Pupé le preguntó si estaba escribiendo alguna cosa y Tomatis sacudió la cabeza varias veces, entrecerrando los ojos y dijo: «Sí. Alguna cosa estoy escribiendo». Pupé le preguntó qué era. «No sé bien, todavía», dijo Tomatis. «No llevo escritas más que trescientas páginas.» «Pero es una novela ¿o qué?», dijo Pupé. «Hay un solo género literario», dijo Tomatis. «No hay más que un solo género literario, y ese género es la novela. Hicieron falta muchos años para descubrirlo. Hay tres cosas que tienen realidad en la literatura: la conciencia, el lenguaje, y la forma. La literatura da forma, a través del lenguaje, a momentos particulares de la conciencia. Y eso es todo. La única forma posible es la narración, porque la sustancia de la conciencia es el tiempo.» Yo aplaudí. Pupé sacudió la cabeza dos o tres veces, y el tal Nicolás abrió la boca por segunda vez en toda la noche. «Según Valéry», dijo, «ante ciertos estados interiores la disertación y la dialéctica deben ser reemplazadas por el relato y la descripción». «Exactamente», dijo Tomatis, «y lo dice a propósito de Swedenborg y el estado místico. Lo cual nos da ya un campo más amplio para la narración. Y digo yo, si el estado místico, el estado extático por excelencia, es pasible de relato y descripción, ¿qué pasa entonces con las impresiones fugaces de la conciencia y las aprehensiones de los sentidos? Y en cuanto la disertación y la dialéctica dejan de ser verdad científica o filosófica, se convierten en la narración del error y de la perspectiva de la conciencia que las imaginó.
Juan José Saer, Cicatrices (A través de Escritores del Boom Latinoamericano)
