Descargas: «Diarios íntimos», Charles Baudelaire

Baudelaire

Los textos conocidos como Diarios íntimos —en verdad anotaciones marginales, entrevisiones, ensayos en estado larval—, constituyen una inigualable introducción del pensamiento vivo de Baudelaire. Con estas astillas y estallidos —los títulos de ambas secciones son: Mi corazón al desnudo y Cohetes— queda demostrada una vez más esa noción central de un arte logrado, aquel capaz de materializar las más personales intuiciones a la vez que de hacerse coherente con un pensamiento implícito, no siempre visible a primera vista, pero activo. Es en la crítica a la sociedad moderna y, dentro de ella, a ciertos preconceptos acerca del escritor y la literatura, donde persiste nítida la actualidad del gran poeta francés.

Origen: Charles Baudelaire – Diarios íntimos

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¡Cuántos libros!

Cuántos libros, dios mío, y qué poco tiempo y a veces qué pocas ganas de leerlos! Mi propia biblioteca donde antes cada libro que ingresaba era previamente leído y digerido, se va plagando de libros parásitos, que llegan allí muchas veces no se sabe cómo y que por un fenómeno de imantación y de aglutinación contribuyen a cimentar la montaña de lo ilegible y entre estos libros, perdidos, los que yo he escrito. No digo en cien años, en diez, en veinte ¡qué quedará de todo esto!.

Julio Ramón Ribeyro  Julio Ramón RibeyroProsas apátridas

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Video. «Diles que no me maten», en la voz de Juan Rulfo

 

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La bandera de la imaginación

Texto de André Breton

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Tienes acceso a miles de eBooks gratis y no lo sabías (hasta ahora)

Leer en papel es lo mejor que hay, en eso podemos estar de acuerdo. Sin embargo, cuando vas o vuelves con las manos vacías en el metro o en el autobús, cuando te cansas de leer el libro que te llevaste de viaje y quieres otro, necesitas otro, matarías por otro, cuando estás en la cama, con esa tablet nueva que te has comprado y que apenas utilizas y todos los libros están en el salón […]

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Álbum de Bibliotecas en construcción, CI

Biblioteca Codrington, Oxford, Reino Unido

Biblioteca Codrington, Oxford, Reino Unido

 

Biblioteca Comunale de Palermo, Palermo, Italia

Biblioteca Comunale de Palermo, Palermo, Italia

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Rimbaud y Lautréamont – Roberto Bolaño

– La devoción de Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-2003) por la poesía y los poetas, y en particular por Arthur Rimbaud e Isidore Ducasse, el conde de Lautréamont, no es ningún secreto.…

Origen: Rimbaud y Lautréamont – Roberto Bolaño

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Escritores

W. H. Auden

Un poeta no puede leer a otro poeta, ni un novelista a otro novelista, sin comparar sus respectivas obras. Al tiempo que lee, va diciéndose: «¡Por Dios! ¡Si este es mi bisabuelo! ¡Mi tío! ¡Mi enemigo! ¡Mi hermano! ¡Mi hermano idiota!

W.H. Auden

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Entrevista con Orhan Pamuk

Orhan Pamuk: «El novelista debe conectar la realidad con los grandes ideales»

El escritor turco visita España para presentar su nueva novela, La mujer del pelo rojo (Literatura Random House), una reflexión sobre las relaciones paternofiliales y la lucha entre individualidad y autoritarismo, enlazada con dos mitos fundacionales de Oriente y Occidente cuya vigencia permanece hoy en día.

Origen: Orhan Pamuk: «El novelista debe conectar la realidad con los grandes ideales»

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Lectura. «Sueño de trenes», de Denis Johnson

Denis Johnson, autor estadounidense, nacido accidentalmente en Múnich en 1949, llega, por fortuna, periódicamente a nuestras librerías. Autor de culto, se nos presenta siempre con la mitología pertinente y la ristra de ajos de los Hawthorne, Melville, O’Connor colgada al cuello. En esas circunstancias, ¿qué demonios puede hacer un crítico con la corona de laurel o la estaca de madera? ¿Con respecto a qué baremos se puede juzgar o comparar un autor como Johnson? ¿Con respecto a su propia obra, con entregas como «Hijo de Jesús» o «Árbol de humo»?¿Con la del resto de novedades? Johnson es un trozo de escritor que hace deslizar desde lo alto de su aislamiento su «Sueño de trenes» para que dé la buena nueva al mundo. Y aquí la esperamos. Todas las veces que quiera.

