Cuando llega el otoño, millones y millones de mariposas inician su largo viaje hacia el sur, desde las tierras frías de la América del Norte. Un río fluye, entonces, a lo largo del cielo: el suave oleaje, olas de alas, va dejando, a su paso, un esplendor de color naranja en las alturas. Las mariposas vuelan sobre montañas y praderas y playas y ciudades y desiertos. Pesan poco más que el aire. Durante los cuatro mil quilómetros de travesía, unas cuantas caen volteadas por el cansancio, los vientos o las lluvias; pero las muchas que resisten aterrizan, por fin, en los bosques del centro de México. Allí descubren ese reino jamás visto, que desde lejos las llamaba. Para volar han nacido: para volar este vuelo. Después, regresan a casa. Y allá en el norte, mueren. Al año siguiente, cuando llega el otoño, millones y millones de mariposas inician su largo viaje…
César Aira, retratado en Madrid en 2016.SAMUEL SÁNCHEZ
Una sola página de ‘La ola que lee’, que reúne las reseñas publicados por el autor argentino, basta para comprobar la heterodoxia de su criterio. En su opinión, el boom latinoamericano es un “simulacro” y la novela de su país, “una especie raquítica y malograda”
Cuidar un jardín ayuda a escribir. Mirar por la ventana ayuda a escribir. Viajar a un sitio en el que no se ha estado antes ayuda a escribir. Conducir por la ruta un día de verano ayuda a escribir […]. Ducharse un día de semana a las cuatro de la tarde ayuda a escribir. Ir al cine un día de semana, a las dos de la tarde, ayuda a escribir. No tener nada que hacer no ayuda a escribir. Estar un poco infeliz, a veces, ayuda a escribir. Correr ayuda a escribir […] Leer El libro de la almohada, de Sei Shonagon, ayuda a escribir. Limpiar la casa ayuda a escribir. Preparar dulces ayuda a escribir […].
Los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido.
Me acuerdo de Georges Perec al que, con la madurez, se le fueron acentuando en su aspecto físico connotaciones propias de un personaje del Dybuk: una melena que se abría horizontalmente en dos hísp…
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)