Recuerdo que hace unos días vi una película, nada del otro mundo, titulada Darling. En ella se citan algunos versos de Shakespeare. Bueno, pues esos versos siempre suenan mejor cuando se citan. Shakepeare define Inglaterra y la llama, por ejemplo: “Este otro edén, este casi paraíso.. Esta gema engastada en mar de plata”, y sigue en esa línea, hasta que al final dice algo así como “este reino, esta Inglaterra”. Cuando se citan esos versos, el lector se detiene al final de la cita, pero en la obra a la que pertenecen creo que Shakespeare sigue insistiendo e insistiendo en la misma idea, hasta el punto de que al final se estropea el efecto. Lo verdaderamente adecuado habría sido encontrarnos con un hombre que intenta definir qué es Inglaterra, que la ama profundamente y que al final descubre que lo único que puede hacer es llamarla, simplemente, «lnglaterra», como si se dijera «Norteamérica». Pero si dice: «este reino, esta tierra, esta Inglaterra», y luego sigue con lo de «este casi paraíso» y demás, se estropea el efecto, porque Inglaterra debería ser la última palabra. En fin, supongo que Shakespeare siempre escribía con prisas, como le dijo un actor a Ben Johnson, y ése es el resultado. A uno no le da tiempo para sentir que la última palabra tenía que haber sido ésa, Inglaterra, como si resumiera y borrara todas las demás y el autor dijera: «Bueno, he intentado algo que resulta impostable». Sin embargo, él continúa y continúa, con sus metáforas y su grandilocuencia, porque era grandilocuente. Incluso en una frase tan famosa como las últimas palabras de Hamlet, «Lo demás es silencio», creo que hay algo impostado y efectista. No creo que a nadie se le ocurriera decir algo así.

Entrevista con Jorge Luis Borges (“The Paris Review”. 1953-1983)