La mitología yanqui. Caída y redención. Johnson se metió todo lo que fuera inyectable, esnifable y bebible. Todo eso fue destilado literariamente en los relatos del más que recomendable «Hijo de Jesús».El libro fue vendido a su editor por la misma cantidad que nuestro hombre debía en impuestos. Podríamos hablar de Johnson como de Bukowski, Thompson o Johnny Cash. En este caso, la mitología nos habla de un autor exyonqui, encerrado en su vida privada, sin contacto con los medios y que estuvo a punto de ganar un Pulitzer con este libro en 2011.

Denis Johnson. Sueños de trenesPara muchos, Johnson es uno de los grandes en activo, a la búsqueda de ese plus que le haga maestro y no el mejor alumno de la clase. De pegada precisa, prosa cincelada, honesto en lo que escribe y sabedor de que una palabra de más lleva al artificio. Poeta, dramaturgo y narrador con prestaciones que lo pueden acercar a Carver, a Hemingway o a cualquiera de los popes de la tradición estadounidense en la que él —gloriosamente— inserta a veces un humor casi de comedia gamberra.

«Sueños de trenes» es una novela corta publicada en «The Paris Reviewen 2002» y que fue apareciendo en antologías hasta su publicación como libro en 2011. Escrita como una epopeya de la vida de un hombre cualquiera, Robert Grainier (1893 -1968), quiere dar fe de una época, de un mundo extinguido, cruel y hermoso por su libertad con respecto a los dominios del ser humano. Grainier es un jornalero del Oeste. Se gana la vida en aserraderos de los grandes bosques y en la construcción aquí y allá de la línea ferroviaria, que dejará en cautividad el mundo salvaje que dibuja Johnson. Trata de asentarse en una granja, se casa, tiene una hija, pero una tragedia le rompe la vida en dos. Grainier, como ha hecho siempre, se levanta y sigue viviendo. Es un mundo de hechos, no de interpretación de estos. Un mundo en el que los hombres no tratan de entender los hachazos de la vida, los accidentes, los comportamientos de sus semejantes. Sin psicoanálisis, sin control, sin responsabilidad, sin culpabilidad, sin conciencia ni juicios. En el que las cosas pasan porque hay fuerzas superiores e incomprensibles como la naturaleza, la suerte. Esta visión de un universo opuesto al nuestro es destilado con maestría por Johnson. Lees «Sueños de trenes» como si patinases sobre hielo. Texto muy bien escrito, cada frase pesada y medida, con dosis justa de sentido del humor o realismo mágico en ocasiones, y una narración que no se detiene. Sin embargo, los sueños de estos trenes los miramos desde dentro de los vagones, a través de las ventanas y nunca —o casi nunca— los sentimos. Casi nunca te pellizca lo narrado. No sería un impedimento para otro tipo de libro, pero sí para este, donde el escenario ha de ser algo más que el paisaje al fondo del cuadro. No es un problema de distanciamiento del personaje con lo que le sucede, sino del lector y el autor con el marco. Se siente ese mirar a través de una ventana sin un solo arañazo descriptivo o emocional.

Carlos Zanón. Babelia


 

Textos

Entretanto, Robert Grainier dejó atrás su treinta y cinco cumpleaños. Echaba de menos a Gladys y a Kate, a su Pequeña y a su Más Pequeña, pero había vivido treinta y dos años soltero antes de encontrar mujer, de manera que se limitó a acomodarse nuevamente en una soledad tranquila, allí, entre las píceas incontables. Grainier trabajaba de cargador, aunque no en el apeadero, sino en el bosque, donde los aserradores operaban en parejas para derribar las píceas, los podadores se aplicaban a limpiarlas con las hachas, los leñadores las cortaban en secciones de seis metros de largo y por fin los cargadores las enlazaban con cables para que los caballos se las pudieran llevar. A Grainier le gustaban el trabajo, el esfuerzo, la fatiga mareante y el descanso profundo al final de la jornada. Le gustaban la grandiosidad que tenían las cosas en el bosque, la sensación de estar perdido y lejos de todo y la idea de que, entre tantos árboles que montaban la guardia, el peligro jamás lo podría encontrar.

