Escribir novelas, Salter

Extracto del libro El arte de la ficción , que reúne tres conferencias dictadas por James Salter en 2015, poco antes de morir

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Lectura. «Relatos de Kolimá. II. La orilla izquierda», de Varlam Shalámov

La orilla izquierda reúne veinticinco cuentos en los que Varlam Shalámov continúa su cabal aproximación literaria a la vida de los confinados en los campos de trabajo siberianos, en el terrible desierto blanco de Kolimá. Con su dominio absoluto del relato breve y su admirable maestría para narrar lo que no puede ser narrado, el autor se Shalámov. Relatos de Kolimá. II. La orilla izquierdaenfrenta al reto de encontrar las palabras que traduzcan el inmenso dolor de aquellos hombres y mujeres que experimentaron el vacío de la pérdida del lenguaje y se vieron arrastrados al borde de la deshumanización. Relatos de Kolimá constituye una de las más grandiosas y desgarradoras epopeyas del siglo XX. Este volumen es el segundo de los seis que forman el ciclo general, que ahora se publica íntegro por primera vez en castellano y de acuerdo con la estructura que Shalámov dio a su obra.

 

Contraportada de la edición de Minúscula


 

Textos

Los olores se recuerdan como los versos, como los rostros humanos. El olor de este primer pus del campo se grabó para siempre en la memoria gustativa de Kubántsev. Luego recordó toda su vida aquel olor. Se diría que el pus huele igual en todas partes y que la muerte es la misma en cualquier lugar. Pues no, Kubántsev recordó cómo olían las heridas de aquellos primeros pacientes en Kolimá

En la celda hay ochenta personas, cuando es de veinticinco plazas. Las literas de hierro, pegadas a las paredes, se cubren de unas planchas de madera, pintadas de color gris, como el color de las paredes. Junto a a la letrina, al lado de la puerta, hay un montón de planchas de reserva; por la noche todo el pasillo se cubrirá de planchas dejando tan solo dos aberturas para poder sumergirse abajo, bajo las literas, allí también se colocan planchas  y sobre ellas también duermen presos. El espacio bajo las literas se llama «metro».

Allí está Svéshnikov, ingeniero en una fábrica química, al que su interrogador le dijo: «Este es tu sitio, fascista, inmundicia».

Misha Vigon, estudiante del Instituto de Comunicaciones: «He escrito al camarada Stalin una carta sobre todo lo que he visto en la cárcel.» Tres años. Misha Vigon ha sobrevivido, lo negó todo como un loco, renegando de todos sus compañeros, salió indemne de los fusilamientos y se convirtió en jefe de turno en la misma mina Partizán, en la que cayeron, donde fueron exterminados todos sus compañeros.

Kostia y Nika, dos escolares moscovitas de quince años que jugaban al fútbol en la celda con una pelota de trapo, eran unos terroristas: habían matado a Jandzhián. Mucho tiempo después me enteré de que a Jandzhián lo mató de un tiro Beria en su propio despacho. Y los chavales acusados de este asesinato, Kostia y Nika, cayeron en Kolimá en el año 1938, muriendo, aunque no les obligaron a trabajar; sencillamente murieron de frío.

Pocos espectáculoshay tan elocuentes como, colocados uno junto al otro, por un lado, los jefes de campo -caras rojas por el alcohol y cuerpos cebados, pesados, cargados de grasa- con sus chaquetones de piel de oveja resplandecientes como el sol, nuevecitos y malolientes, con sus gorros de orejeras de piel con bordados yakutos y guantes con brillantes adornos, y, por el otro, las figuras de los «terminales», de los «colillas» cubiertos de harapos con sus «humenates» desgarrones de guata sobre sus chalecos gastados, «terminales» con las mismas caras huesudas y sucias de donde asoma el brillo hambriento de sus hundidos ojos.

