Estoy cansado, claro, porque a esta altura uno tiene que estar cansado. De qué estoy cansado, no lo sé; y de nada serviría saberlo, porque el cansancio seguiría igual. La herida duele porque duele, no en función de la causa que la ha abierto. Sí, estoy cansado y un poco sonriente de que el cansancio sea sólo esto: ganas de dormir en el cuerpo, deseo de no pensar en el alma y por encima de todo una transparencia lúcida del entendimiento retrospectivo… ¿Y la lujuria sin par de no tener ya esperanza? Soy inteligente: esto es todo. He visto mucho, y he entendido mucho de lo que he visto, y hay un cierto placer, incluso, en el cansancio que eso da: el de que, al fin, la cabeza siempre sirve para algo.
Subtítulo sugerido: según la crítica actual, la literatura contemporánea es muy floja, pero está repleta de títulos excelentes. Si nos basamos en las reseñas publicadas a diario, parece indiscutible que la literatura está viviendo un gran momento. Basta con echar un vistazo a cualquier periódico para ver que se recomiendan constantemente novedades editoriales, a menudo…
«Canción dulce», de Leïla Slimani: la novela que desvela a los padres
Es la historia de una niñera que mata a los dos chicos que cuida. El libro ganó el Premio Goncourt, en 2016. Su autora es una de las voces más prometedoras de la narrativa francesa.
El bebé ha muerto. Bastaron unos pocos segundos. El médico aseguró que no había sufrido. Lo tendieron en una funda gris y cerraron la cremallera sobre el cuerpo desarticulado que flotaba entre los juguetes. La niña, en cambio, seguía viva cuando llegaron los del servicio de emergencias. Se debatió como una fiera. Había huellas de forcejeo, fragmentos de piel en sus uñitas blandas. En la ambulancia que la conducía al hospital se agitaba, presa de convulsiones. Con los ojos desorbitados, parecía buscar aire. La garganta la tenía llena de sangre. Los pulmones, perforados, y se había dado un fuerte golpe en la cabeza contra la cómoda azul.
Cuando la niña está en el colegio, Louise sujeta a Adam a su cuerpo con un fular grande. Le gusta sentir sus muslos rellenitos sobre su vientre, la baba que se desliza por su cuello mientras duerme. Canta todo el día para este bebé, se emociona ante su pereza. Le da masajes, se enorgullece de lo rollizo que está, de sus mofletes sonrosados. Por la mañana, el bebé la recibe con gorjeos, echándole los bracitos. Durante las semanas siguientes a su llegada, Adam dio sus primeros pasos. Antes lloraba todas las noches, ahora duerme con un sueño apacible hasta la mañana.
Mila también siente miedo. Durante un instante, se cree que se ha marchado de verdad, los ha abandonado en esta casa sobre la que caerá la noche, están solos y ella no regresará. La angustia se vuelve insoportable, y Mila suplica a la niñera. Dice: «Louise, este juego ya no es divertido. ¿Dónde estás?». La cría se pone nerviosa, golpea el suelo con los pies. Louise espera. Los observa como quien estudia la agonía de un pez recién capturado, con las agallas ensangrentadas, el cuerpo presa de convulsiones. Un pez que colea sobre el suelo del barco, chupando el aire con la boca agotada, un pez sin oportunidad alguna de salvarse.
Ese día, después de la siesta, abrió las persianas. Y fue entonces cuando lo oyó. La mayoría de la gente vive sin haber oído nunca unos gritos así. Son de los que se lanzan en la guerra, en las trincheras, en otros mundos, en otros continentes. No son gritos de aquí. Duró al menos diez minutos ese grito, que brotó de un tirón, sin aliento y sin palabras. Ese grito que se volvía ronco, se llenaba de sangre, de mocos, de rabia. «Un médico», fue lo único que acabó articulando. No pidió ayuda, no dijo «Socorro», sino que repitió, en los escasos momentos en que recuperaba la conciencia: «Un médico».
Retrato de Maggie O’Farrell y retrato de Lucrecia de Médici, de Alessandro Allori (1560). FOTO: MAR MOSEGUÍ (COLLAGE). CON FOTOS DE MUSEO DE ARTE DE CAROLINA DEL NORTE (EE UU), ILUSTRACIÓN DE MARIO BORGONI DEL CASTELLO ESTENSE EN FERRARA, Y FRESCOS DEL MISMO EDIFICIO, ‘CUPIDO SOBRE UN TIGRE’, WENCESLAUS HOLLAR, 1652, THE ROYAL COLLECTION TRUST. FOTOS DE LA EDITORIAL LIBROS DEL ASTEROIDE, FRANCIS G. MAYER / CORBIS / BUYENLARGE / HERITAGE ART / HULTON ARCHIVE / GETTY IMAGES, CORDON PRESS.
La escritora Maggie O’Farrell viaja hasta el siglo XVI para contar la corta vida de Lucrecia de Médici en su último libro ‘Retrato de casada’.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)