritor de verdad, había añadido, suscita debates mortales entre los lectores auténticos, que siempre andan en pie de guerra; si no estáis dispuestos a palmarla en la arena por llevaros a rastras el despojo como en el juego del buzkashi, largaos de aquí y moríos en vuestros propios meados tibios que confundís con una cerveza de calidad superior: sois cualquier cosa menos lectores, y menos aún escritores.


Cuando nos hacemos una videollamada, mis padres, uno al lado del otro, sostienen el aparato de tal manera que veo en pantalla la mitad de la cara de cada uno. Así que observo el rostro paterno reunificado. Las señales de su envejecimiento me han estrujado el corazón y me han entrado ganas de cortar la llamada. Pero eso no habría cambiado nada; también sus voces habían envejecido: unas grietas profundas en las paredes del tiempo. Me prometí, como de costumbre, llamarlos con más frecuencia. Aunque sabía que no iba a hacerlo. Seguiría llamándolos raras veces. Mi madre siempre subrayaba, bromeando, mi escaso espíritu familiar. Bromas amargas: iban cargadas de una silenciosa acusación. Mi padre nunca decía nada del tema y con eso estaba todo dicho. Ninguno de ellos se explicaba mis largos períodos de silencio. Sin embargo, a mí la cosa me parecía simple: yo cumplía con el oficio que muchos niños deben llevar a cabo frente a sus padres en un momento de sus vidas: el oficio de la ingratitud.


Ella era mestiza –padre colombiano, madre argelina– y benjamina de una familia de tres hijos. Yo era el mayor de cinco hermanos. Ella era vegana; yo me pirraba por los entrecots poco hechos. Ella votaba comunista; yo compartía piso con un anarca. Ella quería ser una gran reportera; yo solo escritor. Los intercambios febriles de SMS continuaron, sostenidos, a cualquier hora del día. Luego vino la segunda cena (vegana), los primeros pudores, los primeros silencios, las primeras risotadas, quizá las primeras seriedades. El primer beso puede llegar ahí. No fue nuestro caso. Jugamos a hacernos esperar. Llegaron las primeras confesiones. ¿Quién fue el primero en decir te echo de menos? Fui yo. Ella respondió hábilmente: yo también, pero vayamos poco a poco, no aceleremos más que la música. Primer concierto.


–Es difícil decirlo. Tal vez mis lecturas. Pero no sé si eso cuenta. No tengo un relato fundacional potente. No como el de Haruki Murakami, por ejemplo. ¿Sabes el origen fabuloso de su vocación de escritor? ¿No? Está en un partido de béisbol. Una pelota surca el aire con pureza y armonía, Murakami observa la trayectoria perfecta de esa pelota y sabe al verla lo que tiene que hacer, en qué va a convertirse: en un gran escritor. Esa pelota fue su epifanía literaria, su señal. Yo no he tenido pelota. No he tenido ninguna señal. Por eso digo que mi origen como escritor son mis lecturas, creo.


¿Acaso han cambiado las cosas en la actualidad? ¿Acaso hablamos de literatura, de valor estético, o hablamos de gente, de su bronceado, de su voz, de su edad, de su pelo, de su perro, de los pelos que tienen en el coño, de la decoración de su casa, del color de su ropa? ¿Acaso hablamos de escritura o de la identidad, del estilo o de las pantallas mediáticas que dispensan de tenerlo, de la creación literaria o del sensacionalismo de la personalidad?


Entonces ¿cuál es esta patria? Tú la conoces: evidentemente, es la patria de los libros: los libros leídos y amados, los libros leídos y despreciados, los libros que soñamos con escribir, los libros insignificantes que hemos olvidado y que ya no sabemos siquiera si llegamos a abrir alguna vez, los libros que fingimos haber leído, los libros que no leeremos nunca pero de los que no nos separaríamos por nada del mundo, los libros que esperan su hora en una noche paciente, antes del crepúsculo deslumbrante de las lecturas del amanecer. Sí, dije, sí: seré ciudadana de esa patria, seré leal a ese reino, el reino de la biblioteca.

