La literatura y el cine. Samanta Schweblin

La literatura no necesita acercarse al cine para ser visual, porque la literatura cuenta con algo todavía mucho más concreto y poderoso que la imagen, me refiero a la cabeza del lector. Por ejemplo, si el lector lee ‘se miró los zapatos’, conecta intuitivamente con imágenes muy concretas de su presente y su pasado, probablemente elija él mismo un color, un material, un peso, un momento particular del día en el que se miran esos zapatos, toda esa elección personal la pone el lector y la contiene la literatura. Como lectora, para mí no hay nada más movilizante que un mundo construido con pedazos de mis propias vivencias. En el cine solo hay un par de zapatos, y es el que eligió el director.

Samanta Schweblin

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La píldora de Leila Guerriero: «Días no tan perfectos» de W. Wenders

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El habito de leer. Irene Vallejo

El hábito de leer no nos hace necesariamente mejores personas, pero nos enseña a observar con el ojo de la mente la amplitud del mundo y la enorme variedad de situaciones y seres que lo pueblan. Nuestras ideas se vuelven más ágiles y nuestra imaginación, más iluminadora.

Irene Vallejo

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Resonancias inéditas | Letras Libres

La conciencia no canta, como si una de sus funciones fuera la de acallar las voces que gimen, llaman, delatan; acallar los signos que salen del infierno entreabierto, el eco del remoto paraíso. María Zambrano Antes de ser escritor, Lorca había sido músico. De hecho, basta leer su poesía para saber que nunca dejó de serlo, que la línea divisoria entre estas dos disciplinas era más para él un umbral por el que circulaba el viento de la voz que una división. Por eso, cuando presentó su conferencia sobre las nanas, lo hizo acompañándose con el piano, con esa “voz mala, carrasposa y sembrada de afonías” que quedó secretamente grabada en la memoria de los que lo conocieron. A Lorca, lejos de importarle la perfección y el análisis basado en la evidencia, le interesaban las resonancias inéditas, aquellas “que cantan y se entrechocan de turbadora manera”. Las que no pueden ser aprendidas, pero sí vividas, acaso subvertidas. Las que te atraviesan y te mueven, las madres de toda poesía. Como aquel día en el que, paseando por las inmediaciones de Granada, el canto de una mujer de pueblo durmiendo a su bebé lo atrajo irremediablemente. Era una mujer guapa, alegre incluso, pero lo sorprendente era que una “tradición viva obraba en ella, y ejecutaba el mandato fielmente, como si escuchara las viejas voces imperiosas que patinaban por su sangre”. Fue a partir de ese encuentro azaroso que dividió al tiempo, recuerda el poeta, que procuró recoger canciones de cuna de muchos sitios de España. Más tarde, en diciembre de 1928 escribiría sus reflexiones para leerlas por primera vez en la Residencia de Estudiantes de Madrid (Sociedad de Cursos y Conferencias) con el entonces título Añada / nana / arrolo / vou veri vou: canciones de cuna españolas. Cualquiera diría que el tema de las nanas es un tema feliz, una madre que canta a su niño para dormirlo lo hace porque lo ama. Pero no hay nada más lejos de la felicidad que un amor que persiste, de ahí que el capitalismo lo rechace, al igual que a la maternidad. ¿Acaso no son los países más “modernos” aquellos donde nacen menos niños? De hecho, el amor está mucho más cerca del dolor que de cualquier tipo de empatía que hoy en día se nos vende con entusiasmo, y esto es uno de los aspectos al que este pequeño ensayo nos confronta directamente: que el deseo no es algo precisamente bonito. No, Lorca no se engaña al respecto. Por ejemplo, escuchando arrullos en sitios como Asturias, Salamanca, Burgos y León, percibe ahí algo que grita silenciosamente. El que está en la puerta / que non enre agora, / que está el pade en casa / del neñu que llora… Una cantora que, meciendo a su niño, se comunica con el amante. No importa que este exista o no, lo que importa es el tono que filtra el deseo de una madre que sigue siendo mujer, a pesar de su retoño. La melodía de la…

Origen: Resonancias inéditas | Letras Libres

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Un literato. Thomas Mann

Un literato es, en pocas palabras, un inútil para cualquier actividad seria, un sujeto propenso al ensueño y la especulación, que no sólo no es útil, sino rebelde para con el Estado, y que ni siquiera tiene que poseer un entendimiento muy despejado, sino que puede ser tan lento y torpe como yo he sido siempre; aunque, eso sí, con alma infantil, inclinado al desorden, un cuentista sospechoso que no debería esperar de la sociedad -ni en realidad espera- más que un frío desdén. No obstante, la verdad es que la sociedad concede a esta clase de personas la posibilidad de alcanzar grandes honores y vivir espléndidamente.

Thomas Mann

A través de el blog de Casa de Letras()

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Cómo titular un libro. Juan Tallón

El escritor argentino Juan Filloy / EPE

Unos autores brillan más que otros en el instante de dar lo mejor de sí mismos…

Origen: Cómo titular un libro | Artículo de Juan Tallón

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La forma en la que escribo. Joan Didion

Como escritora, incluso de chica, mucho antes de que comenzara a publicarse lo que escribí, desarrollé la sensación de que el significado mismo residía en los ritmos de las palabras, las oraciones y los párrafos… La forma en que escribo es quien soy, o en quien me he convertido…

Joan Didion

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Solo tengan relación con lo que aman, Gilles Deleuze

Yo abogo por relaciones moleculares con los autores que leen. Encuentren lo que les gusta, no pasen jamás un segundo criticando algo o a alguien…

Origen: Solo tengan relación con lo que aman, Gilles Deleuze – Calle del Orco

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El «otro». Jean Cocteau

Es «otro» quien habla a través de mí, una fuerza que adopta forma de inteligencia. Y ésa es mi tragedia, siempre lo ha sido, desde el principio.

[…]

Me siento habitado por una fuerza o un ser que apenas reconozco como parte de mí. Él da las órdenes, yo las sigo. La concepción de Los niños terribles se produjo cuando un amigo mío me habló de una familia aislada de la vida social, encerrada en sí misma, y empecé a escribir diecisiete páginas exactas al día. La cosa iba bien, estaba satisfecho, muy satisfecho. En la historia real había cierta conexión con Estados Unidos, y yo quería decir algo sobre ese país. ¡Puf! El ser que habita en mi interior no quería escribir eso, y el tren se detuvo por completo. Me pasé un mes entero mirando el papel como un idiota, incapaz de escribir nada, hasta que un día, el ser empezó a escribir otra vez por su cuenta.


Jean Cocteau

Entrevista con Jean Cocteau  (“The Paris Review”. 1953-1983)

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Cuaderno de poemas. Antonio Gamoneda

No hay salud, no hay descanso. El animal oscuro viene en medio de los vientos y hay extracción de hombres bajo los números de la desgracia. No hay salud, no hay descanso. Crece un negro bramido y tú interpones los estambres más tristes (bajo un sol incesante, en un cuenco de llanto, en la raíz morada del augurio) y las madres insomnes, las que habitan las celdas del relámpago, deslizan sus miradas en un bosque de lápidas.

¿Gimen aún los pájaros? Todo está ensangrentado. Sordo en el fondo de la música, ¿debo insistir aún? Hay vigilancia en los jardines interpuestos entre mi espíritu y la precisión de los espías. Hay vigilancia en las iglesias.

Guárdate de la calcinación y del incesto; guárdate, digo, de ti misma, España

(Canción de los espías)

Antonio Gamoneda
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