Aún sigo mudo —y me hago fuerte en el silencio.
Las remotas crestas de futuras obras, entre
las sombras de mi alma están aún escondidas
como cimas de montañas en la niebla antes del alba.
¡Yo te saludo, mi inevitable día!
La amplitud, variedad y luz del horizonte
aumentan; y al primer paso resonante
asciendo, colmado de delicia y espanto.

Vladimir Nabokov