Entrevista con Piedad Bonnett

 

CARLOS SPOTTORNO

Piedad Bonnett: “Escribir desde las tripas es algo femenino”

La escritora colombiana transita en su literatura los matices del dolor, de lo estremecedor, para tratar de digerir la vida. Con la honestidad como brújula, habla de sus propias heridas y las de su país, golpeado por el narcotráfico e inmerso en un pedregoso proceso de paz con la guerrilla tras décadas de violencia.

Origen: Piedad Bonnett: “Escribir desde las tripas es algo femenino” | EL PAÍS Semanal

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Yo escribo sólo para comunicarme. Natalia Ginzburg

Natalia Ginzburg  Rome 1989  Foto  LeemageYo escribo sólo para comunicarme. El mundo se ha transformado en algo incomprensible. Ya vimos la estupefacción de Sartre, Kafka, Camus, frente al absurdo del mundo. No intento entenderlo. Solamente describirlo.

Natalia Ginzburg

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Cuaderno de poemas. Gil de Biedma

Noches del mes de junio

A Luis Cernuda

Alguna vez recuerdo
ciertas noches de junio de aquel año,
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve)
porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba,
nada más
que la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.

Eran las noches incurables
y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.

Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
o soñé con venderme al diablo,
que nunca me escuchó.
Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos.

Jaime Gil de Biedma

Jaime Gil de Biedma

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El mal lector. Amos Oz

El mal lector me exige que le desmenuce el libro que he escrito; pretende que con mis propias manos tire mis uvas a la basura y le dé sólo las pepitas. El mal lector es una especie de amante psicópata que se abalanza sobre una mujer y le desgarra la ropa y, cuando ya está desnuda del todo, le arranca la piel, abre su carne con impaciencia, rompe el esqueleto y al final, cuando ya ha roído los huesos con sus ávidos dientes amarillos, sólo entonces se queda satisfecho: ya está. Ahora estoy dentro del todo. He llegado. ¿Adónde ha llegado? De vuelta al viejo, trillado y banal esquema, al conjunto de estereotipos que, como todos, el mal lector conoce desde hace tiempo y por tanto se siente cómodo con ellos y sólo con ellos: los personajes del libro no son más que el escritor en persona, o sus vecinos, y el escritor y sus vecinos, evidentemente, no son ningunos santos, al fin y al cabo son unos degenerados como todos nosotros. Cuando se llega hasta el hueso, se pone de manifiesto que «todos somos iguales». Y eso es precisamente lo que el mal lector busca con ansia (y encuentra) en cualquier libro. Por otra parte, el mal lector, al igual que el impúdico entrevistador, se relaciona siempre con cierta desconfianza hostil, con cierta animadversión puritano-santona con la obra, con la creación, con los ardides y las exageraciones, con los rituales del cortejo, con la ambivalencia, la musicalidad y la musa, con la propia imaginación: estaría dispuesto a husmear a veces en una obra literaria compleja, pero sólo con la condición de que se le asegurase de antemano la satisfacción «subversiva» que se encuentra en el degüelle de las vacas sagradas, o la satisfacción agrio-puritana a la que son adictos todos los consumidores de escándalos y «exhibicionismos» a la carta que ofrece la prensa amarilla. Al mal lector le satisface la idea de que el gran Dostoievski en persona fuera sospechoso de una turbia tendencia a robar y asesinar a ancianas, o que William Faulkner estuviera implicado en alguna relación incestuosa, Nabokov mantuviera relaciones sexuales con menores, Kafka fuera sospechoso a los ojos de la policía (y no hay humo sin fuego), y A. B. Yehoshua quemara bosques del Keren Kayemet (hay humo y hay fuego), por no hablar de lo que Sófocles les hizo a su padre y a su madre, ¿cómo si no habría podido describirlo de una forma tan real?, más real incluso que la vida misma.

Amos Oz

Amos Oz. Una historia de amor y oscuridad

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William Carlos Williams: «Dedicación a un pedazo de tierra»

William Carlos Williams, Rutherford, 1883-1963. Extraído de ¡Al que quiere!, 1917. En William Carlos Williams, Selected Poems, New Directions Book, New York, 1985. Traducción de © Silvia Ca…

Origen: Dedicación a un pedazo de tierra – William Carlos Williams

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Ventana a YouTube. Nina Simone- Misissippi goddam (subtitulos en español)

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La muerte «absurda» de Albert Camus

El Nobel de Literatura calificaba de «idiota» el fallecimiento del ciclista Fausto Coppi en un supuesto accidente de tráfico, un día antes de que a él le ocurriera eso mismo en la carretera de Borgoña

Origen: La muerte «absurda» de Albert Camus

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Álbum de librerías incompleto. 110

Las 15 librerías más antiguas de España

Hacemos un listado repasando cuáles son las librerías más antiguas de España y dónde están estas librerías históricas.

Origen: Las 15 librerías más antiguas de España – Librópatas

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Mi Hemingway personal, Gabriel García Márquez

Lo reconocí de pronto, paseando con su esposa, Mary WeIsh, por el bulevar de Saint Michel, en París, un día de la lluviosa primavera de 1957. Caminaba por la acera opuesta en dirección del jardín d…

Origen: Mi Hemingway personal, Gabriel García Márquez – Calle del Orco

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El buen lector. Amos Oz

Aquel que busca el corazón del relato en el espacio que está entre la obra y quien la ha escrito se equivoca: conviene buscar no en el terreno que está entre lo escrito y el escritor, sino en el que está entre lo escrito y el lector.

[…] el espacio que el buen lector prefiere labrar durante la lectura de una obra literaria no es el terreno que está entre lo escrito y el escritor sino el que está entre lo escrito y tú mismo. En vez de preguntar: «Cuando Dostoievski era estudiante, ¿de verdad asesinó y robó a ancianas viudas?», prueba tú, lector, a ponerte en el lugar de Raskolnikov para sentir en tus carnes el terror, la desesperación y la perniciosa miseria mezclada con arrogancia napoleónica, el delirio de grandeza, la fiebre del hambre, la soledad, el deseo, el cansancio y la añoranza de la muerte, para hacer una comparación (cuyo resultado se mantendrá en secreto) no entre el personaje del relato y los distintos escándalos en la vida del escritor, sino entre el personaje del relato y tu yo secreto, peligroso, desdichado, loco y criminal, esa terrible criatura que encierras siempre en lo más profundo de tu mazmorra más oscura para que nadie pueda adivinar jamás la esencia de tu existencia, ni tus padres, ni tus seres queridos, no sea que se aparten de ti con espanto igual que se huye ante un monstruo.

Amos Oz

Amos Oz. Una historia de amor y oscuridad

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