Las lecturas del escritor. Norman Mailer

Leer la obra de los buenos escritores es, por supuesto, un nutriente para desarrollar tu estilo cuando eres joven. Después de que has llegado, sin embargo, aparece un punto donde perversamente, o por necesidad, no deseas leer demasiado. Se vuelve imposible mirar cada buena novela que aparece. Si estás tratando de hacer tu propia escritura, distrae. Por lo general, te mantienes apartado de la obra de los contemporáneos durante un año o dos seguidos: esto ahorra mucho tiempo de lectura. Es asombroso cuántas novelas muy promocionadas desaparecen en dieciocho meses. La fuerza subyacente en la reseña de libros es el periodismo. El encargado de las reseñas de libros tiene una sección que él espera hacer interesante. Si, por dos o tres días, un periódico está ocupado en noticias acerca de un asesinato, uno puede estar seguro de que es tratado implícitamente como el asesinato más excitante de los últimos veinte años. Lo mismo pasa con las novelas de guerra, las primeras novelas, las novelas sobre la homosexualidad o la política, las novelas de autores del establishment y las novelas históricas. Si yo tuviera un capítulo de una novela por cada reseña que he leído sobre una nueva novela de guerra que decía que era tan buena como Los desnudos y los muertos o De aquí a la eternidad, tendría cincuenta capítulos. Uno nunca sabe, por supuesto. Tal vez unos pocos de esos libros son tan buenos como se dice, y hasta si han desaparecido desde entonces, surgirán otra vez dentro de diez o veinte años o dentro de un siglo, pero es sensato pasar por alto lo que se dice de un libro cuando aparece por primera vez.

Norman Mailer


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