La función incalculable de ciertos libros , Julio Cortázar

La función incalculable de ciertos libros en una vida todavía porosa, atenta, expectante. Pienso en la Anthologie des Poètes de la NRF que compré en 1939 (quizá antes) y fue en seguida un eje de ve…

Origen: La función incalculable de ciertos libros , Julio Cortázar – Calle del Orco

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¿Por qué escribir?. Kobo Abe

Esta pregunta no se relaciona con la lógica. Concierne, sin dudas, a la ética. Desde el punto de vista lógico la pregunta es una cinta de Moebius que contiene en sí misma la respuesta. Para el escritor, la creación no solamente es el resultado de una elección sino una forma de vida. La fórmula interrogativa “por qué” es una parte constitutiva de la “vida” y al igual que no se puede concebir una solución a la razón de vivir, tampoco se encuentra razón al acto de escribir.

Sin embargo, desde el punto de vista de la ética, es una pregunta que despierta un poco la nostalgia. Es innegable que hubo un período, lleno de esperanza, en que esta pregunta era posible (independientemente de la posibilidad de respuesta). Pero al atravesar una época, que es como un vehículo pesado con exceso de carga, el escritor ha conocido la decepción y se ha vuelto más modesto. Ante la posibilidad de bailar mal con la muerte, bailar bien es al menos un consuelo. En el sueño, el viajero quimérico que cruza la frontera sueña…

(Casa de las Letras)

Kobo Abe

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Cuaderno de poemas. «Continuidad». Álvaro García

CONTINUIDAD

Para borrarse y convertirse
en música o en muerte t
iene uno que existir, ser uno.
estar de pie en el mundo,
compartir
la múltiple estatura
del misterio.

En el olvido de la humanidad
está la sinfonía
de todas nuestras muertes.

La oyen sin oírla
los que viven.

Álvaro García

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Ventana a YouTube. R.E.M. • Everybody Hurts • 1992

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Archivo fotográfico: Poetas

Dámaso Alonso, Luis Cernuda, Federico García Lorca y Vicente Aleixandre.
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Álbum de librerías incompleto 283

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“No es bueno pensar que la historia es cíclica, porque nos apocamos”. Entrevista a David Uclés | Letras Libres

El autor de «La península de las casas vacías» habla sobre la escritura, Unamuno y la peor palabra en el diccionario.

Origen: “No es bueno pensar que la historia es cíclica, porque nos apocamos”. Entrevista a David Uclés | Letras Libres

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Lectura: ‘El día del lobo’, de Antonio Soler

Antonio Soler (Málaga, 1956) raúl doblado

Crítica de: ‘El día del lobo’, de Antonio Soler: el ‘Guernica’ de Málaga hecho novela

Narra la matanza de centenares, quizá un millar, de ciudadanos republicanos, población civil de familias enteras con críos, que huían de las tropas de Queipo de Llano en la carretera que va de Málaga a Motril

Origen: Crítica de:: ‘El día del lobo’, de Antonio Soler: el ‘Guernica’ de Málaga hecho novela


Textos

Había una vez una ciudad quemada y un invierno frío. Saliendo de esa ciudad había una carretera serpenteante con largas cañas de azúcar a los lados. Y las cañas formaban un pasillo por el que andaban niños extraviados, personas asustadas y heridos. No se sabe cuántos eran los lastimados ni los niños perdidos. Los números fueron una batalla más dentro de la guerra. Así sucede siempre en ese asunto de carteristas de la Historia y usurpadores profesionales de la verdad. También de almas bienaventuradas, niños cándidos que continúan creyendo en hadas después de cumplir cuarenta años….