Y después llegó el día en que todos, los cincuenta trabajadores, dejaron el trabajo y corrieron al campamento, hacia el río, abandonado sus hoyos, sus zanjas, dejando sin cortar los los troncos, sin acabar de cocer la sopa en el puchero. Todos corrían más deprisa que yo arrastrándome, ayudándome en aquella carrera monte abajo con las manos, llegué a tiempo.

De Magadán había llegado un alto mando. El día era claro, templado, seco. Sobre un enorme tocón de alerce, frente a la tienda de campaña, había un gramófono. El gramófono sonaba, sobreponiéndose al chirrido de la aguja, tocaba una música sinfónica.

Y todos se reunieron alrededor: asesinos y ladrones de ganado, hampones y pardillos, capataces y trabajadores. Y el jefe se encontraba allí. Y la expresión de su cara era como si él mismo hubiera compuesto aquella música para nosotros, para nuestro campamento perdido en la taiga. El disco de baquelita giraba y crujía, y giraba el propio tocón, con cuerda para sus trescientos anillos, como un tenso muelle al que hubieran dado cuerda para tresicentos años.

Varlam Shalámov

Varlam Shalámov. Relatos de Kolimá. II. La orilla izquierda

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Un grito, una llamada: Alejandra Pizarnik

Pizarnik es toda una leyenda y, a la vez, alta poesía. Tan moderna como trágica, tan clásica como moderna […]

Origen: Un grito, una llamada: Alejandra Pizarnik

Jaime Siles

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Pessoa. Textos de una exposición. IX. Curso de arte (6). El paulismo

El paulismo es el culto insincero a la artificialidad.

Hay tres maneras de ser artificial: (1) cultivando la artificialidad como filosofía -el caso de Oscar Wilde; (2) representándose como admirador o encarnación de algo muy vil, criminal, violento y cínico; (3) fingiendo ser loco y encontrándole la gracia a pensar como lo haría un loco.

En ninguna obra mía, hecha en serio y con ambiciones de grandeza, hay una única frase paulista.

Fernando Pessoa, «El paulismo es, como nos dijo en la Brasileira»

(Texto de la exposición «Pessoa. Todo arte es una forma de literatura». Museo de Arte Reina Sofía, Madrid, 2018)

Pessoa

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Entrevista. ‘4321’, de Paul Auster: Paul Auster: “No estoy seguro de tener la fuerza necesaria para escribir otra novela”

El escritor Paul Auster en Madrid. INMA FLORES

Tras siete años de silencio en ficción, el escritor publica 4321 , donde usa elementos autobiográficos de su infancia

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Glenn Gould, Bach

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Reflexiones. Antonio Lobo Antunes

Lo que de verdad me inquieta es la resignación. Ese momento en que uno decide parar. Mi padre murió el día en que se paró y se sentó en una silla mirando al mar. Algo dentro de él cambió. Pienso en los esquimales que se sientan en el hielo y pienso que la mayor parte de la gente está sentada en el hielo. Es gente muerta sin saberlo. ¡Qué vidas tan mal empleadas! Somos casas con muchas habitaciones, pero sólo somos capaces de vivir en dos o tres. Tenemos mucho miedo a lo que está dentro de nosotros.

Lobo Antunes

Antonio Lobo Antunes

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Álbum de librerías incompleto, 90

Librería de Bucarest 

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Librería de Bucarest

 

 

 

 

 

Librería de Bucarest 1

Librería de Bucarest 2

 

 

 

 

 

 

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En el café Les Deux Magots, París

 

 

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Apollinaire se sentaba a un metro de aquí a la izquierda.

Borges se sentaba a medio metro de aquí a la derecha. […]

Origen: En el café Les Deux Magots, París

Raquel Chalfi

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Consejo cortaziano

Cortázar 5

Yo le aconsejarla a cualquier escritor joven que tiene dificultades de escritura, si fuese amigo de dar consejos, que deje de escribir un tiempo por su cuenta y que haga traducciones; que traduzca buena literatura, y un día se va a dar cuenta que él puede escribir con una soltura que no tenía antes.

Julio Cortázar

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