Yo no soy un hombre, ni un poeta, ni una hoja, pero sí un pulso herido que sonda las cosas del otro lado.

Para algunas personas es terriblemente agradable ver llover y al mismo tiempo sentir que uno no está mojado.

Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso.

La lectura, a diferencia de la conversación que se desvanece rápidamente, penetra en el alma.

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