Toda obra artística supone una paradoja en cuanto a su pertenencia. Es inevitable que el arte pertenezca a un momento histórico, a un lugar, pero en lo que tiene de irreductiblemente artístico es condición necesaria que esa pertenencia se borre, pase a segundo plano. Lo esencial de Joyce no es que hable de Dublín, es que habla de mí. Esta afirmación puede hacerla cualquiera, en Dublín, en Buenos Aires, en Djibuti.

Juan José Saer