Para qué sirven los libros

Ayer me llamaron de una radio, me preguntaron para qué sirven los libros. Debo haber respondido alguna estupidez. Lo que debí haber dicho es que los libros sirven para una sola cosa: para salvarnos la vida.

Leila GuerrieroLeila Guerriero, El País

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Poema de Luis Alberto de Cuenca

El desayuno

Me gustas cuando dices tonterías,

cuando metes la pata, cuando mientes,

cuando te vas de compras con tu madre

y llego tarde al cine por tu culpa.

Me gustas más cuando es mi cumpleaños

y me cubres de besos y de tartas,

o cuando eres feliz y se te nota,

o cuando eres genial con una frase

que lo resume todo, o cuando ríes

(tu risa es una ducha en el infierno),

o cuando me perdonas un olvido.

Pero aún me gustas más, tanto que casi

no puedo resistir lo que me gustas,

cuando, llena de vida, te despiertas

y lo primero que haces es decirme:

«Tengo un hambre feroz esta mañana.

Voy a empezar contigo el desayuno».

 

Luis Alberto de CuencaLuis Alberto de Cuenca, Premio Nacional de Poesía 2015

 

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El sereno ritmo del saber

La escuela, la Universidad sólo tienen sentido en la medida que formen individuos cultos y libres, no meros consumidores o integrantes de masas informes. La escuela, la Universidad, con el uso sensato de los nuevos instrumentos de construcción y trasmisión de la información, han de seguir siendo agentes del pensamiento creativo, reflexivo, crítico, solidario y en permanente deseo de aprender. Bienvenidos los aparatos, los instrumentos que auxilien dicha labor si, sobre todo, enfatizan el valor fundamental del factor humano.

Si para caminar en la vida necesitamos la pausa, la reflexión, el lento asimilar de cada concepto, pongamos en cuarentena todos aquellos instrumentos que apelan exactamente a lo contrario. La instantaneidad, la concurrencia efervescente de llamadas que diluyen nuestra atención, que tornan la contemplación en hiperactividad; que nos hacen ir de un lugar a otro, en un rumbo cada vez más errático, lo que tan poco tiene que ver con el inevitable sereno ritmo de saber. Madurar requiere de un tiempo.

Hoy más que nunca, y precisamente como compensación a la “velocidad de los tiempos”, necesitamos apelar al silencio, a la intimidad, a la concentración, a la imprescindible construcción de referencias culturales, y a la capacidad de interpretación e integración del texto, de la obra. La mente no puede ser educada en la dispersión. En el continuo ajetreo. Somos caminantes, no velocistas. De ahí que, una vez más, reclame la práctica reposada de la conversación, del diálogo, de la comunicación, de la lectura.

Cesar Antonio MolinaCesar Antonio Molina, El País

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La esperanza de vida del escritor

Es un hecho cierto que la Búsqueda del Placer Fugaz disminuye la esperanza de vida en el escritor. Jacques Vaché murió a los veintitrés años de una sobredosis de opio, Jean de Tinan a los veinticuatro de reuma agravado por el consumo de bebidas alcohólicas adulteradas, Georg Trakl a los veintisiete de una sobredosis de cocaína, Hervé Guibert a los treinta y seis de sida, Roger Nimier a los treinta y seis en un accidente de Aston Martin, Boris Vian a los treinta y nueve de excesos festivos en un corazón frágil, Guillaume Dustan a los cuarenta de una intoxicación con fármacos, Guy de Maupassant a los cuarenta y tres de sífilis, Scott Fitzgerald a los cuarenta y cuatro de alcoholismo, Charles Baudelaire a los cuarenta y seis de sífilis, Alfred de Musset a los cuarenta y seis de alcoholismo, Albert Camus a los cuarenta y seis en un accidente de Facel Vega, Jack Kerouac a los cuarenta y siete de cirrosis, Malcolm Lowry a los cuarenta y siete de una sobredosis de somníferos, Frédéric Berthet a los cuarenta y nueve de alcoholismo, Jean Lorrain a los cincuenta de una peritonitis provocada por abuso de éter, Hans Fallada a los cincuenta y tres de sobredosis de morfina, Paul-Jean Toulet a los cincuenta y tres de sobredosis de láudano… 

Frédéric BeigbederFrédéric Beigbeder,  Una novela francesa. Anagrama

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Cómo ser un gran escritor

Tienes que follarte a muchas mujeres 

bellas mujeres, 

y escribir algunos poemas de amor decentes 

y no te preocupes por la edad 

y los nuevos talentos. 

Sólo toma más cerveza, más y más cerveza. 

 

Ve al hipódromo por lo menos una vez 

a la semana 

y gana 

si es posible. 

 

Aprender a ganar es difícil, 

cualquier idiota puede ser un buen perdedor. 

