A la sombra del monte egipcio, la biblioteca del remoto monasterio de Santa Catalina, una de las más antiguas del mundo, abre sus puertas para mostrar su ambicioso proyecto de preservación de documentos
Biblioteca de viajes, Seúl, Corea del SurBiblioteca encontrada en el Tíbet con 84000 pergaminos y libros y está intocable contiene la historia de la humanidad de más de 10.000 años
Cuando el autor sabe demasiado sobre el argumento, a veces se apura a contarlo, y la literatura va quedando por el camino. La literatura propiamente dicha es imagen. No quiero decir que haya que evitar cavilaciones y filosofías y etcétera, pero eso no es lo esencial de la literatura. Una novela, o cualquier texto, puede conciliar varios usos de la palabra. Pero si vamos a la esencia, aquello que encanta y engancha al lector y lo mantiene leyendo es el argumento contado a través de imágenes. Desde luego, con estilo, pero siempre conectado con tu imaginación.
La joven revelación de la literatura neerlandesa recibe el premio por ‘La inquietud de la noche’
En tiempos de coronavirus, la joven revelación neerlandesa Marieke Lucas Rijneveld acaba de recibir en formato virtual el premio Man Booker Internacional por su novela de debut The Discomfort of Evening(La inquietud de la noche, en español, editada por Temas de hoy), una historia de crecimiento y supervivencia que le ha convertido en estrella de la nueva literatura de los Países Bajos. Los nombres de dos escritoras en lengua española, la mexicana Fernanda Melchor y la argentina Gabriela Cabezón Cámara, figuraban en la lista de seis finalistas al galardón más prestigioso que el Reino Unido consagra a obras de ficción traducidas al inglés.
Rijneveld, de 29 años, se repartirá a partes iguales con su traductora, Michele Hutchinson, la dotación de 50.000 libras (unos 56.000 euros) de este premio, que en los últimos años ha decidido centrarse en el reconocimiento de un libro en concreto y no en el cuerpo de trabajo de un autor internacional, como había ocurrido en sus primeras ediciones. El nombre de la pareja de vencedores fue revelado a última hora de la tarde y vía online, después de que la gala de Londres inicialmente prevista para el 19 de mayo tuviera que ser pospuesta y readaptada a los nuevos parámetros que impone la covid-19.
Hermano del Man Booker destinado a obras originalmente escritas en inglés, el Booker Internacional quiere reivindicar no sólo los libros de escritores extranjeros trasladados a la lengua de Shakespeare, sino también la labor de los traductores que hacen posible su difusión en el mundo editorial anglosajón. Un trabajo laborioso que, amén de su dificultad intrínseca, puede toparse con otro tipo de trabas en países con dudosas credenciales democráticas. Ese ha sido el caso del título finalista firmado por la iraní exiliada en Australia Shokoofeh Azar, The Enlightenment of the Greengage Tree, el relato del fantasma de una niña de 13 años obligada a abandonar su hogar tras la revolución islámica de 1979. El traductor o traductora de la novela del farsi al inglés ha tenido que salvaguardar su nombre en la lista de finalistas del Booker bajo el anonimato.
El personaje físicamente andrógino de Marieke Lucas Rijmeveld usa para sí pronombres neutros que eluden a “él” o “ella”. La novela que le ha procurado el Booker Internacional, tras convertirse en superventas en su tierra natal, parte de la historia de una chica cuyo hermano ha muerto en accidente y de sus esfuerzos a la hora de encarar esa ausencia, carente de recursos y abrumada por el peso de una religión opresiva y omnipresente.
Su trabajo se ha impuesto a los de las citadas Melchor, Cabezón Cámara y Azar, además de al alemán Daniel Kehlman y la japonesa Yoko Ogoma. La obra finalista de esta última autora, The Memory Police, presentaba la particularidad de haber sido publicada por primera vez hace ya dos décadas y media, pero solo recientemente ha sido accesible a los lectores anglosajones y, por tanto, susceptible de ingresar la prestigiosa lista del Booker.
Este relato-diario ha sido definido por la crítica italiana como un pequeño clásico contemporáneo. El hilo conductor de la narración es el éxodo de los italianos de Fiume, ciudad que en 1947 pasó a Croacia, dentro de la antigua Yugoslavia. Marisa Madieri vuelve a encontrar en la memoria los episodios trágicos y cómicos que marcaron su infancia, las personas con las que creció como la inolvidable abuela Quarantotto- y el ambiente del Silos de Trieste, «un paisaje vagamente dantesco, un nocturno y humeante purgatorio», en el que vivió junto con otros refugiados hasta hacerse adulta. A medida que el relato avanza, la escritura, precisa y sutil, revela una tensión entre la reapropiación del pasado y la incertidumbre frente al futuro, que desemboca en una actitud valiente y generosa ante la vida. Este relato-diario ha sido definido por la crítica italiana como un pequeño clásico contemporáneo. El hilo conductor de la narración es el éxodo de los italianos de Fiume, ciudad que en 1947 pasó a Croacia, dentro de la antigua Yugoslavia. Marisa Madieri vuelve a encontrar en la memoria los episodios trágicos y cómicos que marcaron su infancia, las personas con las que creció como la inolvidable abuela Quarantotto- y el ambiente del Silos de Trieste, «un paisaje vagamente dantesco, un nocturno y humeante purgatorio», …
(Contraportada del libro)
Textos
La profundidad del tiempo es una reciente conquista mía. En el silencio de la casa, cuando durante la mañana me quedo sola, reencuentro la felicidad de pensar, de recorrer el pasado adelante y atrás, de escuchar el fluir del presente. Es algo que pocas veces me había pasado antes. Después de una infancia satisfecha y sin problemas inmediatos, una adolescencia pobre e introvertida y una juventud empecinada, he llegado a una madurez en la que las cosas y los acontecimientos parecen tener un ritmo más lento, que permite la reflexión.
