Entrevista a Annie Ernaux. Inés Martín Rodrigo

Annie Ernaux, escritora. / José Luis Roca

Annie Ernaux: «La escritura es un acto de gran responsabilidad»

En una entrevista con el suplemento ‘Abril’, la Premio Nobel francesa, que es una autora comprometida, defensora de las causas de la izquierda, se posiciona ante la situación política que vive su país natal: ‘Macron hizo un cálculo cínico’

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Columna. «Léase usted una novela». Juan José Millás

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Talento para la admiración. Enrique Vila-Matas

Ignacio Martínez de Pisón se ha adentrado recientemente en el Madrid de los años cuarenta con una penetrante versión novelada de aquella ciudad dura de posguerra Origen: Talento para la admiración | Cultura | EL PAÍS
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Lectura: «El volumen del tiempo I», de Solvej Balle

La escritora danesa Solvej Balle en la sede de la editorial Anagrama en Barcelona el viernes 8 de noviembre.Gianluca Battista

Solvej Balle, una escritora atrapada en el tiempo | Babelia | EL PAÍS

La escritora danesa presenta la primera de sus siete novelas sobre la historia de una librera de viejo que cae en un extraño bucle temporal que la hace vivir siempre en una misma fecha

Origen: Solvej Balle, una escritora atrapada en el tiempo | Babelia | EL PAÍS


Textos

Hay alguien en la casa. Percibo sus movimientos por la habitación de arriba. Oigo cómo se levanta de la cama, baja las escaleras, entra en la cocina… El zumbido de las tuberías mientras llena un hervidor de agua, el sonido metálico al ponerlo sobre el quemador y un chasquido apenas audible del encendedor al prender el fuego. Después se produce un silencio hasta que el agua alcanza su punto de ebullición. Entonces oigo el crujir de hojas de té y papel cuando saca del envoltorio una cucharada y después otra y las echa en la tetera, así como el sonido al verter el agua sobre las hojas de té, ruidos que provienen sin duda de la cocina. Sé que abre el frigorífico porque oigo el choque de la puerta contra la encimera. De nuevo se produce un silencio mientras deja que el té repose, y al poco tiempo me llega el tintineo de una taza y su plato al sacarlos del armario. No puedo oírlo verter el té en la taza, pero sí los pasos que van de la cocina al salón cuando atraviesa la casa con la taza en la mano. Se llama Thomas Selter.


He contado los días. Hoy es mi dieciocho de noviembre # 122. Me he alejado mucho del diecisiete y no sé si algún día veré el diecinueve. Sin embargo, el dieciocho vuelve una y otra vez. Llega poblando la casa de sonidos. Los sonidos de una persona. Se pasea por la casa y ahora se marcha.


Al pensar en ello ahora me resulta chocante que alguien pueda inquietarse tanto ante lo inverosímil, cuando sabemos que toda nuestra existencia descansa sobre hechos extraordinarios e improbables coincidencias. Que si estamos aquí se debe únicamente a dichas rarezas: que haya seres humanos en este que llamamos nuestro planeta, que podamos movernos por una esfera que gira en el espacio sideral lleno de objetos inconcebiblemente grandes con partes tan diminutas que el pensamiento no alcanza a entender cuántas son y cuán pequeñas. Que estos objetos infinitamente pequeños en medio de lo inconcebiblemente grande puedan mantener la unidad. Que nos mantengamos suspendidos. O simplemente que existamos, que cada cual haya venido a la existencia en tanto una sola de esas infinitas posibilidades. Llevamos en nosotros lo impensable todo el tiempo. Ya ha sucedido: somos inverosímiles, procedemos de una nube de increíbles coincidencias. Sería lógico pensar que semejante saber debería representar para nosotros al menos cierto pertrecho a la hora de afrontar lo inverosímil. Pero por lo visto sucede lo contrario. Nos hemos acostumbrado a vivir con ello sin sentir vértigo cada mañana, y en lugar de movernos vacilantes, con precaución, en un asombro continuo, vamos por la vida como si nada hubiera pasado, subestimamos lo extraordinario, y el vértigo solo aparece cuando la existencia se muestra como lo que es: inverosímil, imprevisible, extraordinaria.


