Los dos lados

El señor Valéry era perfeccionista.
Sólo tocaba las cosas que estaban a su izquierda con la mano izquierda, y las cosas que estaban a su derecha con la mano derecha. Decía:
—El mundo tiene dos lados: el derecho y el izquierdo, igual que el cuerpo; y el error surge cuando alguien toca el lado derecho del mundo con el lado izquierdo del cuerpo, o viceversa.
Siguiendo escrupulosamente esta teoría, el señor Valéry explicaba:
—Yo dividí mi casa en dos, con una línea.
Y dibujaba.

Escanear 1
—Definí un lado derecho y un lado izquierdo.
»Así, para los objetos del lado derecho reservo mi mano derecha, y viceversa.
En ese momento, ante una duda planteada por un amigo, el señor Valéry explicó:
—A los objetos muy pesados los coloco exactamente con su centro en la línea.
Y dibujó.

Tavares. El barrio Gonçalo M. Tavares. El barrio

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5 consejos de Umberto Eco para convertirse en escritor

No creas que eres un ‘artista’.

No te tomes demasiado en serio. Esto es, no dejes que tu ego te nuble.

No pienses que estás inspirado: no creas que todo es inspiración. También es trabajo. Escribir es 10% inspiración y 90% sudor.

No entiendo a los escritores que publican un libro cada año. Pierdes el encanto de preparar la historia.

No puedes convertirte en un general sin haber sido antes soldado: ve paso a paso. No pretendas ganar el premio Nobel de forma inmediata. Eso acaba con cualquier carrera literaria.

Umberto Eco  Umberto Eco

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La precisión y el lenguaje

Jesús CarrascoLa precisión es un atributo más del estilo. A mí me interesa particularmente ese atributo, por mi propio interés por el lenguaje. El lenguaje es la herramienta máxima, el arma total para el desarrollo del ser humano. Y la precisión es fundamental para expresar de manera concisa y nítida qué es lo que sucede en el mundo, y qué es lo que yo intento representar.

                                                                  Jesús Carrasco

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Joan Margarit: «Nuevas cartas a un joven poeta», 7. Poesía y tradición, III

De una manera u otra, la escritura del poema tiene que transcurrir con un orden, según unos cánones basados en la racionalidad. Para escribir poesía no suele ser útil dejar el sentimiento sin el control de la razón (el «cuando escribo que lloro no hace falta que llore» de Voltaire. Y ninguna pretensión con respecto a la originalidad: si bien estoy de acuerdo en líneas generales con Hardy cuando dice que «lo único que podemos hacer es escribir sobre las cuestiones de siempre en los estilos de siempre, pero intentando hacerlo un poco mejor que los que nos han precedido», lo matizaría diciendo que existimos como poetas gracias a lo que hicieron nuestros antecesores en las diferentes tradiciones. Y que, en el mejor de los casos, añadiremos una modesta pincelada a este friso que es la historia de la poesía.

No parece que pueda haber aprendizaje de la poesía lejos de los grandes poetas que nos han precedido, porque el aprendizaje de la poesía tiene esto en común con todas las didácticas: empezar copiando, es decir, empezar conociendo todo aquello que es importante y ya se ha escrito. Imitar y leer los grandes poetas. […] Y no olvidar en ningún momento las herramientas básicas, insoslayables para escribir poesía: gramática, métrica y retórica. Nada más equivocado que decidir pasar de largo de estos aprendizajes en nombre de una pretendida modernidad que no será más que una inútil apología de la ignorancia. […] Es la parte del aprendizaje de la poesía que se puede enseñar. Es una parte fundamental, pero ella sola no sirve para escribir un buen poema. Esto en matemáticas se le llama una condición necesaria pero no suficiente.

Todo el resto del aprendizaje pertenece al poeta y a nadie más. A su soledad, sin más guía que los clásicos para desarrollar la capacidad de inspiración y la capacidad de autocrítica, que son los dos bienes más preciados para escribir poesía.

Joan Margarit. Nuevas cartas a un joven poeta   Joan Margarit. Nuevas cartas a un joven poeta

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El idioma de la literatura

Cynthia OzickLas palabras que llegan con demasiada facilidad son las de la lengua de todos los días, y si bien se trata de las que el diálogo en la ficción busca repetir, no son las mismas de la prosa literaria. Incluso cuando el diálogo parece más coloquial, nunca ofrece simplemente la transcripción de una conversación real, con sus vacilaciones, repeticiones, titubeos, incertidumbres: debe ser formado, moldeado, organizado con ingenio y concisión, un simulacro astuto, pero todavía sólo un simulacro. El idioma “normal”, nunca contará como literatura. 

