Benito Pérez Galdós es uno de los grandes escritores españoles de todos los tiempos y uno de los más representativos del siglo XIX del panorama europeo.
Cuando murió Narciso, el remanso de su placer se trocó de una copa de aguas dulces en una copa de lágrimas saladas, y llegaron llorando a través de los bosques las ninfas de las montañas, las oréades, para consolar al remanso con su canto.
Y cuando vieron que el remanso se había trocado de una copa de aguas dulces en una copa de lágrimas saladas, soltaron las verdes trenzas de sus cabellos y gritando al remanso le dijeron:
-No nos sorprende que hagas un duelo tal por Narciso, tan hermoso como era.
-¿Era hermoso Narciso? -dijo el remanso.
-¿Quién había de saberlo mejor que tú? -respondieron las ninfas-. A nosotras siempre nos desdeñaba, pero a ti te cortejaba, y solía recostarse en tus orillas e inclinarse a mirarte, y en el espejo de tus aguas reflejaba gustoso su belleza.
Y el remanso respondió:
-Pero yo amaba a Narciso porque, cuando recostado en mis orillas se inclinaba a mirarme, en el espejo de sus ojos veía mi propia belleza reflejada.
Básicamente, creo que un escritor es el que disiente, aquel que mira su propia vida y dice no quiero ser cómo soy, y al que no le gusta el mundo en el que vivimos. No creo que un escritor tenga que complacer nunca a nadie, la verdad. La labor de un escritor es producir un vértigo, una especie de identificación. Lograr que al leer su novela, o lo que escriba, la gente diga: «pero si esto habla de mí, me ha pasado a mí también». Esa es la única finalidad. Por eso no creo en la literatura del yo, sino en la supresión del yo, y cuento lo que me ha pasado porque creo que le ha pasado a todo el mundo.
Lorrie Moore (Nueva York, 1957) domina el arte del cuento: sus historias tienen el don de dejar en el rostro del lector la mueca extraña de quien se ríe y se duele a la vez o de quien no sabe muy bien si sentir lástima por un mundo sin remedio o morirse de amor una vez más […]
Ryszard Kapuscinski, Karel Capek, Sandor Márai, Ivo Andric y Mircea Cartarescu son imprescindibles para acercarse a la historia y realidad de esta parte del continente
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)