Lectura: ‘Presentes’, de Paco Cerdà

El cortejo fúnebre que conduce los restos mortales de José Antonio Primo de Rivera desde Alicante hasta el Monasterio de El Escorial, iluminado por las llamaradas de las hogueras y por los hachones.HERMES PATO / EFE

‘Presentes’, el viaje de Paco Cerdà a la cultura de la muerte y la mitificación del falangista José Antonio | Babelia | EL PAÍS

El escritor valenciano relata “la épica siniestra fascista” del traslado a hombros de los restos del político desde Alicante a El Escorial junto a “las voces olvidadas en la primera posguerra” en su nuevo libro

Origen: ‘Presentes’, el viaje de Paco Cerdà a la cultura de la muerte y la mitificación del falangista José Antonio | Babelia | EL PAÍS


Textos

Está ahí, yacente frente al altar, orlado de nombres pomposos, rehén de unos laureles que alejan y mortifican. Y sin embargo, perforando la neblina de este amanecer marino que arrulla a Alicante entre volteos tristes de campana, en las calles agitadas por la muchedumbre y dentro de esta iglesia solo resuena un nombre humilde, común, pequeño: José Antonio.


Para que el pueblo idealice a José Antonio, el candidato al que casi nadie votó medio año antes de ser fusilado. Para que nadie —nadie más que el poder instituido, nadie más que Él, demiurgo del drama, titiritero de marionetas azules— se adueñe, tergiverse y manipule la figura de José Antonio, el pionero del fascismo español, el jefe nacional de la Falange, el enemigo del Frente Popular, el azote de la República, el gran desconocido al que todos van a desconocer. Aquel joven serio, tímido, apasionado, impulsivo, elegante, exigente, recio, orgullosísimo, culto, inteligente, perfeccionista, sarcástico hasta lo hiriente, carismático, seductor, admirado, reverenciado, idolatrado. Mesiánico. Un joven ambicioso con un concepto trágico de la vida: el destino, el sacrificio, la misión.


Es la noche más cruda del cortejo. El cielo está despejado y el altiplano manchego deja libre el vuelo al viento gélido de la madrugada. La escarcha se intuye en las capas de la Guardia Civil y en sus tricornios charolados. Los falangistas mantienen las mangas subidas. Algunos se han desmayado, han sido atendidos en las ambulancias, han continuado. Hay voluntad de épica en este peregrinar oscuro entre llanuras. Van ateridas las manos que sostienen las antorchas, agotados los hombros que se aprietan a la madera. La escarcha se oye crujir bajo los pies. El féretro está emblanquecido por diminutos hielos. El silencio se ahonda, las siluetas ya no son más que espectros. Nunca fue el paso de un hombre tan impresionante, escribe Samuel Ros, como tu paso, José Antonio, a hombros de tus camaradas en esa hora, todavía en tinieblas, en que la oscuridad se agarra al filo del amanecer y el viento helado se ciñe a todo el cuerpo.


La depuración de libros avanza. Durante toda la guerra, y una vez acabada, ha habido quemas de libros. Auténticos bibliocaustos. Aquelarres de ira donde el fuego ha querido borrar ideas, silenciar herejes; secar el veneno.


Lo dice el BOE: Durante varias décadas, el Magisterio ha estado influido y casi monopolizado por ideologías e instituciones disolventes, y es hora de extirpar de raíz esas falsas doctrinas que, con sus apóstoles, han sido los principales factores de la trágica situación a que fue llevada nuestra patria. También lo ha dicho José María Pemán, más metafórico y certero en su amenaza: No se volverá a tolerar, ni menos a proteger y subvencionar, a los envenenadores del alma popular. Y es así como han nacido las comisiones depuradoras del magisterio. Vigilar y castigar: es el nuevo panóptico social, base de la alquimia que obtiene pureza ideológica, elixir vivificante de todo régimen dictatorial.

 

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