El oficio de lector. Natalia Ginzburg

Si hoy por hoy intentamos escribir una novela tenemos la sensación de hacer algo que ya nadie quiere y que por lo tanto no está destinado a nadie, y esto vuelve nuestra mano débil y nuestra imaginación fría y agotada, y si intentamos leer una novela tenemos la sensación de que hoy en día se nos niega y se nos prohíbe abandonarnos a un mundo imaginario que otros han creado para nosotros, y por eso encontramos infinitos pretextos para no leer aquella novela y prescindir de ella, nuestra vida demasiado ansiosa y ocupada, las inquietudes y las pesadillas y los espectros privados y colectivos que nos asedian y nos acosan de todas partes. Entonces, a veces, volvemos a las novelas del pasado, como una mina de bienes abundantes y valiosos que nuestro tiempo ha perdido. Pero aislarlos en el pasado es como tenerlos custodiados en vitrinas, como tenerlos prisioneros en los museos de la memoria. Sentimos un enorme deseo de novelas nacidas en el presente, que lleven las huellas del presente, para mezclarlas con las del pasado y gozarlas a la vez. Y no sabemos si tal deseo es compartido por otros o si somos los últimos en sentirlo, si es fruto de una insensatez de solitarios o se ha generado gracias a una exigencia universal y esencial.

Natalia Ginzburg

(A través de Casa de las Letras)

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