Se necesita tiempo para ver lo que está allí. Cuando dedico tiempo a algo que me provoca, me interesa, me calma o me irrita a primera vista, cuando en lugar de abandonarlo decido quedarme con ello, ese “algo” empieza a convertirse en parte de mí. Si lo he mirado el tiempo suficiente en el silencio de ese encuentro, he descubierto que veo lo que no había visto antes, que en mi consciente emergen varios aspectos del objeto animado que me desconciertan y, a veces, me llevan a pensamientos que no sabía que podía abrigar. La pátina de “grandeza” y la seducción del “nombre importante” se desvanecen porque el arte se ha convertido en una experiencia íntima, que no puede contenerse en un adjetivo o un nombre propio.
El poder de la poesía no es una ilusión. Para creer en su poder, hay que creer primero en los hombres. Más que leerse, la poesía se recupera. Se va a la poesía a buscar algo que ya ha pasado en nosotros —que es la poesía misma, como lo quiere Hazlitt— y que esperamos reencontrar.
El exceso de información dificulta el razonamiento y el exceso de reflexiones, la sabiduría. Hay que escoger. Ninguna posesión supera a la renuncia eficaz. Bien entendida, la cultura es un instrumento para ignorar con conocimiento de causa.
El poeta polaco considera que conspirar contra la esperanza es quizás el crimen más indisculpable, pues reducimos el horizonte al inevitable y banal encuentro con el no ser.
Siete recomendaciones de Jack London para escribir:
1. No garabatees una historia de seis mil palabras antes del desayuno. No escribas demasiado. Concentra tu esfuerzo en una historia, en lugar de disiparla en más de una docena. No te empaches e invita a la inspiración.
2. Imponte un límite y comprueba qué haces a diario con ese objetivo; acumularás más palabras con criterio al final del año.
3. Estudia los trucos de los escritores que lo han logrado. Ellos han dominado las herramientas con las que tú te estás cortando los dedos. Ellos hacen cosas, y su trabajo incluye la evidencia velada de cómo puede hacerse. No esperes a que algún buen samaritano te lo cuente, sino hazlo por ti mismo.
4. Comprueba que tus poros están abiertos y tu digestión es buena. Esta es, estoy seguro, la regla más importante de todas.
5. Mantén un cuaderno. Viaja con él, come con él, duerme con él. Vierte en él cada pensamiento mundano que chisporrotee en tu cerebro. El papel barato es menos perecedero que la materia gris, y los surcos de un lápiz de plomo duran más que la memoria.
6. Y trabaja. Deletréalo en mayúsculas. TRABAJA. TRABAJA todo el tiempo. Averigua cosas sobre esta Tierra, este Universo; esta fuerza y materia, y el espíritu que brilla a través de la fuerza y la materia desde la larva a la deidad. Y con todo esto quiero decir: TRABAJA para una filosofía de vida. No importa lo equivocada que pueda ser tu filosofía de vida, siempre y cuando tengas una y la uses bien.
7. Buena salud; trabajo y una filosofía de vida. Debiera añadir, no, hay que añadir una cuarta: sinceridad. Sin ésta, las otras tres son en vano; con esto puedes aspirar a la grandeza y a sentarte con los gigantes.
Sophie Calle, al igual que una escultora de cualquier siglo pasado, manipula y reconfigura en su arte una materia prima fundamental en la economía de su época. Esta materia prima no es bronce ni má…
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)