El parecer de Bergman sobre la relación entre artista y audiencia (resumen: haced y cread a vuestro gusto, pensando en lo que os satisface y no en lo que puede gustar a otra gente). pic.twitter.com/fwzGPWeAcB
A lo mejor tuve miedo de que leyera en tu mano alguna verdad sobre mí, porque fuiste siempre un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas….
¿Por qué escribes?” Desde que oí esta pregunta por primera vez, siempre se apodera de mí la misma angustia y la misma turbación. Por eso, cada vez que me la han vuelto a hacer, me he dejado ir y he lanzado a todos los vientos, sin discriminación ni medida, infinidad de respuestas. Cada minuto, cada año que pasa, aporta experiencias, estados de ánimo diferentes, que hacen variar, para mejor y para peor -más a menudo para peor- esa respuesta honesta que deseamos dar. Y no sólo esa respuesta, sino todas las que constituyen y fundamentan nuestra vida. Pregunta, respuesta, búsqueda, temores, esperanza, decepción… ¿qué sé yo?, han pesado tantas cosas sobre las conclusiones a las que he llegado, el temblor de la duda incrustado en cada palabra. Han pasado muchos años, y libros, desde que oí por primera vez: “¿Por qué escribes?”. Más vale limitarse a admitir que si nunca estoy menos sola que cuando estoy sola (todo el mundo sabe que escribir es una aventura solitaria), de igual forma, nunca estoy más viva que cuando escribo. Quizá, también, es la única cosa que sé hacer. Y, además, me gusta.
Georges Perec en Francia, 1978.LOUIS MONIER (GAMMA-RAPHO VIA GETTY IMAGES)
Poca gente sabe que el autor trabajó en el Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia como documentalista, creando un sistema de indexación para organizar el fondo de publicaciones
Me atreveré a decirle que no pienso tanto en la vejez. Nunca creí que la edad fuera un criterio. No me sentía particularmente joven hace cincuenta años (cuando tenía veinte, me gustaba mucho la compañía de gente mayor), y no me siento vieja hoy. Mi edad cambia y siempre ha cambiado de hora en hora. En los momentos de cansancio tengo diez siglos; en los momentos de trabajo, cuarenta años; en el jardín, con el perro, tengo la impresión de tener cuatro años.
Paul Auster, retratado en París en noviembre de 1987.ULF ANDERSEN (GETTY IMAGES)
El escritor estadounidense, fallecido de cáncer en Nueva York, se definía como “un poeta que cuenta historias”. Su gran popularidad en Europa le convirtió en el ideal de escritor de Brooklyn y ‘rockstar’ literario
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)