Tres de los cachorros se escaparon en cuanto la perrilla los destetó, pero el cuarto, un macho torpón, se quedó, y su madre lo toleró. Grainier estaba seguro de que aquel perro era hijo de lobo, pero ni siquiera gimoteaba a modo de respuesta cuando al anochecer aullaban las manadas lejanas, algunas de las cuales se oían desde las montañas Selkirk, en la Columbia Británica. Grainier tuvo la sensación de que a aquella criatura había que enseñarle su naturaleza. Una noche se le puso al lado y empezó a aullar. El cachorrillo se limitó a quedarse allí sentado, con un par de dedos de lengua rosada asomándole estúpidamente de la boca cerrada. —No estás creciendo en la dirección que te señala tu naturaleza, que es aullar cuando aúllan los demás —le dijo al mestizo. Grainier se irguió mucho y se dedicó a aullar larga y tristemente en dirección a la cañada y a aquel río hundido y silencioso que a duras penas acertaba a ver ya, con el cielo tan oscuro… Pero el cachorro, nada de nada. Y sin embargo, a partir de aquel día, cuando Grainier oía a los lobos al anochecer, a menudo echaba la cabeza hacia atrás y aullaba con todas sus fuerzas, porque le sentaba bien. Le quitaba de encima algo pesado que se le solía acumular dentro del corazón, y después de cada sesión vespertina con su coro de lobos de la Columbia Británica, se sentía animado y alegre.

Después de aquello Grainier vivió en la cabaña también en invierno. La mayoría de los años, por enero, cuando más alta era la capa de nieve, el valle parecía paralizado en un silencio perpetuo, aunque la realidad era que a menudo se llenaba del retumbar de los trenes y de los coros lejanos de lobos y del farfullar enloquecido y más próximo de los coyotes. También de los aullidos de Grainier, que había adoptado igual que otra gente practica un deporte.

Corría mediados de noviembre, pero todavía no había nevado. La luna salía alrededor de la medianoche y se quedaba suspendida por encima del monte Queen hasta las diez de la mañana. Los días eran breves y luminosos y las noches despejadas y frías. Y sin embargo, las noches estaban llenas de una histeria escandalosa. Aquellas noches, el silbato ponía en pie de guerra primero a los coyotes y después a los lobos. Su compañera, la perra de pelo rojizo, también estaba allí fuera: Grainier llevaba días sin verla. Por fin, la noche en que llegó la luna llena dio la impresión de que el coro era más numeroso que nunca. Más enloquecido. Y más lastimero. Los lobos y coyotes se pasaron la noche entera aullando sin descanso, centenares de ellos a juzgar por el ruido, más de los que Grainier había oído nunca, y también parecía haber entre ellos otras criaturas, búhos, águilas —él no sabía exactamente qué—, hasta el último animal provisto de voz de los picos y las montañas que dominaban el valle del Moyea, como si nada pudiera tranquilizar a ninguna bestia de Dios. Grainier no se atrevía a dormir, le daba la impresión de que aquello era alguna clase de enorme anuncio, tal vez las alarmas del fin del mundo. Echó leña a la estufa y se plantó a medio vestir en la puerta de la cabaña para contemplar el cielo. Era una noche sin nubes, y reinaba una luna blanca y ardiente que borraba las estrellas y convertía las montañas en siluetas grises. Parecía haber una manada aullando muy cerca, que además se iba acercando más, quizá ladrando mientras corrían. Y de repente las bestias invadieron el claro y sus alrededores, una multitud de siluetas y sombras, vociferando, y varias pasaron rozándolo, tocando su cuerpo plantado en la puerta, y él llegó a oír cómo sus pezuñas almohadilladas batían el suelo de tierra. Antes de que su mente pudiera decir «Tengo el jardín lleno de lobos», ya se habían marchado. Todos salvo una. Todos salvo la chica-lobo.

Denis Johnson

Denis Johnson. Sueños de trenes.

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