En una entrevista que le escuché no sé cuándo a decía que Dalí era un hombre de negocios. Pues eso. Pintó a la nieta de Franco montada a caballo como si Josep Pla, fuera el apóstol Santiago en la batalla de Clavijo; diseñó la falla oficial de la plaza del Caudillo en Valencia; halagó a los curas modernizándoles la iconografía de Cristo; y convirtió en clientes suyos a los representantes de la casta que había asesinado a su amigo Lorca y enviado al exilio a toda su promoción. Dijo en la prensa, para regocijo de los franquistas, que la muerte de Lorca había sido un ajuste de cuentas entre maricones. Creo que esto último lo leí en el ABC de los sesenta, el que publicó los diarios psiquiátricos de Enrique Ruano, asesinado por la policía franquista en la comisaría, intentando demostrar que se había suicidado porque tenía tendencias homosexuales. Juré que jamás en mi vida compraría un ejemplar de ese periódico, con los años incumplí la promesa, pero sin perderle la ojeriza.
(Diarios)
