Crítica: «La frecuente oscuridad de nuestros días». Rebecca Donner

Publicado en Crítica literaria | Etiquetado | Deja un comentario

El narrador y el personaje. Juan José Saer

Un narrador no está nunca ni por encima ni por debajo de sus personajes y nadie ha de leer con la pretensión de escindir a los personajes de su narrador, ya que los personajes no son más que un modo de aglomerar fragmentariamente la narración, del mismo modo que la densidad determinada de un párrafo aglomera de una cierta manera una página escrita.

Juan José Saer

Publicado en El oficio de creador, Tecnica literaria | Etiquetado | Deja un comentario

Dos poemas inéditos de Mircea Cărtărescu

Nacido en Bucarest en 1956, Cărtărescu es considerado por la crítica literaria el más importante escritor rumano de la actualidad y uno de los más importantes teóricos del posmodernismo rumano. Además, es uno de los invitados al próximo Filba Internacional 2020.

Origen: Dos poemas inéditos de Mircea Cărtărescu – Eterna Cadencia

Publicado en Colección de textos literarios o no | Etiquetado | Deja un comentario

Los libros me salvaron… Richard Ford

A los 19 años leí a Faulkner y entendí que los libros enseñaban que la vida podía ser diferente. Eso me ayudó a lidiar con el aburrimiento y la tristeza. Los libros me salvaron, y son la razón por la que la lectura y la escritura forman parte de mi vida.

Richard Ford

Publicado en El oficio de creador, El oficio de lector | Etiquetado | Deja un comentario

Lectura: «Te di los ojos y miraste las tinieblas». Irene Solá

Una novela desbordante, llena de historias y personajes malditos más allá del tiempo.

Escondida entre riscos lejanos, en algún remoto lugar de las Guillerías transitado por cazadores de lobos, bandoleros, emboscados, carlistas, hechiceras, maquis, pilotos de rally, fantasmas, bestias y demonios, la masía Clavell se agarra al suelo como una garrapata. Es una casa, sobre todo, habitada por mujeres, y donde un solo día contiene siglos de recuerdos. Los de Joana, que para encontrar marido hizo un pacto que inauguró una progenie aparentemente maldita. Los de Bernadeta, a quien le faltan las pestañas y, de tanta agua de tomillo que le vertieron en los ojos cuando era una niña, acabó por ver lo que no debía. Los de Margarida, que en vez de un corazón entero tiene uno de tres cuartos, rabioso. O los de Blanca, que nació sin lengua, con la boca como un nido vacío, y no habla, solo observa. Estas mujeres, y más, hoy preparan una fiesta.

«Una especie de aquelarre prodigioso, una celebración de la sororidad femenina y una recreación de la historia de una familia (y de unas cuantas cosas más) concentrados en un solo punto, una masía remota de las Guillerías donde se suceden las violencias, las celebraciones rituales y los cambios de generación que, al fin y al cabo, configuran cualquier familia y cualquier cultura… Una novela extraordinaria» (Marina Espasa, Ara).

«Un mosaico de jovialidad, humor, luz vitalista y juego escatológico, una farsa carnavalesca… No es menor el grado de eficacia de la autora en el momento de ir distribuyendo los hilos infinitos de las historias que desgrana sin que ni una sola se le escape de las manos y quede huérfana de conclusión» (Ponç Puigdevall, El País).

(Contraportada)


Textos

La oscuridad era morada y bulliciosa, opaca, grana y azul a un tiempo, zumbadora, pecosa, ciega, espesa, honda y brillante a la vez. Estaba infestada de gusanos, de ramas, de temblores, de venas y de manchas indiscernibles que eran las paredes barrigadas de una habitación, el techo, una cama, una mesita de noche, una cómoda, una puerta y una ventana. Las tinieblas crepitaban. Se agitaban, murmuraban. Roncaban. El ronquido era nasal, mortecino y áspero. Crujía, engullía y se ahogaba. El bramido manaba de la cama, del bulto que dormía en medio. Una mujer vieja. Corpulenta. Bernadeta tenía los ojos cerrados, los párpados de lagartija, sin pestañas, la boca abierta, los labios de color lila desvaído, y el pelo grasiento y largo, esparcido por la almohada. Era fea. O eso creía la otra mujer, Margarida, que estaba sentada a su lado en una silla de mimbre, con las manos juntas en el regazo, dando vueltas a los pulgares. En la cama, Bernadeta tragó una vaharada tosca de aire, abandonó un resuello ronco a medias y dejó de respirar. Fuera se oyó el canto de una lechuza y después, silencio. Margarida detuvo los pulgares. Estiró el cuello, observó a la vieja y, por un momento, creyó que ya estaba. Que era el fin. Pero la sima oscura de la boca de Bernadeta suspir, inhal y reanud el runrn. Y Margarida volvió a apoyar la espalda en el respaldo de la silla y siguió girando los dedos. Era una vieja canija con cabeza de gorrión, ojos severos, boca inflexible, mejillas secas, cuello enjuto y hombros caídos. Y rezaba. Llevaba rezando toda la noche, pobre Margarida. 