 

y no olvides tu Brahms, 

tu Bach y tu cerveza. 

No hagas demasiado ejercicio. 

Duerme hasta el mediodía. 

 

Evita las tarjetas de crédito 

o pagar cualquier cosa en término. 

Acuérdate de que no hay un pedazo de culo 

en este mundo que valga más de 50 dólares (en 1977). 

 

Y si tienes capacidad de amar 

ámate a ti mismo primero 

pero siempre sé consciente de la posibilidad de 

la total derrota, 

ya sea por buenas o malas razones. 

 

Un sabor temprano de la muerte no es necesariamente 

una mala cosa. 

 

Aléjate de las Iglesias y los bares y los museos 

y como las arañas, sé paciente, 

el tiempo es la cruz de todos. 

Más el exilio 

la derrota 

la traición 

toda esa basura. 

 

Quédate con la cerveza,

la cerveza es continua sangre. 

Una amante continua. 

Consigue una buena máquina de escribir 

y mientras los pasos van y vienen más allá de tu ventana 

dale duro a esa cosa, 

dale duro. 

 

Haz de eso una pelea de peso pesado. 

Haz como el toro en la primer embestida. 

Y recuerda a los perros viejos, 

que pelearon tan bien: 

Hemingway, Celine, Dostoyevski, Hamsun. 

Si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas 

como te está pasando a ti ahora, 

sin mujeres 

sin comida 

sin esperanza… 

entonces no estás listo. Toma más cerveza. 

 

Hay tiempo. 

y si no hay, 

eso también está bien.

BukowskiCharles Bukowski

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Álbum de librerías incompleto, 24

"Hemingways Bookshop", Hermanus, South Africa

«Hemingways Bookshop», Hermanus, South Africa

 

 

Librería Maxtor, Valladolid

Librería Maxtor, Valladolid

 

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Sánchez Ferlosio: Pecios I

La verdad es que no acabo de lograr imaginar qué es lo que podría hacerse en este mundo con nueve Roland Garros.

No sé por qué la palabra «oscurantismo» suena tan peyorativa; a «oscurantista» me apuntaba yo ahora mismo la mar de contento.

La política es una ficción lúdica indiferenciada que lleva el contenido del agón  exactamente igual con la guerra y con el fútbol.

Lo malo de los viejos es que ya no cambiamos de opinión. Por eso hay que prestar mucha atención a con qué pensamientos se jubila uno a los setenta y cinco años, porque esa va a ser la renta hasta el final de sus días.

Sánchez Ferlosio. Campo de retamasRafael Sánchez Ferlosio, Campo de retamas

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El Vieco cortaziano VII

El río

Y sí, parece que es así, que te has ido diciendo no sé qué cosa, que te ibas a tirar al Sena, algo por el estilo, una de esas frases de plena noche, mezcladas de sábana y boca pastosa, casi siempre en la oscuridad o con algo de mano o de pie rozando el cuerpo del que apenas escucha, porque hace tanto que apenas te escucho cuando dices cosas así, eso viene del otro lado de mis ojos cerrados, del sueño que otra vez me tira hacia abajo. Entonces está bien, qué me importa si te has ido, si te has ahogado o todavía andas por los muelles mirando el agua, y además no es cierto porque estás aquí dormida y respirando entrecortadamente, pero entonces no te has ido cuando te fuiste en algún momento de la noche antes de que yo me perdiera en el sueño, porque te habías ido diciendo alguna cosa, que te ibas a ahogar en el Sena, o sea que has tenido miedo, has renunciado y de golpe estás ahí casi tocándome, y te mueves ondulando como si algo trabajara suavemente en tu sueño, como si de verdad soñaras que has salido y que después de todo llegaste a los muelles y te tiraste al agua. Así una vez más, para dormir después con la cara empapada de un llanto estúpido, hasta las once de la mañana, la hora en que traen el diario con las noticias de los que se han ahogado de veras.

Cortazar 4Me das risa, pobre. Tus determinaciones trágicas, esa manera de andar golpeando las puertas como una actriz de tournées de provincia, uno se pregunta si realmente crees en tus amenazas, tus chantajes repugnantes, tus inagotables escenas patéticas untadas de lágrimas y adjetivos y recuentos. Merecerías a alguien más dotado que yo para que te diera la réplica, entonces se vería alzarse a la pareja perfecta, con el hedor exquisito del hombre y la mujer que se destrozan mirándose en los ojos para asegurarse el aplazamiento más precario, para sobrevivir todavía y volver a empezar y perseguir inagotablemente su verdad de terreno baldío y fondo de cacerola. Pero ya ves, escojo el silencio, enciendo un cigarrillo y te escucho hablar, te escucho quejarte (con razón, pero qué puedo hacerle), o lo que es todavía mejor me voy quedando dormido, arrullado casi por tus imprecaciones previsibles, con los ojos entrecerrados mezclo todavía por un rato las primeras ráfagas de los sueños con tus gestos de camisón ridículo bajo la luz de la araña que nos regalaron cuando nos casamos, y creo que al final me duermo y me llevo, te lo confieso casi con amor, la parte más aprovechable de tus movimientos y tus denuncias, el sonido restallante que te deforma los labios lívidos de cólera. Para enriquecer mis propios sueños donde jamás a nadie se le ocurre ahogarse, puedes creerme.

