La colaboración con Bioy Casares. Jorge Luis Borges

P.: ¿Podría hablar de su método de colaboración?

R.: Es bastante peculiar. Cuando escribimos juntos, cuando colaboramos, nos llamamos «H. Bustos Domecq». Bustos era el apellido de un tatarabuelo mío, y Domecq el de un tatarabuelo suyo. Lo peculiar es que, cuando escribimos, casi siempre cosas humorísticas aunque puedan ser trágicas, las historias están escritas en un tono humorístico, o como si el narrador apenas entendiera lo que está contando —cuando escribimos juntos, digo, el resultado, si tenemos éxito-ya veces lo tenemos, ¿por qué no?, al fin y al cabo estoy hablando en plural, es muy diferente de lo que escribe Bioy Casares y de lo que escribo yo mismo. Incluso las bromas son de otra clase. Así que hemos creado entre los dos una especie de tercera persona; en cierto modo hemos engendrado una tercera persona que no se parece.

(…)

Creo que esa es la única forma posible de colaborar. Por lo general, desarrollamos juntos el argumento antes de ponernos a escribir; lo hacemos a máquina, porque él tiene una máquina de escribir. Primero trazamos la historia en su conjunto; después discutimos los detalles y, por supuesto, los cambiamos. Ideamos, por ejemplo, el principio de la historia, pero después ocurre que el principio debería ser el final, o que podría ser más sorprendente si algún personaje guardara silencio o si dijera algo completamente fuera de lugar. Una vez escrito el relato, si nos preguntan qué adjetivo o qué frase de es Bioy o  mía, no sabríamos responder.

Entrevista con Jorge Luis Borges  (“The Paris Review”. 1953-1983)

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