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Clases de oscuridad, César Aira

Cuando leo las oscuridades, con frecuencia impenetrables, de poetas que admiro, como Lezama Lima o Wallace Stevens, y pienso en el contraste con lo que escribo yo, tan claro, tan movilizado por la …

Origen: Clases de oscuridad, César Aira – Calle del Orco

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El viaje de la Obra. Roberto Bolaño


Durante un tiempo la Crítica acompaña a la Obra, luego la Crítica se desvanece y son los Lectores quienes la acompañan. El viaje puede ser largo o corto. Luego los Lectores mueren uno por uno y la Obra sigue sola, aunque otra Crítica y otros Lectores vayan acompasándose a su singladura. Luego la Crítica muere otra vez y los Lectores mueren otra vez y sobre esa huella de huesos sigue la Obra su viaje hacia la soledad. Acercarse a ella, navegar a su estela es señal inequívoca de muerte segura, pero otra Crítica y otros Lectores se le acercan incansables e implacables y el tiempo y la velocidad los devoran. Finalmente la Obra viaja irremediablemente sola en la Inmensidad. Y un día la Obra muere, como mueren todas las cosas, como se extinguirá el Sol y la Tierra, el Sistema Solar y la Galaxia y la más recóndita memoria de los hombres. Todo lo que empieza como comedia acaba como tragedia.

Roberto Bolaño, Los detectives salvajes

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Cuaderno de poemas. Búsqueda de la poesía. Carlos Drummond de Andrade

No hagas versos sobre acontecimientos.
No hay creación ni muerte ante la poesía.
Delante de ella, la vida es un sol estático,
no entibia ni ilumina.
Las afinidades, los aniversarios, los incidentes personales no cuentan.
No hagas poesía con el cuerpo,
ese excelente, completo y confortable cuerpo, tan reacio a la efusión lírica.

.
Tu gota de bilis, tu mueca de gozo o de dolor en lo oscuro
son indiferentes.
No me reveles tus sentimientos,
que se valen del equívoco e intentan un largo viaje.
Lo que piensas y sientes, eso aún no es poesía.

.
No cantes tu ciudad, déjala en paz.
El canto no es el movimiento de las máquinas, ni el secreto de las casas.
No es música oída al pasar, rumor de mar en las calles junto a la línea de espuma.
.

El canto no es la naturaleza
ni los hombres en sociedad.
Para él, lluvia o noche, fatiga o esperanza nada significan.
La poesía (no saques poesía de las cosas)
elide sujeto y objeto.

.
No dramatices, no invoques,
no indagues. No pierdas tiempo en mentir.
Tu yate de marfil, tu zapato de diamante,
tus mazurcas y fantasías, tus esqueletos familiares,
desaparecen en la curva del tiempo, son algo inútil.

.
No recompongas
tu sepultada y melancólica infancia.
No osciles entre el espejo
y la memoria en disipación.
Si se disipó, no era poesía.
Si se quebró, cristal no era.

.
Entra sordamente en el reino de las palabras.
Allá están los poemas que esperan ser escritos.
Están paralizados, pero no hay desesperación,
hay calma y hay frescura en la superficie intacta.
Están ahí, solos y mudos, en estado de diccionario.

.
Convive con tus poemas antes de escribirlos.
Ten paciencia si son oscuros. Calma, si te provocan.
Espera que cada uno se realice y consume
con su poder de palabra
y su poder de silencio.
No fuerces al poema a desprenderse del limbo.
No levantes del piso el poema que se perdió.
No adules al poema. Acéptalo como él aceptará
su forma definitiva y concentrada en el espacio.

.
Acércate más y contempla las palabras.
Cada una
tiene mil caras secretas bajo la cara neutra
y te pregunta, sin interés por la respuesta,
pobre o terrible que le des:
¿trajiste la llave?

.
Observa:
yermas de melodía y de concepto
ellas se refugiaron en la noche, las palabras.
Todavía húmedas e impregnadas de sueño,
ruedan por un río difícil y se transforman en desprecio.

Carlos Drummond de Andrade

(A través de Isaias Garde)

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Ventana a YouTube. Marianne Faithfull – As Tears Go By (Live in Montreal, 1997) 

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Ariana Harwicz

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Álbum de Bibliotecas en construcción. CCLXV

Biblioteca Nacional de Letonia, Riga, Letonia
Biblioteca rural
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