Se desaparece también en el amor
con las manos empapadas de letras,
Con los paisajes grabados en las alegrías pasadas
Con las palabras no dichas y los labios sedientos
Con la lengua seca, llorando.
Cayendo en el olvido, empolvados en imágenes inéditas
también en ellas perdidos.
En la sonrisa que no se recuerda
en tu cara que se borra y desaparece en el tiempo
en el “buenos días” y el “buenas noches”
en el “hola” de la tarde y en el café que nunca tomamos.
En el recuerdo que ya no recuerda nada
con los anhelos en blanco y los sueños incumplidos
En el tiempo que nunca alcanza.
Desaparecido cada día de sí mismo
como diluido en lo que nunca existe…

(A través de «Las cuatro esquinas, una intersección literaria»)