P: ¿Puede hablar un poco de sus hábitos de trabajo? Escribe a partir de un esquema elaborado de antemano? ¿Salta de una sección a otra, o escribe la historia de forma lineal?
R: El esquema del objeto precede al objeto. Voy llenando los huecos del rompecabezas en cualquier sitio que me apetezca. Escribo los fragmentos en fichas hasta que la novela está terminada. Mi horario es flexible, pero soy bastante especial para el material de escritura: tarjetas Bristol con renglones y lápices bien afilados de mina no demasiado dura con goma de borrar en el otro extremo.
Ahora sí que es de noche y tenebrosa te acordás cuando el bando reclamaba una sola confianza por ambiente y de pocas bujías
el apagón es grande y extendido ahora sí que es de noche y de noche todas las leyes son pardas
la libertad está como boca de lobo la justicia no se ve ni las manos
el apagón es grande y extendido
préstame tu luciérnaga de pueblo su latido sin sombra su foco inagotable
mirá si estamos todos como perros guardianes y después apagala apagala y después pensemos o rumiemos o soñemos con los ojos bien abiertos hasta que llegue inexorable el día.
Primero llega la muerte y después el duelo, la desolación infinita.
Javier y yo éramos muy conscientes de lo extraordinario que era que nos hubiésemos conocido, que existiésemos en el mismo tiempo histórico y cronológico, con lugares de residencia más o menos cercanos, que nuestras trayectorias nos hubiesen llevado a coincidir en el momento vital adecuado para ambos.
Javier no está en ninguna parte. Y eso me resulta inconcebible más allá de lo que soy capaz de expresar.
Y sientes entonces un poco de pena por ti misma. Otro de los cambios que te resultan inaceptables, porque llevas toda la vida intentando no tener nada que ver con la autocompasión, justamente el sentimiento que te ronda insistente, sobre todo cuando piensas lo que pensaría quien tanto te cuidaba si pudiera vislumbrar la que ahora es tu realidad.
Esa transformación de los vocablos fascinaba a Javier. Le gustaba indagar en los orígenes y evolución del lenguaje. Y era muy meticuloso en el uso que hacía de él, lo que, entre otras cosas, nos daba para muchas carcajadas.
Por ejemplo, opinaba que no puede llamarse igual el golpe que te das al caerte en una ciudad pequeña que en una grande. Porque, mientras en esta última te das un golpe, un tortazo, un porrazo, etc., en una pequeña sólo puede ser una toña.
En Madrid habíamos ido dejando casi todo lo suyo digamos profesional, aunque Javier nunca se consideró un profesional de la escritura. Escribía un libro y, al terminar, nunca sabía si habría otro, porque nunca los escribía por encargo, ni con prisas. El mismo lo decía cuando le comentaban (y se lo comentaban mucho) que con un ordenador iría más rápido. No quería ir más rápido, al contrario, disfrutaba del proceso mismo de la escritura.
Yo sé todo lo que contienen sus libros -que he leído innumerables veces- y sé por qué lo contienen. Porque conozco el proceso de su pensamiento mientras los escribía, y también sus inquietudes, los meandros de sus reflexiones, los guiños, directamente a míy también a causa de otros, para que los más cercanos los detectáramos, el humor, tan importante para él en la vida, una de las piezas fundamentales de la convivencia y de la relación, sus dudas, no sólo de escritura, sino también a la hora de tocar determinados asuntos, algunos porque le dolían personal y profundamente.
El escritor francés Georges Perec, fotografiado en 1978.Louis MONIER (Gamma-Rapho via Getty Images)
‘La casa’, de Julien Gracq, y ‘Por qué Georges Perec’, escrito por Kim Nguyen Baraldi, una vez leídos, me llevaron a otros lugares, a otros mundos, inspecciones de todo tipo
Escucha mi deseo, siempre está ahí. Me quedo cerca de él, no lo abandono, es lo que me lleva, lo que me lleva a ti, lejos de mí, lejos de todo, lejos de la sangre que huye de mí, que me abandona y me quema. E incluso si yo no llego, incluso si no llego. Escucha, en las ruinas de mis huesos, en las piedras de mi carne, en el yeso del cielo, escucha. Aún queda un grillo, una canción. En ella puedes encontrarlo todo, renovar la alianza, el aire, la locura, la canción de cuna en mi sangre, en la voz de mi sangre que es más que mi sangre; escucha, te estoy llamando, te estoy llamando. Tengo frío, mucho frío.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)