El otro día leía que la colección que estás armando para Fondo de Cultura, de reediciones argentinas, la “Serie del recienvenido”, iba a ser en su momento de primeros libros. Me gustó la idea. ¿Qué…
Ernest (Hemingway)y yo solíamos leernos la Biblia el uno al otro. Empezó él. Leíamos pequeñas escenas sueltas. Del Libro de los Reyes, de las Crónicas. No las aprovechábamos para nada, esas lecturas, pero en aquella época Ernest hablaba mucho del estilo. Le volvía loco “El hotel azul” de Stephen Crane, le impresionó mucho. Yo estaba bastante cautivado con él: me llevaba a casa de Gertrude Stein, aunque no me sentía muy cómodo, porque era como un buda allí sentada, vigilándonos. Ernest era mucho menos bullicioso entonces de lo que se volvería más adelante y estaba convencido de que aquellas relaciones eran instructivas.
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Bueno, ese libro (“París era una fiesta”) tiene un poso de amargura. Su forma de tratar a otros, como Scott Fitzgerald.. El genio hablando mal de sus contemporáneos. Ernest siempre fue una persona competitiva y crítica, casi demasiado, pero cuando era joven se lo podía sacar de ahí con bromas. Tenía malos genes. Al parecer su padre era muy dominante. Su madre era una mujer muy extraña. Me acuerdo de una vez en que estábamos en Cayo Hueso y Ernest recibió un paquete muy voluminoso de su madre. Dentro había un pastel enorme, todo aplastado. Junto con el pastel había metido varias cosas, entre ellas la pistola con la que se había suicidado su padre. Ernest se quedó terriblemente trastornado.
John Dos Passos
Entrevista con John Dos Passos (“The Paris Review”. 1953-1983)
Cada día que pasa son mayores las ganas de vivir parapetado frente al mundo, escondido dentro de mi hogar en su calidad de único lugar que no me resulta hostil sino todo lo contrario, el lugar más cálido y acogedor del universo, ajeno a la existencia humana, refugiado entre películas, músicas y libros, a salvo de la insoportable humanidad real que nos amenaza ahí fuera.
Con su elegancia silenciosa y su ironía contenida, Hotel du Lac, de Anita Brookner —rescatada por Libros del Asteroide—, sigue siendo una joya de introspección y melancolía británica. Una novela sobre la dignidad de estar solo, cuando el mundo insiste en que debemos pertenecer…
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)