Pero si es así me pregunto qué estás haciendo en esta cama que habías decidido abandonar por la otra más vasta y más huyente. Ahora resulta que duermes, que de cuando en cuando mueves una pierna que va cambiando el dibujo de la sábana, pareces enojada por alguna cosa, no demasiado enojada, es como un cansancio amargo, tus labios esbozan una mueca de desprecio, dejan escapar el aire entrecortadamente, lo recogen a bocanadas breves, y creo que si no estaría tan exasperado por tus falsas amenazas admitiría que eres otra vez hermosa, como si el sueño te devolviera un poco de mi lado donde el deseo es posible y hasta reconciliación o nuevo plazo, algo menos turbio que este amanecer donde empiezan a rodar los primeros carros y los gallos abominablemente desnudan su horrenda servidumbre. No sé, ya ni siquiera tiene sentido preguntar otra vez si en algún momento te habías ido, si eras tú la que golpeó la puerta al salir en el instante mismo en que yo resbalaba al olvido, y a lo mejor es por eso que prefiero tocarte, no porque dude de que estés ahí, probablemente en ningún momento te fuiste del cuarto, quizá un golpe de viento cerró la puerta, soñé que te habías ido mientras tú, creyéndome despierto, me gritabas tu amenaza desde los pies de la cama. No es por eso que te toco, en la penumbra verde del amanecer es casi dulce pasar una mano por ese hombro que se estremece y me rechaza. La sábana te cubre a medias, mis manos empiezan a bajar por el terso dibujo de tu garganta, inclinándome respiro tu aliento que huele a noche y a jarabe, no sé cómo mis brazos te han enlazado, oigo una queja mientras arqueas la cintura negándote, pero los dos conocemos demasiado ese juego para creer en él, es preciso que me abandones la boca que jadea palabras sueltas, de nada sirve que tu cuerpo amodorrado y vencido luche por evadirse, somos a tal punto una misma cosa en ese enredo de ovillo donde la lana blanca y la lana negra luchan como arañas en un bocal. De la sábana que apenas te cubría alcanzo a entrever la ráfaga instantánea que surca el aire para perderse en la sombra y ahora estamos desnudos, el amanecer nos envuelve y reconcilia en una sola materia temblorosa, pero te obstinas en luchar, encogiéndote, lanzando los brazos por sobre mi cabeza, abriendo como en un relámpago los muslos para volver a cerrar sus tenazas monstruosas que quisieran separarme de mí mismo. Tengo que dominarte lentamente (y eso, lo sabes, lo he hecho siempre con una gracia ceremonial), sin hacerte daño voy doblando los juncos de tus brazos, me ciño a tu placer de manos crispadas, de ojos enormemente abiertos, ahora tu ritmo al fin se ahonda en movimientos lentos de muaré, de profundas burbujas ascendiendo hasta mi cara, vagamente acaricio tu pelo derramado en la almohada, en la penumbra verde miro con sorpresa mi mano que chorrea, y antes de resbalar a tu lado sé que acaban de sacarte del agua, demasiado tarde, naturalmente, y que yaces sobre las piedras del muelle rodeada de zapatos y de voces, desnuda boca arriba con tu pelo empapado y tus ojos abiertos.

Julio Cortázar. Final de Juego

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Joyce y la imaginación

La imaginación no es sino la elaboración de los recuerdos. La imaginación es memoria.

La imaginación tiene la cualidad de un fluido, y hay que sujetarla con fuerza para que no se vuelva imprecisa, y al mismo tiempo con delicadeza, para que no pierda sus poderes mágicos.

[El artista es] el sacerdote de la imaginación imperecedera, capaz de transmutar el pan cotidiano de la experiencia en materia radiante que vive eternamente.

Lo verdaderamente imaginativo es lo contrario de la concisión y de la claridad.

Sabatini. Sobre la escritura. JoyceJames Joyce

 

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El oficio de escritor

Si sólo te interesa lo tuyo como escritor, estás confundido: no debes escribir, sino irte al psicólogo.

Martínez de PisónIgnacio Martínez de Pisón, Premio Nacional de Narrativa

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