Enrique Vilas-Matas

Cuando empiezo a escribir no me digo nunca: ahora voy a contar algo que demostrará que la literatura del futuro ya está en el pasado. No me lo digo, pero, en cualquier caso, dudo de que pudiera ir a la busca de una nueva literatura prescindiendo de cualquier punto de orientación en el pasado. pasado. Maurice Nadeau —durante tanto tiempo la mayor autoridad crítica de Francia— dijo precisamente en ‘La Quinzaine Littéraire’ que para mis novelas necesitaba yo siempre un «punto de orientación», un modelo, a partir del cual poder tramar, soñar, imaginar, «dorarle al lector la píldora» (Kafka, por ejemplo, en ‘Hijos sin hijos’; Melville en ‘Bartleby’ y compañía; Robert Walser en ‘Doctor Pasavento’), y también dijo que ese modelo lo tenía yo sólo de punto de referencia, como una especie de botón de seguridad, pero que muy pronto, sin abandonarlo, lo dejaba a un lado para dejar que se fuera abriendo paso por su cuenta, con fuerza, mi propio mundo, siempre proyectado hacia el futuro.

Enrique Vila-Matas
Esta entrada fue publicada en El oficio de creador y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario