Cada día que pasa son mayores las ganas de vivir parapetado frente al mundo, escondido dentro de mi hogar en su calidad de único lugar que no me resulta hostil sino todo lo contrario, el lugar más cálido y acogedor del universo, ajeno a la existencia humana, refugiado entre películas, músicas y libros, a salvo de la insoportable humanidad real que nos amenaza ahí fuera.

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