LA POESÍA. Pierre Alféri

Poesía es el significante principal de lo indefinible, de lo innombrable.

Podemos suprimir lo poético, el poema y al poeta sin demasiados daños (quizás). Pero con la poesía, en todo lo indeterminado de su sentido y a pesar de toda esa indeterminación, no hay nada que hacer. La poesía está ahí, y está ahí incluso a pesar de que la recusemos, la incriminemos, la detestemos.

Pierre Alféri
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Para ser exactos, Virginia Woolf

Como ya he dicho que era un día de octubre, no me atrevo a perder vuestro respeto y poner en peligro el buen nombre de la literatura cambiando de estación y describiendo las lilas derramadas sobre …

Origen: Para ser exactos, Virginia Woolf – Calle del Orco

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Proceso creativo. Georges Simenon

P.: Me ha enseñado usted los sobres de papel manila que usa cuando empieza sus novelas. Antes de ponerse a escribir, ¿cuánto ha trabajado ya conscientemente para planificar la novela de la que se va a ocupar?

R.: Tal como usted sugiere, tenemos que distinguir entre trabajo consciente e inconsciente. De manera inconsciente, seguramente suelo tener dos o tres… no diré novelas, ni siquiera ideas para novelas, pero sí temas en mente. Ni siquiera me planteo si podrán servir para una novela; para ser más precisos, son las cosas que me preocupan. Dos días antes de ponerme a escribir una novela, adopto de forma consciente una de esas ideas. Pero antes de eso, primero encuentro una atmósfera. Hoy hace un poco de sol aquí. Quizá me acuerdo de tal y cual primavera, por ejemplo en un pueblecito italiano o en algún lugar de la campiña francesa, o en Arizona, no sé. A continuación, poco a poco, empieza a esbozarse un pequeño mundo poblado de unos cuantos personajes. Esos personajes están sacados en parte personas a las que he conocido y en parte de la pura imaginación; son un compuesto de ambas cosas, ya sabe. Y entonces la idea que traía de antes llega y se les agrega. Esos personajes pasan a tener el mismo problema que tenía yo en mente. Y el problema -el de esos personajes- me proporciona la novela.

P.: ¿Y eso pasa sólo un par de días antes?

R.: Sí, sólo un par de días, porque, una vez tengo el principio, ya no puedo soportar llevarlo dentro mucho tiempo; así que al día siguiente saco un sobre, cojo mi listín telefónico para buscar nombres y mi plano de la ciudad para saber exactamente dónde pasan las cosas. Y dos días más tarde me pongo a escribir. El principio siempre es el mismo; es casi un problema geométrico: tengo a este hombre, tengo a esta mujer y tengo este escenario. ¿Qué podría llevarlos al límite? Ésa es la cuestión. A veces es un incidente muy simple, cualquier cosa que les cambie las vidas. Luego escribo la novela capítulo a capítulo.

P.: ¿Qué guarda en el sobre de la planificación? ¿Un esbozo de la acción? 

R.: No, no, cuando empiezo la novela, no sé nada de lo que va a pasar. En el sobre sólo meto los nombres de los personajes, sus edades y sus familias. No sé nada en absoluto de los acontecimientos que van a tener lugar después. Si lo supiera, ya no me resultarían interesantes.

P.: ¿Cuándo empiezan a cobrar forma los incidentes? 

R.: La víspera del primer día sé qué va a pasar en el primer capítulo. Luego, día a día y capítulo tras capítulo, voy averiguando qué viene después. Una vez empezada la novela, escribo un capítulo al día, sin descanso, porque es importante seguir el ritmo. Si, por ejemplo, me paso cuarenta y ocho horas enfermo, tengo que tirar a la basura los capítulos que llevo escritos. Y ya nunca vuelvo a esa novela.

P.: Cuando escribía usted narrativa comercial, ¿seguía un método parecido? 

R.: No, en absoluto. Cuando escribía una novela comercial no pensaba en ella más que durante las horas que dedicaba a escribirla. Ahora, en cambio, cuando escribo una novela no veo a nadie ni hablo con nadie, no atiendo el teléfono… Vivo como un monje. Soy uno de mis personajes todo el día: siento lo que él siente.