Cynthia Ozick

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Alejandra Pizarnik. «Anillos de ceniza»

Anillos de ceniza

Son mis voces cantando
para que no canten ellos,
los amordazados grismente en el alba,
los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.
Hay, en la espera,
un rumor a lila rompiéndose.
Y hay, cuando viene el día,
una partición de sol en pequeños soles negros.
Y cuando es de noche, siempre,
una tribu de palabras mutiladas
busca asilo en mi garganta
para que no canten ellos,
los funestos, los dueños del silencio.

Alejandra Pizarnik   Alejandra Pizarnik

 

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Álbum de Bibliotecas en construcción, XLVII

Biblioteca Palafoxiana de Puebla en México 1

Biblioteca Palafoxiana de Puebla. México 1

 

Biblioteca Palafoxiana de Puebla en México 2

Biblioteca Palafoxiana de Puebla. México 2 

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Escribir ficciones

Ya se ha dicho todo sobre esa misteriosa operación que consiste en inventar historias y fraguarlas de tal manera valiéndose de las palabras para que parezcan verdaderas y lleguen a los lectores y los hagan llorar y reír, sufrir gozando y gozar sufriendo, es decir -resumiendo- vivir más y mejor gracias a la literatura.

Escribí mis primeros cuentos cuando tenía quince años, hace por lo menos sesenta y cinco. Y sigue pareciéndome un proceso enigmático, incontrolable, fantástico, de raíces que se hunden en lo más profundo del inconsciente. ¿Por qué hay ciertas experiencias -oídas, vividas o leídas- que de pronto me sugieren una historia, algo que poco a poco se va volviendo obsesivo, urgente, perentorio? Nunca sé por qué hay algunas vivencias que se vuelven exigencias para fantasear una historia, que me provocan un desasosiego y ansiedad que sólo se aplacan cuando aquella va surgiendo, siempre con sorpresas y derivas imprevisibles, como si uno fuera apenas un intermediario, un correveidile, el transmisor de una fantasía que viene de alguna ignota región del espíritu y luego se emancipa de su supuesto autor y se va a vivir su propia vida. Escribir ficciones es una operación extraña pero apasionante e impagable en la que se aprende mucho sobre sí mismo y a veces se asusta descubriendo los fantasmas y aparecidos que emergen de las catacumbas de su personalidad para convertirse en personajes.

Vargas Llosa 2   Mario Vargas Llosa

 

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Amélie Nothomb: Escribir

Si me levanto tan temprano es porque solo logro escribir entre las cuatro y las ocho de la mañana. Escribir es un ejercicio muy difícil, que supone autoimponerse reglas casi inhumanas. Lo he intentado todo, pero ese es el único momento del día que funciona. Mi sistema es el mismo desde hace años: me siento durante esas cuatro horas y consigo concluir entre tres y cuatro libros al año, de los que me quedo con el mejor. El resto nunca verá la luz.

[…]

Escribir me parece una verdadera imprudencia. Creo que la escritura invoca al destino, porque todo lo que escribo se acaba cumpliendo.

[…]

Escribir es una forma de sentir las cosas de una manera más fuerte. Cuando escribo, río y lloro como si lo estuviera viviendo de verdad.

Amélie Nothomb  Amélie Nothomb

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El bibliotecario de la Universidad de Salzburgo

Thomas Bernhard2En la biblioteca de la Universidad de Salzburgo, el bibliotecario se ha ahorcado de la gran araña de la gran sala de lectura porque, como escribe en una nota que ha dejado, de pronto, después de veintidós años de servicios, no podía soportar ya ordenar libros y prestar libros que sólo habían sido escritos para causar desgracias, con lo que se refería a todos los libros jamás escritos. Eso me ha recordado al hermano de mi abuelo, que era guarda de monte en Altentann, junto a Henndorf, y se dio un tiro en la cumbre del Zifanken porque no podía soportar más la desgracia humana. También él dejó esa conclusión suya en una nota.

Thomas Bernhard: Dos notas

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