Hicimos el amor en el suelo del salón. Siempre hemos tenido necesidad de pasar tiempo juntos. No somos de esas parejas que precisan estar lejos, echarse de menos y redescubrirse, marcharse y volver a encontrarse en un choque de amor. No es la distancia, las despedidas ni el reencuentro lo que nos une. Nuestra tónica ha sido siempre estar juntos, día tras día y noche tras noche, una y otra vez. Entre nosotros surge una conexión, un campo de fuerza que se intensifica según va transcurriendo la jornada, de forma que súbitamente, y por lo general al final de un largo día juntos, nos vemos quitándonos la ropa el uno al otro. En aquel momento, yacíamos en el suelo, sobre la alfombra con dibujos en blanco y negro, mientras fuera seguía lloviendo.

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LIBROS | Crítica de la novela de Ariana Harwicz ‘Perder el juicio’

La escritora Ariana Harwicz, autora de ‘Perder el juicio’ / EFE

En su nueva novela, la autora argentina afincada en Francia rediseña los afectos de unas vidas encarnizadas

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La literatura. Jorge Luis Borges

La literatura es un juego de convenciones tácitas; infringirlas parcial o absolutamente es una de las muchas felicidades. (de los muchos deberes) de ese juego de límites ignorados. Ejemplo: cada libro es un orbe ideal, pero suele agradarnos que su autor, en el ámbito de unas líneas, lo confunda con la realidad, con el universo.
Todo libro es la traducción de un arquetipo oscuro; todo escritor es un lector, un compilador, un intérprete.

Jorge Luis Borges
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Ismael López Gálvez. «La vida plena»

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Las supersticiones de la literatura. Manuel Vilas

La literatura, como la política, como la moral, como todo, está llena de supersticiones. Una de las grandes supersticiones de la novela la construyeron la pedagogía y los circunspectos catedráticos de la universidad, y es la que afirma que los personajes evolucionan psicológicamente. Pero cómo demonios va a evolucionar un personaje de novela si solo son frases escritas, palabras inventadas.

Manuel Vilas

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Un don suntuoso de la fortuna, Paul Valéry

No quedaba, en suma, más que una certeza, una sola; al menos, así aparecía para seres como yo. Pero no estaba solo. Solo quedaba una cosa verdaderamente intangible, algo contra lo cual ninguna obje… Origen: Un don suntuoso de la fortuna, Paul Valéry – Calle del Orco
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Al leer buena literatura… C.S. Lewis

La literatura ensancha nuestro ser al permitirnos experiencias que no nos pertenecen. Pueden ser hermosas, terribles, sobrecogedoras, estimulantes, patéticas, cómicas o simplemente atractivas. La literatura da cabida a todas ellas. Quienes hemos sido verdaderos lectores toda la vida no solemos darnos cuenta de la enorme extensión de nuestro ser que le debemos a los autores. Cuando mejor nos percatamos de ello es al hablar con un amigo que no lee. Puede que esté lleno de bondad y sentido común, pero vive en un mundo minúsculo en el que nosotros nos asfixiaríamos. El hombre que se conforma con ser él mismo y, por tanto, con un ser reducido, se halla en una cárcel. Mis ojos no me bastan… Ni siquiera me bastan los ojos de toda la humanidad. Lamento que los animales no puedan escribir libros. Me encantaría aprender cómo son las cosas para un ratón o una abeja, y más aún poder percibir el mundo olfativo de un perro, cargado de información y emoción. Al leer buena literatura me convierto en un millar de hombres y sigo siendo yo mismo. Como el cielo nocturno del poema griego, veo con miles de ojos, pero sigo siendo yo quien ve. Entonces, como en una oración, trasciendo en amor, en acción moral y en conocimiento; y al hacerlo es cuando realmente soy yo mismo.

C.S. Lewis

(A través de el blog de Casa de Letras)

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