Toda la literatura habla de migraciones: el viaje está en todos los grandes textos. Alguien moviéndose de un sitio a otro es uno de los motores básicos de la literatura, poesía o novela, y eso significa que la integración es una categoría del impulso humano de explorar y moverse y descubrir.
Tenemos tanta prisa por hacer, por escribir, por adquirir velocidad, por hacer nuestra voz audible un momento en el desdeñoso silencio de la eternidad, que nos olvidamos de una cosa, de la que esas otras solo forman parte, es decir, de vivir.
¿El futuro de la literatura? Optimista. Para un joven es una posibilidad perfecta de entrar en una habitación verdadera, un mundo forjado por uno mismo, como si estuviera en un lugar solitario, pero en compañía de otros dioses.
Para ser breve, diría que la supervivencia sobre los demás es para mí el núcleo del sentimiento de poder; y estoy hablando de supervivencia concreta, física, del momento en que se siente uno vivo a…
Todo pensamiento, por mucho que pretenda fijarlo se me convierte tarde o temprano en un desvarío. Donde quisiera poner un argumento o hacer correr un razonamiento, me surgen frases, primero expresivas del propio pensamiento, luego otras subsidiarias de las primeras, finalmente sombras y derivaciones de aquellas frases subsidiarias. Comienzo a meditar sobre la existencia de Dios y me encuentro hablando de remotos parques, de cortejos feudales, de ríos pasando medio mudos bajo las ventanas a las que me asomo; y me veo hablando de ellos porque me encuentro viéndolos, sintiéndolos, y hay un breve momento en [que] una brisa real me toca en la cara, surgida de la superficie del río soñado a través de metáforas, del feudalismo estilístico de mi abandono central.
Me gusta pensar porque sé que no tardaré en no pensar. El raciocinio me encanta como punto de partida -estación metálica y fría donde se embarca para el Gran Sur. Me esfuerzo a veces por meditar sobre un gran problema metafísico o incluso social, pues sé que la voz ronca del pensamiento tiene para mí colas de pavo real, que se me irán abriendo si me olvido que estoy pensando y que el destino del humanidad es una puerta en un muro que no existe, y que yo, por tanto, la puedo abrir a los jardines que quiera.
Bendito sea aquel elemento irónico del destino que da a los pobres de vida el sueño como pensamiento, así como da a los pobres de sueño o la vida como pensamiento o el pensamiento como vida.
Pero hasta el pensamiento por encadenamiento de pensar se me vuelve cansado. Y entonces abro los ojos de soñar, llego hasta la ventana y transfiero el sueño a las calles o a los tejados. Y es en la contemplación distraída y profunda de los conglomerados de tejas separadas en tejados, cubriendo el contagio astral de las gentes alienadas, cuando el alma se me desprende de verdad, y no pienso, no sueño, no veo, no particularizo; contemplo entonces de verdad la abstracción de la Naturaleza, de la Naturaleza, la diferencia entre el hombre y Dios.
Usted nunca ha parido no conoce el filo de los machetes no ha sentido las culebras de río nunca ha bailado en un charco de sangre querida doctor NO META LA MANO TAN ADENTRO que ahí tengo los machetes que tengo una niña dormida y usted nunca ha pasado una noche en la culebra usted no conoce el río.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)