Los libros son tozudos, la literatura es tozuda; los autores, perecederos, olvidables, y en el devenir de la historia, por lo general, innecesarios. Solo los libros permanecen, solo la obra literaria se mantiene a flote sobre las aguas del tiempo, mientras que su autor, el que sea, es y será por siempre un náufrago perdido y ahogado, yaciendo en el fondo de esas mismas aguas.

Adolfo García Ortega
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