(…) No hay condiciones ideales para escribir. En mi caso particular, empiezo un relato cualquiera y termino totalmente ganada por él. Ahí comienza el proceso que para mí es penosísimo. Hay un detalle: ese proceso se desarrolla allí, en aquel sofá donde yo me siento con la máquina de escribir en la falda. Así escribo siempre con la máquina de escribir sobre la falda. Cuando mis hijos eran pequeños, escribía mientras los cuidaba o sea con ellos potreando a mí alrededor. Siempre quise evitar que ellos tuvieran de mí la imagen de una madre escritora. Escribía entonces cerca de ellos. Tratando de no aislarme. Se puede imaginar lo que eso significaba; interrupciones a cada instante, uno que venía a pedirme que le cuente un cuento, otro que venía con preguntas locas, típicas de los niños. Así trabajo yo. Las condiciones ideales están dentro de cada uno.

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