Quizá la mayor enseñanza de Borges sea la certeza de que la ficción no depende sólo de quien la construye sino también de quien la lee. La ficción es también una posición del intérprete. No todo es ficción (Borges no es Derrida, no es Paul de Man), pero todo puede ser leído como ficción. Lo borgeano (si eso existe) es la capacidad de leer todo como ficción y de creer en su poder. La ficción como una teoría de la lectura.
Uno no entiende mucho más sobre casi nada después de escribir un libro. Una de las razones por las que escribo es porque me parece que escribiendo pienso mejor sobre las cosas, que de ninguna otra manera. Y creo que eso en realidad le pasa a todo el mundo, sean escritores profesionales o no. La gente escribe diarios, blogs o cartas y, a veces, para entenderse y explicarse mejor. La escritura da forma a los pensamientos. Ahora bien: de ahí a que uno entienda más sobre la muerte o sobre el amor media un abismo. A mí me gusta recordar a menudo una cosa que dijo Faulkner sobre la literatura: «La literatura lo más que logra es lo mismo que un fósforo cuando se enciende en mitad de la noche, en mitad de un campo. Esa cerilla en realidad no ilumina nada, lo único que permite ver mejor es cuánta oscuridad hay alrededor».
El humor es una modalidad muy refinada del conocimiento crítico que necesita, para desarrollarse, el campo más fértil y valioso de la persona: la voluntad de conocer, la audacia, la sinceridad, la objetividad, el sentido de la elegancia y del ridículo; la rectitud de conducta y la independencia moral deben estar siempre presentes para sazonar este fruto cuyas áreas del cultivo son cada día más escasas.
El otro día leía que la colección que estás armando para Fondo de Cultura, de reediciones argentinas, la “Serie del recienvenido”, iba a ser en su momento de primeros libros. Me gustó la idea. ¿Qué…
Ernest (Hemingway)y yo solíamos leernos la Biblia el uno al otro. Empezó él. Leíamos pequeñas escenas sueltas. Del Libro de los Reyes, de las Crónicas. No las aprovechábamos para nada, esas lecturas, pero en aquella época Ernest hablaba mucho del estilo. Le volvía loco “El hotel azul” de Stephen Crane, le impresionó mucho. Yo estaba bastante cautivado con él: me llevaba a casa de Gertrude Stein, aunque no me sentía muy cómodo, porque era como un buda allí sentada, vigilándonos. Ernest era mucho menos bullicioso entonces de lo que se volvería más adelante y estaba convencido de que aquellas relaciones eran instructivas.
(…)
Bueno, ese libro (“París era una fiesta”) tiene un poso de amargura. Su forma de tratar a otros, como Scott Fitzgerald.. El genio hablando mal de sus contemporáneos. Ernest siempre fue una persona competitiva y crítica, casi demasiado, pero cuando era joven se lo podía sacar de ahí con bromas. Tenía malos genes. Al parecer su padre era muy dominante. Su madre era una mujer muy extraña. Me acuerdo de una vez en que estábamos en Cayo Hueso y Ernest recibió un paquete muy voluminoso de su madre. Dentro había un pastel enorme, todo aplastado. Junto con el pastel había metido varias cosas, entre ellas la pistola con la que se había suicidado su padre. Ernest se quedó terriblemente trastornado.
John Dos Passos
Entrevista con John Dos Passos (“The Paris Review”. 1953-1983)
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)