Si la abuela Quarantotto hubiese estado aún viva y hubiese visto que entre los que me escuchaban estaban el obispo y otras muchas autoridades, se habría enorgullecido sobremanera. El demonio de su vida, en efecto, fueron el éxito y el poder, a los que idolatró, persiguió y, dentro de sus posibilidades, alcanzó. Con su prepotente ambición logró siempre que la reverenciaran, la temieran, la sirvieran y, ya vieja, también que la veneraran como a una benefactora de los refugiados y casi como a una santa.
21 de marzo de 1982
Hoy no me encuentro en armonía conmigo misma y desearía poder alejarme de mí. Les he faltado a mis hijos; he hecho que se sintieran mal con un arranque de impaciente y agresiva estupidez. A veces el viento de la gracia sopla tan lejos de nosotros que nos volvemos malos y torpes incluso con las personas que más queremos. No he escondido mi mortificación y ya me han perdonado. Los hijos, con frecuencia, saben ser más comprensivos y maduros que sus padres. Algunas veces me siento incómoda en el papel de madre; me siento inepta, me parece que educo de forma descuidada, que hablo poco, que dejo escapar en vano estos preciosos años y días de convivencia con mis hijos, ya tan mayores. Los miro y los encuentro amables y guapos y pienso en el vacío que dejarán en mi casa cuando se vayan. Los miro y me parecen aún indefensos y quisiera poder asumir la carga de dolor que la vida les reserva, a ellos como a todos. De algún modo, me siento responsable de su felicidad y me pregunto si han recibido las armas y los instrumentos necesarios para hacer elecciones conscientes, para ser aguerridos en las pruebas, fuertes en las desilusiones, generosos en el éxito, para amar y vivir en el significado.
Este año no he vuelto a pensar, con una herida en el corazón, en el seis de diciembre de hace cuatro años, transcurrido en Milán paseando, en una tarde húmeda, entre los tenderetes iluminados de la plaza del Duomo. Miraba a la gente y las luces y pensaba en otra cosa. Estaba acabando el ciclo de aplicaciones de cobalto después de la operación en el pecho. El gran miedo era ya algo lejano, pero perduraba el amargo vacío dejado por una prueba superada con valor, la inquietud por el futuro. La soledad de aquellos meses, pesada y opaca, se me adhería como un vestido mojado. La lluvia fina y puntillosa se confundía con el polvo fangoso que los coches levantaban y me parecía que estaba inmersa en una laguna gris de melancolía.
27 de noviembre de 1984
Es tarde. La vajilla de la cena está guardada, las habitaciones, ordenadas y envueltas en la sombra, están listas para el descanso nocturno. Los chicos aún no duermen. Uno mira adormilado la televisión, el otro repasa una lección para el próximo examen oral. Claudio corrige el texto mecanografiado de su último artículo. Sus respiraciones tranquilas animan la casa. Junto a una ventana, yo hojeo estas páginas, que de improviso, pequeñas gotas en el océano de lo vivido, me parecen pobres e inadecuadas hasta para transcribir ni siquiera este momento de serenidad. Fuera, la noche clara, rebosante de estrellas, guarda rostros y palabras que no sabré decir jamás. Gran parte de mi historia se hunde en esta dulce oscuridad, similar quizá a aquella, grande y buena, que me acogerá un día en la paz en la que ya habitan mi padre y mi madre. Pero no siento tristeza, sólo gratitud. Si he regresado a Ítaca, si en los largos silencios de mi vida han resonado por un instante las notas del vals que los planetas y las estrellas, tan relucientes esta noche, danzan en la odisea de los espacios, siento que debo dar las gracias a una multitud de personas, incluso a las que he olvidado, que al quererme, o simplemente al estar a mi lado, con su presencia fraternal no sólo me han ayudado a vivir sino que son, quizá, mi vida misma.
Vista de Nápoles, donde Ferrante ambienta la historia de su última novela. Foto: Eduardo Castaldo
Al igual que su saga Dos amigas, la novela ‘La vida mentirosa de los adultos’ trasciende lo folletinesco, componiendo un vigoroso fresco de la sociedad italiana actual
Empezó como poeta. Admiraba la literatura expresionista alemana (aprendió francés por obligación y alemán por algo que podríamos llamar amor, y lo aprendió sin maestros, solo, como se aprenden las …
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)