A punto de cumplir los 80 años, Richard Ford (Jackson, Mississippi, 1944) se muestra jovial e inclinado al humor más afinado en la conversación. Hoy será el encargado de inaugurar en Málaga la tercera edición del Festival Escribidores en conversación con Juan Gabriel Vásquez y volverá…
Antes de que todo esto se termine. Antes de que cierren la casa y vendan los muebles y regalen los libros. Antes de que se repartan los cosméticos y los zapatos. Antes de que arrojen las cacerolas a la basura. Antes de que vacíen las alacenas, de que se lleven las especias, los fideos. Antes de que se terminen los días felices y las tardes de domingo. Antes de la última de las madrugadas. Antes del final de la angustia. Antes de que se acaben el sexo sin amor y el amor sin sexo. Antes de que la ropa se pudra en los placares. Antes de que descuelguen los cuadros y cubran los sillones con lienzos y cierren las ventanas para siempre. Antes de que quemen las fotos. Antes de que se resequen los felpudos, de que se oxiden las cortinas en sus rieles. Antes de que se terminen la curiosidad, los huesos, el hígado y las córneas. Antes de que se sequen todas las plantas del balcón. Antes de que no haya más nieve, ni colores, ni trópicos. Antes del final de todas las selvas, de todos los mares, de todos los reflejos en el agua. Antes del último poema. Del final de las veredas y las calles. Del fin de todos los paseos. Antes del adiós a todos los aeropuertos y todos los aviones y todas las ciudades y todos los cafés con vidrios empañados. Antes de la cancelación de todas las discusiones, de todos los argumentos, de todas la furias, de todos los desprecios. De todas las metálicas ansiedades. Antes del fin de los gritos, de la desolación y de la culpa. Antes de la última agenda, del último viernes, del último bar, del último baile. Antes de que se apaguen todas las cúpulas y todas las pantallas. Antes de que las polillas se coman los restos de la lana y de la almohada. Antes del final de las mascotas. Antes, mucho antes: hay que vivir. ¿Pero cómo? ¿Cómo? “Qué admirable / el que no piensa «la vida huye» / cuando ve un relámpago”, escribió Basho. Admirables los que están en el tiempo sin pensar en él.
Quizás tendrían que haberle grabado una inscripción, un epitafio como a todas las estatuas: Hay que admitir que si bien aquello no era vivir, era magnífico, para que se convierta en un símbolo: a l…
Todos los personajes de ficción son planos. Un autor puede crear una ilusión de profundidad observando a un personaje desde dos puntos de vista distintos, lo cual da lugar a una imagen aparentemente estereoscópica. Pero lo único que puede hacer el autor es dar más o menos información de un personaje, no dar información de un orden distinto.
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Para mí la literatura no es un estudio psicológico de personajes, sino un ejercicio en el uso del lenguaje y eso es lo que me obsesiona. No tengo ningún interés en los aspectos técnicos de la psicología. Lo que me interesa es el drama, el discurso y los acontecimientos.
Evelyn Waugh
Entrevista con Evelyn Waugh (“The Paris Review”. 1953-1983)
Me he sentado en el centro del bosque a respirar. He respirado al lado del mar fuego de luz. Lento respira el mundo en mi respiración. En la noche respiro la noche de la noche. Respira el labio en labio el aire enamorado. Boca puesta en la boca cerrada de secretos, respiro con la savia de los troncos talados, y como roca voy respirando el silencio, y como las raíces negras respiro azul arriba en los ramajes de verdor rumoroso. Me he sentado a sentir cómo pasa en el cauce sombrío de mis venas toda la luz del mundo. Y yo era un gran sol de luz que respiraba. Pulmón el firmamento contenido en mi pecho que inspirando la luz va espirando la sombra, que nos anuncia el día y desprende la noche, que inspirando la vida va espirando la muerte. Inspirar, espirar, respirar: la fusión de contrarios, el círculo de perfecta consciencia. Ebriedad de sentirse invadido por algo sin color ni sustancia y verse derrotado en un mundo visible por esencia invisible. Me he sentado en el centro del bosque a respirar. Me he sentado en el centro del mundo a respirar. Dormía sin soñar, mas soñaba profundo y, al despertar, mis labios musitaban despacio en la luz del aroma: “Aquel que lo conoce se ha callado y quien habla ya no lo ha conocido”.
25 años sin la sabiduría casi infinita de Kurosawa (1910 — 1998), que en 1993 describía así su proceso creativo al escribir un guion de cine: pic.twitter.com/3SS3PKyONE
La precariedad como motor narrativo responde al contexto del escritor, también en las nuevas generaciones de autores, en las que sobresalen Elena Medel, Pablo Gutiérrez, Rosario Villajos, Alberto Santamaría, Elvira Navarro, Greta García o Marta Carnicero. ‘Abril’ habla con todos ellos sobre la única etiqueta literaria que refleja la realidad
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)