Retrato promocional del autor Victor Heringer. SEXTO PISO
La segunda novela del brasileño, fallecido en 2018 a los 29 años, es un tratado sobre el odio y la ternura, una novela de aprendizaje con tintes ‘noir’ durante la dictadura militar
Sé que un día llegué a París, sé que estuve un tiempo viviendo de prestado, haciendo lo que otros hacen y viendo los que otros ven. sé que salías de un café de la rue du Cherche-Midi y que nos hablamos. Esa tarde todo anduvo mal, porque mis costumbres argentinas me prohibían cruzar continuamente de una vereda a la otra para mirar las cosas más insignificantes en las vitrinas apenas iluminadas de unas calles que ya ni recuerdo. Entonces te seguía de mala gana, encontrándote petulante y malcriada, hasta que te cansaste de no estar cansada y nos metimos en un café del Boul’Mich’ y de golpe, entre dos medialunas, me contaste un gran pedazo de tu vida.
«Creo que el peor enemigo del escritor siempre está en su interior y eso es lo que me estaba pasando. Yo, al contrario que la protagonista de mi novela, no tuve que luchar contra la página en blanco sino con la idea de que lo que estaba escribiendo era directamente malo. Solo al final me di cuenta que el edificio que había construido se sostenía porque es una escritura que se parece a un guion de cine».
En su nuevo poemario, María Sánchez aúna ruralidad y poesía como reivindicación del territorio y del asombro.
Veterinaria de profesión, María Sánchez (Córdoba, 1989) trabaja con razas autóctonas en peligro de extinción. En los poemas de su último libro, ‘Fuego la sed’ (La Bella Varsovia, 2024), el territorio se hace presente a través del lenguaje para narrarse a sí mismo. Los pájaros, los arroyos, la memoria y los saberes ancestrales toman la palabra en una mezcla de poética e investigación científica, en la que Sánchez expone el mundo que habitamos y nos cuestiona sobre el que queremos vivir.
Creo que el proyecto más difícil al que me he enfrentado es cada uno de los que he intentado hacer. Nunca es fácil. Algunas cosas se escriben más rápido que otras, pero realmente no puedo medir los grados de dificultad.
2. Relájate y sucederá
Cuando estaba escribiendo una novela y me quedaba atascado, y todos los escritores se atascan en algún momento, entraba en un estado de pánico, pensando que el proyecto se había acabado, no sabía qué hacer con él y resultaban momentos muy tormentosos. Ahora que soy viejo, cuando llego a uno de esos momentos, me digo a mí mismo: “Si este libro necesita ser escrito, si es algo valioso, si cuenta con el poder que creo que tiene, entonces voy a solucionarlo y todo lo que tengo que hacer es ser paciente”.
3. Intenta vivir en el extranjero
Dejé Estados Unidos al final de los 70, cuando tenía 24 años. Me dio una nueva perspectiva de América. Creo que es una cosa buena dejar tu país y mirarlo desde la distancia. Yo lo recomiendo. La vida es ahora mucho más cara que entonces, pero supongo que si tienes medios financieros suficientes, es muy bueno para una persona joven. Mejor hacerlo cuando eres joven que cuando eres viejo.
4. Aprende de los grandes
Creo que lo importante para los jóvenes escritores es leer a los buenos. Y supongo que con esto quiero decir a los que han resistido la prueba del tiempo. Ya sabes, los grandes. Hawthorne, Melville, Dostoevsky, Tolstoi, Kafka, Dickens… es de donde vas a sacar lo mejor.
5. No te des demasiada importancia
Cuidado con el ego y con darte demasiada importancia. No seas un escritor. Es una terrible forma de vivir tu vida. No ganarás nada con ello salvo pobreza, soledad y oscuridad. Así que si realmente quieres escribir, si te quemas por hacerlo, adelante. Pero no esperes nada de nadie. El mundo no te debe nada y nadie te lo ha pedido.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)