Lectura: ‘El polaco’, J. M. Coetzee

J. M. Coetzee. Foto: Soledad Constantini

El pianista y la mujer casada: así es ‘El polaco’, la nueva novela de Coetzee ambientada en Barcelona

El Nobel sudafricano reivindica el arte literario en su nuvo libro, donde la poesía dota de vida al amor en esta historia que explora los límites de la comunicación

Origen: El pianista y la mujer casada: así es ‘El polaco’, la nueva novela de Coetzee ambientada en Barcelona


Textos

La mujer en cuestión —su nombre es Beatriz— es miembro del comité que administra las series de conciertos. Cumple su rol como una obligación civil, pero también porque cree que la música es buena en sí misma, tal como el amor es bueno, o la caridad, o la belleza, y buena además por hacer a las personas mejores personas. Y si bien está muy consciente de que sus creencias son ingenuas, las sostiene de todas formas. Ella es una persona inteligente pero no reflexiva. Una parte de su inteligencia consiste en saber que un exceso de reflexión puede paralizar la voluntad


Además de su esposo, no tiene gran experiencia con hombres. Pero durante los años ha oído numerosas confesiones y confidencias de amigas. También ha observado con mirada objetiva cómo se comportan los hombres de su clase. Y ha salido de esa exploración con poco respeto por los hombres y sus apetitos, sin deseo de que una ola de pasión masculina caiga sobre ella.


Dear lady —dice el polaco—. No soy poeta. Solo puedo decir que desde que te conocí mi memoria está llena de ti, de la imagen de ti. Viajo desde una ciudad a otra ciudad a otra ciudad, ese es mi trabajo, pero tú estás siempre conmigo. Me proteges. Tengo paz en mi interior. Me digo: tengo que encontrarla, ella es mi destino. Por tanto, aquí estoy. ¡Y con tanta alegría de verte!


—Óigame, Witold —le dice—. Usted apenas me conoce, así que permítame decirle quién soy. Ante todo, soy una mujer casada. No soy un espíritu libre sino una mujer con marido y con hijos y una casa y amigos y compromisos de todo tipo, compromisos emocionales, compromisos sociales, compromisos de orden práctico. En mi vida no hay lugar para —¿qué nombre darle?— un asunto del corazón. Me dice que lleva consigo una imagen de mí. Muy bien. Pero yo no llevo conmigo una imagen de nadie. No soy ese tipo de persona. Usted vino a Barcelona de visita, dio un concierto de piano que todos disfrutamos, cenamos juntos, y eso fue todo. Entró usted a mi vida y salió usted de mi vida. Terminado. No tenemos ningún futuro juntos, usted y yo. Lamento decirlo, pero es la verdad. Y ahora creo que deberíamos regresar. Se está haciendo tarde.


El duelo es un proceso natural. Todos los pueblos del planeta tienen rituales para el duelo. Hasta los elefantes los tienen. Ella, Beatriz, perdió a su madre pronto. La pérdida dejó un hueco abierto en su vida. Estuvo triste, estuvo en duelo, la echó de menos. Luego, en un cierto momento, el duelo llegó a su fin y ella siguió adelante. Pero el polaco no parece haber seguido adelante. Una vez que la perdió, estuvo en duelo y continuó estándolo, meciendo a su pérdida como una madre que se niega a entregar a su hijo muerto.

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