Un cuento es eso que un autor dice que es un cuento. Los géneros puros no están en mi ideología. El cuento corre hacia la semilla y la novela ramifica.
El escritor rumano, autor de los celebrados relatos El ruletista, Lulu y Solenoide, visitó nuestro país en septiembre pasado para participar de la Cátedra Abierta en homenaje a Roberto Bolaño de la Universidad Diego Portales. Este texto es un extracto de la entrevista realizada para el Centro para las Humanidades, de la misma casa de estudios, y en ella da cuenta de su forma de escribir y entender un oficio que “es como algo religioso”.
En 1962, el premio Nobel de Literatura le fue otorgado a John Steinbeck. Según documentos posteriormente desclasificados de la propia Academia Sueca, se lo habrían otorgado por ser «el escritor menos malo» de ese año.
Entre los 66 preseleccionados en 1962, los finalistas fueron Steinbeck, Robert Graves y Lawrence Durrell. Por descarte, se lo dieron a Steinbeck.
Hay algo que aprendí como guionista: es muy difícil que nos cautive un personaje que es pasivo. Creo que eso explica por qué la ficción es tan necesaria en nuestras vidas. Usamos a los personajes para resolver problemas morales, pero también los usamos como ejercicios para la realización de nuestros deseos. Es muy importante ensayar sobre el tipo de relaciones que quisiéramos tener, los amoríos. Nos encanta ver a los villanos perder o ser capturados, nos da placer. Es un ensayo de lo que pudiera ir mal. La ficción nos permite explorar las consecuencias de una acción y las intenciones que llevaron a esa acción. Aunque el elemento crucial en una novela son justamente eso, las consecuencias, cuando te sales del libro te das cuenta que no hay consecuencias en realidad, porque los personajes no existen, no hicieron todo lo que aparece en el libro.
La gran diferencia entre el buen arte y el arte mediocre radica en algún lugar dentro del propósito del corazón del arte, en los intereses de la consciencia que hay tras el texto. Tiene algo que ve…
Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo, Y apenado por no poder tomar los dos Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie Mirando uno de ellos tan lejos como pude, Hasta donde se perdía en la espesura;
Entonces tomé el otro, imparcialmente, Y habiendo tenido quizás la elección acertada, Pues era tupido y requería uso; Aunque en cuanto a lo que vi allí Hubiera elegido cualquiera de los dos.
Y ambos esa mañana yacían igualmente, ¡Oh, había guardado aquel primero para otro día! Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante, Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.
Debo estar diciendo esto con un suspiro De aquí a la eternidad: Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo, Yo tomé el menos transitado, Y eso hizo toda la diferencia.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)