Hay bastante gente culpable de escribir poemas complicados, muy simbólicos y herméticos, que resultan maravillosos para dar clases pero que tras analizarlos te da la sensación de que la inteligencia, la experiencia, todo lo que supone escribir algo así, es puramente superficial. En cambio, “El hombre-polilla” de Elizabeth Bishop nos descubre todo un mundo nuevo y no sabes qué va a venir después de cada verso; es una exploración, y es tan original como Kafka. La autora ha creado un mundo, no sólo una manera de escribir, Casi nunca escribe un poema que no tenga esa naturaleza de exploración; y sin embargo todo está muy trabajado, no como en la poesía beat, está todo milimetrado.

Entrevista con Robert Lowell (“The Paris Review”. 1953-1983)