Georges Simenon

(De las entrevistas en The Paris Review)

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Cuaderno de poemas. «Para iniciar el combate». Charles. Bukowski

llamaron a Céline nazi,
a Pound fascista,
a Hamsum nazi,
pusieron a Dostoievski ante un pelotón
de fusilamiento
y sabes que le dispararon a Lorca
y a Hemingway le dieron terapia de electroshocks
y terminó su vida disparándose a sí mismo
y a Villon lo echaron del pueblo (París)
y Maiakovski,
desilusionado con el régimen
y después de pelear con su amante,
bueno
se dio un tiro en el pecho.
Chatterton, tomó veneno para ratas
y funcionó.
Y dicen que Malcolm Lowry, murió
ahogado en su propio vómito
mientras estaba borracho.
Crane, se fue por el camino de las hélices
de un barco o de los tiburones.
El sol de Harry Crosby era negro.
Berryman, prefirió el puente.
Plath, no encendió el horno.
Pascal, cortó sus muñecas en el
baño (es mejor de esa manera:
en agua tibia).
Thomas y Behan, bebieron hasta morir.
Hay muchos otros
¿y quieres ser
un escritor?
es de ese tipo de guerra:
sabes:
la creación mata,
muchos enloquecen,
algunos pierden el camino y
ya no pueden hacerlo
nunca más.
pocos llegan a la vejez.
pocos hacen dinero.
otros mueren de hambre (como Vallejo).
es ese tipo de guerra:
hay pérdidas en todas partes.
De acuerdo, adelante
pero cuando te saquen arena (como a un saco de boxeo)
de tu punto ciego
no vengas a mí con tus
problemas.
Ahora voy a fumar un cigarro
en la bañera
y luego me voy a dormir.
Escribí esto anoche
en la mesa de la cocina
mientras escucho
Música para los reales juegos artificiales
De Haendel.
Ahora me voy a fumar un cigarro
en la tina de baño
y luego me voy
a dormir.

Charles. Bukowski

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Ventana a YouTube. Closing Time. Leonard Cohen

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Andrés Trapiello funda una editorial familiar para sus diarios

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Álbum de librerías incompleto. 173

El Bauman Rare Books, Nueva York

Bar Librería The Wellesbourne, en los Angeles
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Reflexiones. Saramago

Como cualquier otro lector, o escritor, me busco a mí mismo. Busco encontrarme en páginas, en ideas, en reflexiones, reconocer que somos algo más que esto que se presenta como «realidad», ése sigue siendo el mayor deslumbramiento.

Saramago

José Saramago

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«El amor en los tiempos del cólera» (fragmento). Gabriel García Márquez

Si algo la mortificaba era la cadena perpetua de las comidas diarias. Pues no sólo tenían que estar a tiempo: tenían que ser perfectas, y tenían que ser justo lo que él quería sin preguntárselo. Si ella lo hacía alguna vez, como una de las tantas ceremonias inútiles del ritual doméstico, él ni siquiera levantaba la vista del periódico para contestar: » Cualquier cosa». Lo decía de verdad, con su modo amable, porque no podía concebirse un marido menos despótico. Pero a la hora de comer no podía ser cualquier cosa, sino justo lo que él quería, sin la mínima falla: que la carne no supiera a carne, que el pescado no supiera a pescado, que el cerdo no supiera a sarna, que el pollo no supiera a plumas. Aun cuando no era tiempo de espárragos había que encontrarlos a cualquier precio, para que él pudiera solazarse en el vapor de su propia orina fragante. No lo culpaba a él: culpaba a la vida. Pero él era un protagonista implacable de la vida. Bastaba el topiezo de una duda para que apartara el plato en la mesa, diciendo : » Esta comida está hecha sin amor». Alguna vez probó apenas una tisana de manzanilla, y la devolvió con una sola frase: «Esta vaina sabe a ventana».

Gabriel García Márquez

, El amor 1. en los tiempos del cólera.

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Breve antología del insulto

Luis de Góngora, retratado por Velázquez (1622) / Francisco de Quevedo, retratado por Juan van der Hamen.

Lo sientes nacer en un espacio indeterminado de tu estómago. Lentamente. Al principio es poco menos que un borborigmo amorfo, el equivalente en sonido de las

Origen: Breve antología del insulto – Jot Down Cultural Magazine

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