Escribí este libro para mí mismo, y ni de eso estoy muy seguro. Durante mucho tiempo sólo fueron páginas sueltas que releía y tal vez corregía convencido de que no tenía tiempo. ¿Pero tiempo para q…
P.: ¿Cumple algún propósito útil la crítica literaria, ya sea en general o en relación con sus propios libros? Puede ser instructiva en alguna circunstancia?
R.: El propósito de la crítica es que el crítico diga algo sobre un libro que tal vez haya leído y tal vez no. La crítica puede ser instructiva en el sentido de que ofrece a los lectores y al autor del libro información sobre la inteligencia o la honestidad del crítico. O sobre ambas cosas.
P.: ¿Y la función del editor? Le ha ofrecido un editor alguna vez recomendaciones literarias útiles?
R.: Cuando dice “editor” supongo que se refiere a los revisores o correctores de pruebas. Entre ellos he conocido a criaturas límpidas de infinito tacto y ternura que hablan conmigo sobre la conveniencia de un punto y coma como si fuera una cuestión de honor —y una discusión sobre una cuestión artística, en efecto, lo es en muchos casos—. Pero también me he cruzado con unos cuantos mastuerzos pomposos y paternalistas que tratan de “hacer sugerencias”, y tengo que pararles los pies con un bramido.
Vladímir Nabokov
Entrevista con Vladímir Nabokov (“The Paris Review”. 1953-1983)
Entonces no me des un motivo por favor No le des conciencia a la nostalgia, La desesperación y el juego. Pensarte y no verte Sufrir en ti y no alzar mi grito Rumiar a solas, gracias a ti, por mi culpa, En lo único que puede ser Enteramente pensado Llamar sin voz porque Dios dispuso Que si Él tiene compromisos Si Dios mismo le impide contestar Con dos dedos el saludo Cotidiano, nocturno, inevitable Es necesario aceptar la soledad, Confortarse hermanado Con el olor a perro, en esos días húmedos del sur, En cualquier regreso En cualquier hora cambiable del crepúsculo Tu silencio Y el paso indiferente de Dios que no ve ni saluda Que no responde al sombrero enlutado Golpeando las rodillas Que teme a Dios y se preocupa Por lo que opine, condene, rezongue, imponga. No me des conciencia, grito, necesidad ni orden. Estoy desnudo y lejos, lo que me dejaron, Giro hacia el mundo y su secreto de musgo, Hacia la claridad dolorosa del mundo, Desnudo, sólo, desarmado bamboleo mi cuerpo enmagrecido Tropiezo y avanzo Me acerco tal vez a una frontera A un odio inútil, a su creciente miseria Y tampoco es consuelo Esa dulce ilusión de paz y de combate Porque la lejanía No es ya, se disuelve en la espera Graciosa, incomprensible, de ayudarme A vivir y esperar. Ningún otro país y para siempre. Mi pie izquierdo en la barra de bronce Fundido con ella. El mozo que comprende, ayuda a esperar, cree lo que ignora. Se aceptan todas las apuestas: Eternidad, infierno, aventura, estupidez Pero soy mayor Ya ni siquiera creo, En romper espejos En la noche Y lamerme la sangre de los dedos Como si la hubiera traído desde allí Como si la salobre mentira se espesara Como si la sangre, pequeño dolor filoso, Me aproximara a lo que resta vivo, blando y ágil. Muerto por la distancia y el tiempo Y yo la, lo pierdo, doy mi vida, A cambio de vejeces y ambiciones ajenas Cada día más antiguas, suciamente deseosas y extrañas. Volver y no lo haré, dejar y no puedo. Apoyar el zapato en el barrote de bronce Y esperar sin prisa su vejez, su ajenidad, su diminuto no ser. La paz y después, dichosamente, en seguida, nada. Ahí estaré. El tiempo no tocará mi pelo, no inventará arrugas, no me inflará las mejillas Ahí estaré esperando una cita imposible, un encuentro que no se cumplirá.
Una de las cosas que me parecen más artificiales en la mayor parte de la ficción al uso es que operan como si la experiencia, el pensamiento y la percepción tuvieran un carácter lineal y singular, como si solo pensáramos o sintiéramos una sola cosa en cada momento.
Porque hemos cruzado el río y el viento no ofrece más que un despliegue insensible de frío y nos hemos adaptado con resignación, sin esperar más que lo que nos ha sido dado, ni preguntarnos cómo fue que vinimos a este lugar; no nos importa que nada haya resultado como esperábamos. No hay modo de despejar la bruma en que vivimos, no hay modo de saber que hemos soportado otro día. La nieve silenciosa del pensamiento se funde antes de poder afirmarse. El lugar donde estamos es una conjetura. Las puertas hacia ninguna parte se multiplican y el presente está tan lejos, tan hondamente lejos.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)