… Ese fue el cuento de mi infancia. El más impresionante. El cuento que siempre le pedía a mi abuela materna que me contara. Su viaje al infierno. Allí siempre estaba el lobo acechando. Mostrando los colmillos afilados, su semilla de sangre. El lobo que vino todos los días. No había encantamientos, brujas ni monstruos de tres cabezas que pudieran compararse con aquella historia.


ntentan seguir el compás de la vida, de ese mundo que es más extraño que nunca y que al mismo tiempo se muestra más real, más descarnado. El mundo que impone una separación dictada por la decisión de unos hombres a los que les ponen cara, como si fueran los amos de su destino. Emilio Mola, Francisco Franco, Gonzalo Queipo de Llano. La decisión que esos hombres tomaron meses atrás en cuarteles lejanos, en conversaciones telefónicas y mensajes cifrados y que ahora, en ese dormitorio, se manifiesta como el mandamiento de un dios tan despótico como inevitable. No importa que no creen en él ni que sean enemigos de su religión. Sus ángeles negros han descendido, o ascendido, a la tierra y marcan el camino de su existencia y el de millones de personas que, al igual que ellos, tan ingenuamente como ellos, pensaban que eran los dueños de sus vidas.


Es solo el comienzo, un suave y leve comienzo para lo que está a punto de desencadenarse. Más o menos el infierno, más o menos las dentelladas de un lobo extremadamente poderoso y extremadamente hambriento, con mandíbulas de acero tronzando, masticando y escupiendo la carne de los despavoridos niños que corren ante sus rugidos. Niños pequeños que apenas saben andar, niños varones de cuarenta años, niños mujeres de edad provecta, niñas púberes, impúberes, niñas soldados, niñas inválidas, niños milicianos experimentando el sabor dulzón del terror puro, la inminencia de la muerte y el descuartizamiento flotando a su alrededor como una mariposa juguetona que va y viene sin rumbo fijo y cuyo roce acarrea la muerte.


Mi madre y las tardes huecas de las que una vez me habló. Ella también tenía la mirada fija en una ventana por la que bajaba el sol con lentitud de araña, las manos como un cuenco, sin dios al que poder orarle ni ofrecerle penitencia, su voz a veces cruzando la estancia, dónde estás, como una ciega hablándose a sí misma, a mi padre, quinientos kilómetros al norte por una tierra llena de hierro y escombros


Ellos, como Jonás, eran el símbolo de la desobediencia a las alturas y del castigo que acarrean la rebeldía y la insubordinación, el desacato a los preceptos de la vida virtuosa que ahora predicaba y hacía cumplir el patriarca Arias Navarro, Carnicero, Carnicerito de un apocalipsis cuartelero y mezquino, juez supremo de la miseria, Administrador Primero del Miedo. Lacayo de su amo. Afilando cuchillos, llamando a las puertas de la noche y llevándose a gente de la que nunca más volvió a saberse hasta que fueron encontrados en un descampado, sin orejas, lengua, testículos o pezones. O tal vez sí, tal vez se logró conocer su suerte cuando su nombre apareció en la lista sucia del penal y lo único que quedaba de su persona era el pequeño hato, una camisa, un vestido arrugado, dos alpargatas o un reloj con la hora quieta. Legionarios, falangistas, regulares, guardias civiles, voluntarios del terror, espontáneos, aficionados a la purga, chivatos, justicieros, hijos y esclavos de la venganza y el rencor, toda la orquesta tocando pomposamente a difuntos, reclamando la sangre purificadora, regando la tierra en abundancia, como reclamaba el buen patriarca Francisco Franco con sus galones ganados en África, bendecidos todos por los capellanes castrenses y los obispos con muelle bajo el brazo, las sotanas ondeando al viento negro, las nuevas banderas con la calavera estampada y el crucifijo oscilando en el bondadoso pecho como un péndulo macabro. Era el tiempo de la fe y los asesinos, la bendición apostólica que había venido a sustituir ya reparar el cacareo revolucionario y la escabechina igualitaria con una paternal, ejemplar y firmísima mano de hierro, amén.

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‘Andar’: locos por (y con) Bernhard

El escritor austriaco Thomas BernhardWikimedia Commons

Contraseña reedita esta novela breve que condensa el estilo único del escritor austríaco

Origen: ‘Andar’: locos por (y con) Bernhard

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Faulkner. Vargas Llosa

Faulkner fue el primer novelista que leí con bolígrafo y papel en la mano, porque su técnica me dejó aturdido.

Mario Vargas Llosa

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