Libros para leer en agosto: ¿Qué tocho de más de 500 páginas hay que leerse en verano?

ULISES CULEBRO

Había una broma, sacada de una novela de David Trueba, que decía que cualquier producto o servicio al que se le añadiera las palabras «de verano» estaba devaluado. ¿Qué es el cine de verano? En resumen, un cine peor. ¿El tinto de verano? Un tinto peor. ¿El amor de verano? […]

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Video. Daniel Pennac

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‘El día de mañana’: Instrucciones para ver una novela

El cineasta Mariano Barroso y el escritor Ignacio Martínez de Pisón. JAIME VILLANUEVA

El autor del libro y el director de la serie comentan el proceso de adaptación

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Álbum de Bibliotecas en construcción. CVIII

Fotos: Las 20 bibliotecas más impresionantes del mundo

Del fotogénico interior de la biblioteca pública de Stuttgart, en Alemania, al moderno edificio de acero y cristal proyectado por Rem Koolhaas para la Biblioteca Central de Seattle, o la famosa Long Room del Trinity College, en Dublín, 20 salas de lectura que cautivan a estudiosos y a viajeros

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Sabina, hay canciones que conocen nuestros secretos

Sabina y Benjamín Prado, el autor de este artículo, han escrito juntos muchas canciones. Nadie como él para decir que el cantante tiene lo que Paul Valéry le pedía a un buen poeta

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Mi casa, esta mujer. Santiago Kovadloff

Mi casa es esta mujer que ahora duerme a mi lado. Como ella, con ella, todo a mi alrededor reposa. Cuando ella despierte, también lo harán las cosas. Volverán a abrirse las puertas, correrá el agua otra vez, los pasos avivarán la vieja escalera, caerá de nuevo la luz sobre las plantas. Yo retornaré a mi mesa, a las palabras, y su voz, como un halo, circundará mi día. Cuando ella se haya ido a su trabajo, alzaré los ojos de la página, y un tapiz, un clavel, un amuleto inesperado en la cocina de la casa repetirán el nombre de esta mujer que todo lo pobló con su presencia y el acierto de sus manos. Ella es mi casa, puerta mayor de acceso al sentido de estos cuartos. Si el egoísmo o la indiferencia quiebran nuestro encuentro, la casa se oscurece. Como una dura denuncia de soledad sin remedio, las paredes se cargan de presagios, se repliega el color de cada cosa, la casa se vacía, y habitarla es quedar a la intemperie. Mi casa es esta mujer que ahora duerme a mi lado. Cuando ella anda lejana, todo es lejano en la casa; con ella se van en tropel las cosas de mi entorno, y estar aquí se vuelve una tortura; acosa cada sitio, cada paso lastima, rincones y objetos se hacen inservibles. Y la casa recuerda, en un susurro triste, que alguna vez supimos ser mejores. Si renace la alegría, renace la casa. Cuando la lucidez o el deseo vuelven a reunirnos, la casa otra vez se ilumina: tienen sentido mis papeles, cada cuarto es la evidencia de un proyecto. La casa entera es una fiesta y por la vieja escalera vuelve a correr el aliento suave y denso de la vida.

Santiago Kovadloff

Santiago Kovadloff.

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Jacqueline Goldberg. Poética

Arados los poemas,
arados los filos ya arados de una tarde en Estambul.

O en Bucarest, qué importa.

Igual nunca iré,
ya nunca más iré a otra envergadura que no sea propia.

La huida se forja en la cintura,
nunca en los pies, como creen los abandonados.

Jamás se cruza un río con las caderas adormiladas,
tampoco se hace uno reincidente de las frondas.

Por eso echarse a la porfía
conlleva el riesgo de legar flores o escrúpulos.

La esencia está en el poema que ruma infeliz.
Y el poema, más allá,
bestia vidriada, conjetura desertora,
siempre está de paso.