La ventana de la cocina era angosta y honda como el agujero de una oreja. Dejaba pasar una luz indirecta, tempranera, azulada, que desleía las formas y los colores. Las paredes desconchadas y la campana del hogar eran blancas, las manchas de humedad, grises, la encimera era amarilla, las ranuras del fregadero eran negras, los armarios eran de tonos tostados con tiradores metálicos picados de óxido, el suelo era de baldosas grana, los escaños, las sillas y la mesa eran de madera de pino, con diferentes pátinas de desgaste y de barniz. La cocina tenía dos puertas. Una maciza, con dos peldaños, que se abría a una despensa morada y fría como un hígado. Y otra con cuarterones de cristal que daba al zaguán.


Dolça no había terminado de barrer. Tardaba mucho en hacer todo lo que le mandaban porque se distraía. Pensaba en el Filet y en las cosas que le decía, o en el Bonatarda y en los besos que le daba, en el Mal Aquí, y después en el Lleig, y en el Nen Jesús… y la lista nunca se terminaba, porque la retahila de amores y amantes de Dolça era tan larga que no tenía fin, y cuando la repasaba se despistaba, y barría tres veces el mismo sitio, y pisaba los montoncitos de basura que ya había acumulado, y todo lo recogido se le volvía a esparcir .


Y cuando se fueron para siempre, de noche, como si huyeran, no le dijeron ni adiós. Pero entonces Margarida lo entendió. Con el corazón en un puño. La cama de sus hijos estaba vacía y las mantas, frías, y Margarida lo entendió. Sabía que, por culpa del pacto que Joana había hecho y deshecho con el diablo, a ella le faltaba un cuarto de corazón ya Blanca le faltaba la lengua. Que aquella hermana suya amarillenta que se llamaba Esperanza había nacido sin hígado. Al heredero le había faltado el agujero del culo. A Esteve, una oreja, a Guilla, el nombre, a Ángela, el dolor, a Martí el Coix, medio palmo de una pierna, ya Bernadeta, las pestañas, y después entendería que a Dolça le faltaba la cola de cabra, a Marta. la memoria ya Alexandra, ¡a saber qué le faltaba a Alexandra!, de todo, paciencia, espíritu de sacrificio, sangre en las venas, empuje, respeto…

Publicado en El oficio de lector | Etiquetado | Deja un comentario

Teoría sobre la lectura. José Saramago

Les voy a exponer una teoría que tengo sobre la lectura que no es muy popular, incluso podría decirse que no es políticamente correcta. Y es que la lectura no es obligatoria.
Leer no es obligatorio.
Puedo preguntarle a un chico, «Mira, ¿y tú por qué no lees?, ¿no te gusta leer?». Y él podrá decir, «No, no me gusta». Y yo le diré,
«¿No te das cuenta de lo que te estás perdiendo?». Pero imaginemos que ese chico es un buceador y que me contesta, «¿Y usted no se da cuenta de lo que se está perdiendo por no bucear?».
Y tiene razón.
¿Quiere esto decir que no debamos leer? No, no quiero decir eso, lo que quiero decir es que no vale la pena que se inventen excusas, explicaciones, para algo que está muy claro desde que existe el libro.
La lectura no es ninguna obligación, la lectura es una devoción, es una pasión, es un amor.

José Saramago

Publicado en El oficio de lector | Etiquetado | Deja un comentario

Columna de Leila Guerriero.

Publicado en Colección de textos literarios o no, Columna | Etiquetado | 1 comentario

Colección de citas literarias. CII

Si después de morirme quisieran escribir mi biografía
no hay nada más sencillo.
Tiene sólo dos fechas
la de mi nacimiento y la de mi muerte.
Entre una y otra todos los días son míos.

Fernando Pessoa


Toda obra acabada es la máscara mortuoria de una intuición.

Walter Benjamin


El orden es el placer de la razón; pero el desorden es la delicia de la imaginación.

Paul Claudel


Miramos el mundo una sola vez, en la infancia.
El resto es memoria.

Louise Glück

Publicado en Citas literarias | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Un diccionario se parece más al mundo que una novela, Edouard Levé

Leías diccionarios como otros leen novelas. Cada entrada es un personaje, decías, que uno puede volver a encontrar bajo otra rúbrica. Las tramas, múltiples, se construyen a lo largo de la lectura a…

Origen: Un diccionario se parece más al mundo que una novela, Edouard Levé – Calle del Orco

Publicado en El oficio de creador, El oficio de lector, Literatura | Etiquetado | Deja un comentario

La relación con los libros. Siri Hustvedt

Los seres humanos se relacionan con los libros, en particular con las novelas con una intimidad que no se aplica a los demás objetos inanimados (…) Los libros se registran no solo como pensamientos articulados en el lector, sino también como emoción, shock, dolor, sorpresa, placer, alivio. Hasta que el lector no devuelve a la estantería el libro, este no recupera su condición de mero objeto, e incluso entonces la historia puede vivir en él como un recuerdo, que se evoca no como un largo recitado de frases encadenadas una tras otra, sino como imágenes y sentimientos que la obra ha dejado a su paso. Un libro querido permanece en el lector como un fantasma, con resonancias tanto conscientes como inconscientes.

Siri Hustvedt
Publicado en De libros y bibliotecas, El oficio de lector | Etiquetado | Deja un comentario