Esa pulsión para agotarlo todo. Enrique Vila-Matas

Georges Perec, en una imagen sin datar.

Se publica un inédito de George Perec donde el autor demuestra su extraordinaria pasión por agotar los lugares de su ciudad, París

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Recopilación de textos fotografiados. De Cristina Peri Rosi a Julio Cortázar

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Crítica: «Philip Roth. La biografía». Blake Bailey. Javier Aparicio Maydeu

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Los libros. Daniel Pennac

Pocos objetos como el libro despiertan tal sentimiento de absoluta propiedad. Una vez han caído en nuestras manos, los libros se convierten en nuestros esclavos, esclavos, sí, por ser de materia viva, pero esclavos que nadie pensaría en liberar, por ser hojas muertas.

Daniel Pennac

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El Embrujo Borges

La quinta entrega de Memorias de un leedor marca, de la mano de Borges, la vocación lectora de manera definitiva.

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El Vieco cortaziano XCI

No tuve más que escribirlo. Aunque lo crean una paradoja, les digo que me da vergüenza firmar mis cuentos porque tengo la impresión de que me los han dictado, de que yo no soy el verdadero autor.

Julio Cortázar

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Javier Marías y los traductores de la vida. Juan Gabriel Vásquez

SR. GARCÍA

Somos muy hábiles al poner máscaras entre nosotros y los demás. Quizás esa sería otra razón para frecuentar las grandes novelas: en ellas tenemos la experiencia imposible de ver a los demás por dentro

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Colección de citas literarias. LXXXVII

Se siente lo que se piensa, y a veces se piensa lo que se siente, y casi siempre se escribe lo que se piensa que se siente. 

Belén Gopegui


Todas las cosas en el universo se ordenan de nuevo con cada persona, en función del poder que ejercen en ella.

Ralph Waldo Emerson

La ironía no seca nada: no quema más que las malas hierbas.

Jules Renard

En las áreas en las que nos ocupamos, la comprensión sólo se produce en forma de relámpagos. El texto es el largo trueno que los sigue.

Walter Benjamin

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El fracaso de Melville me fascinó de un modo absoluto, Malcolm Lowry

Mi mujer dice que sería más cierto afirmar que, en el Volcán, el cónsul tiene más relación con la propia Moby Dick que con Ahab. Pero no fue planificado siguiendo el modelo de Moby Dick (el libro),…

Origen: El fracaso de Melville me fascinó de un modo absoluto, Malcolm Lowry – Calle del Orco

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Texto: «Interrupción prematura del viaje». Louise Glück

Las escaleras me resultaron más difíciles de lo que había esperado, por lo que me senté, por así decirlo, a mitad del viaje. Gracias a que había un gran ventanal al otro lado de la barandilla, podía distraerme con los pequeños dramas y comedias de la calle, aunque no pasara nadie conocido, nadie, desde luego, que hubiera podido ayudarme. Tampoco las escaleras estaban en uso, por lo que podía comprobar. Debes levantarte, amigo mío, me dije. Puesto que esto parecía de repente imposible, adopté la mejor alternativa: me preparé para dormir, la cabeza y los brazos sobre el escalón superior, el cuerpo agazapado en el de abajo. Algún tiempo después, una niña pequeña apareció en lo alto de la escalera, de la mano de una mujer anciana. ¡Abuela!, gritó la niña pequeña, ¡hay un hombre muerto en la escalera! Debemos dejarlo dormir, respondió la abuela. Debemos pasar junto a él en silencio. Está en ese momento de la vida en que ni regresar al principio ni avanzar hacia el final resulta soportable; por lo tanto, ha decidido detenerse, aquí, en medio de las cosas, aunque esto lo convierta en un obstáculo para los demás, como en nuestro caso. Pero no debemos abandonar la esperanza; en mi propia vida, prosiguió, hubo un momento como este, aunque fue hace mucho tiempo. Y entonces dejó que su nieta la adelantara para poder pasar junto a mí sin molestarme. Me habría gustado escuchar el resto de su historia, puesto que me pareció, según pasaba, una mujer enérgica, dispuesta a disfrutar de la vida, y al mismo tiempo sincera, sin falsas ilusiones. Pero pronto sus voces se convirtieron en susurros, o estaban ya muy lejos. ¿Lo volveremos a ver cuando regresemos?, murmuró la niña. Para entonces ya se habrá marchado hace mucho, respondió su abuela. Habrá terminado de subir o de bajar, según el caso. Entonces le diré adiós ahora, dijo la niña pequeña. Y se arrodilló junto a mí, entonando una plegaria que reconocí como la plegaria hebrea para los muertos. Señor, susurró, mi abuela me ha dicho que no está usted muerto, pero pensé que quizás esto calmaría sus terrores, y no estaré aquí para cantársela cuando sea el momento.

Cuando vuelva a escuchar esto, dijo, quizás las palabras le resulten menos intimidantes, si recuerda cómo las escuchó por primera vez, en la voz de una niña pequeña.

En Noche fiel y virtuosa. (A través de Isaias Garde)

Louise Glück
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