Jacqueline Goldberg

Jacqueline Goldberg

(A través de «Zoopat»)

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Adolfo Bioy Casares. Acerca de la muerte de Borges

Sábado, 14 de junio de 1986

Almorcé en La Biela, con Francis. Después decidí ir hasta el quiosco de Ayacucho y Alvear, para ver si tenía «Un experimento con el tiempo». Quería un ejemplar para Carlos Pujol y otro para tener de reserva. Un individuo joven, con cara de pájaro, que después supe que era el autor de un estudio sobre Eddas que me mandaron hace meses, me saludó y me dijo, como excusándose: «Hoy es un día muy especial». Cuando por segunda vez dijo esa frase le pregunté: «¿Por qué?». «Porque falleció Borges. Esta tarde murió en Ginebra», fueron sus exactas palabras. Seguí mi camino. Pasé por el quiosco. Fui a otro de Callao y Quintana, sintiendo que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges. Que a pesar de verlo tan poco últimamente yo no había perdido la costumbre de pensar: «Tengo que contarle esto. Esto le va a gustar. Esto le va a parecer una estupidez». Pensé: «Nuestra vida transcurre por corredores entre biombos. Estamos cerca unos de otros, pero incomunicados. Cuando Borges me dijo por teléfono desde Ginebra que no iba a volver y se le quebró la voz y cortó, ¿cómo no entendí que estaba pensando en su muerte? Nunca la creemos tan cercana. La verdad es que actuamos como si fuéramos inmortales. Quizá no pueda uno vivir de otra manera. Irse a morir a una ciudad lejana… tal vez no sea tan inexplicable. Cuando me he sentido muy enfermo a veces deseé estar solo: como si la enfermedad y la muerte fueran vergonzosas, algo que uno quiere ocultar».

Yo, que no creo en otra vida, pienso que si Borges está en otra vida y yo ahora me pongo a escribir sobre él para los diarios, me preguntará: «¿Tu quoque?».

 

Adolfo Bioy Casares
Adolfo Bioy Casares
(A través de «Biblioteca Ignoria»)
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No, tu historia no da para un libro

Con frecuencia la gente piensa que cualquier ocurrencia o aventura merece ser narrada y publicada. Pero no todo sirve para una obra, ni todos somos buenos escritores

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Tanto tiempo en tinieblas, sin ver la luz. Dostoyevski

Hoy reina en todas partes y no ha llegado aún la hora de su fin. Hoy todos aspiran a separar su personalidad de las demás personalidades, gozar individualmente de la plenitud de la vida. Sin embargo, los esfuerzos de los hombres, lejos de alcanzar sus fines, conducen a un suicidio total, ya que, en vez de conseguir la plena afirmación de su personalidad, los seres humanos caen en la soledad más completa. En nuestro siglo, todos los hombres se han fraccionado en unidades. Cada cual se aísla en su agujero, se aparta de los demás, se oculta con sus bienes, se aleja de sus semejantes y aleja a sus semejantes. Amasa riquezas él sólo, se felicita de su poder y de su opulencia, y el insensato ignora que cuantas más riquezas reúne, más se hunde en una impotencia fatal. Porque se ha habituado a contar sólo consigo mismo y se ha desligado de la colectividad; se ha acostumbrado a no creer en la ayuda mutua, ni en su prójimo, ni en la humanidad, y tiembla ante la sola idea de perder su fortuna y los derechos que ésta le otorga. Hoy el espíritu humano empieza a perder de vista en todas partes, cosa ridícula, que la verdadera garantía del individuo radica no en su esfuerzo personal aislado, sino en su solidaridad. Este terrible aislamiento terminará algún día, y entonces todos los hombres comprenderán que su separación es contraria a todas las leyes de la naturaleza, y se asombrarán de haber permanecido tanto tiempo en las tinieblas, sin ver la luz.

Dostoievski  Fiodor DostoyevskiLos Hermanos Karamazov

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