Un cronopio encuentra una flor solitaria en medio de los campos. Primero la va a arrancar, pero piensa que es una crueldad inútil y se pone de rodillas a su lado y juega alegremente con la flor, a saber: le acaricia los pétalos, la sopla para que baile, zumba como una abeja, huele su perfume, y finalmente se acuesta debajo de la flor y se duerme envuelto en una gran paz. La flor piensa: «Es como una flor».
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Pues en la hora oscura, tal vez la más oscura, en pleno día, ocurrió esa cosa que no quiero siquiera intentar definir. En pleno día era noche, y esa cosa que no quiero todavía definir es una luz tranquila dentro de mí, y la llamaría alegría, alegría mansa. Estoy un poco desorientada como si me hubieran arrancado el corazón, y en lugar de él estuviera ahora la súbita ausencia, una ausencia casi palpable de lo que antes era un órgano bañado de oscuridad, de dolor. No estoy sintiendo nada. Pero es lo contrario del sopor. Es un modo más leve y más silencioso de existir.
Olga Tokarczuk mira un mapa tras la entrevista con el Magazine de La Vanguardia (Kim Manresa)
Olga Tokarczuk, premio Nobel de Literatura: “Quiero emborrachar al lector”
El coronavirus ha hecho confinarse a la premio Nobel de Literatura Olga Tokarczuk en su casa de campo y anular todos los viajes previstos. Poco pródiga en entrevistas desde que le concedieron el máximo galardón literario del mundo, hace una excepción con el ‘Magazine’, el primer medio en español del mundo al que recibe desde entonces. El encuentro tuvo lugar […]
Componer una novela es un proceso largo -gentes, lugares- y no es posible retenerlo todo en la cabeza. Hay demasiados detalles. «Has de tener una capacidad enorme de resistencia para ser novelista -dijo Anthony Powell-. Tienes que hacer un montón de tareas aburridas y perseverar día tras día, y si no eres capaz de eso, poco importa que tengas toda la imaginación del mundo». Según él, era una cuestión de aguante, «como casi todo en la vida».
Debes tener presentes muchas cosas, incluso más allá de dónde está cada cual y qué ha ocurrido. ¿Has dicho esto antes? ¿Se te ha pasado escribir aquello? ¿Has usado demasiado esta palabra concreta? Según de qué palabra se trate, puede que con aparecer una sola vez en un libro ya baste. Inevitablemente hay notas clavadas en la pared o pegadas en un guión.
John Masters, un novelista que había sido general en el ejército de la India, escribía en unas fichas grandes la biografía y la descripción de cada personaje de su libro, a fin de poder evocarlos en cualquier momento y de que fuesen coherentes. Céline, cuando vivía en Meudon, a las afueras de París, después de la guerra, trabajaba en una mesa de cocina sobre la que había un cordel para tender la ropa. En el cordel colgaba los capítulos del libro que estaba escribiendo. Entonces ya había caído en desgracia. Después de la guerra lo encarcelaron por colaboracionismo con los nazis. Lo habían declarado una vergüenza nacional.
Podría dar una respuesta aparentemente poética: “Para no morirme”. Pero es falso: yo seguiría vivo y probablemente con mejor salud si no hubiera optad…
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)