Un hombre y una mujer en una cama
blanca. Está amaneciendo. Pienso:
pronto se despertarán.
Sobre la mesilla de noche, un jarrón
les encharca las gargantas.
Lo veo volverse hacia ella
Como para pronunciar su nombre
de azucenas; la luz del sol
pero mentalmente, justo en su boca.
En el alféizar de la ventana,
una vez, dos veces,
canta un pájaro.
Y luego ella se despereza; el cuerpo
se le llena del aliento de él.
Abro los ojos; me estás mirando.
Casi encima de este cuarto
se desliza el sol.
Si te vieras la cara, dices,
acercando la tuya a la mía
para formar un espejo.
Qué tranquilo estás. Yla rueda ardiente
pasa delicadamente sobre nosotros.
